Es un milagro definitivamente. Quizás san Juan Pablo II comenzó a oírme la petición de que dejara de ser eurocéntrico y que así como fue definitivo en vida terrenal para acabar el comunismo en Europa, con mayor razón lo fuera en la vida eterna para salvar a América Latina del comunismo también.

Ahora es mucho más difícil, pues tenemos un Papa socialistoide y la casi mayoría de las jerarquías eclesiásticas en el continente también; en Colombia, por ejemplo, está entregada a apoyar el narcoterrorismo comunista, con un discurso de paz mal entendido, farisaico diría yo. Por eso es que es más difícil ahora, pues si los que deberían tener como misión evangelizar contra el comunismo no lo hacen, qué podemos esperar de los demás.

Es que en América Latina sobre todo se juega el destino de un mundo libre y democrático o el comunismo reinará eternamente en este continente. Lamentablemente, las élites no entienden la necesidad de la lucha ideológica contra el comunismo. Ven a este como algo pasado de moda, inocuo, contra el cual no hay necesidad ni siquiera de hablar.

Pero la realidad es otra, es verdad que los comunistas ya no utilizan ese término, se camuflan de progresistas, humanos, verdes, y un largo etcétera de sinónimos. Por eso es que son aún más peligrosos, pues están utilizando la estrategia gramsciana del marxismo cultural: cooptar las instituciones sociales, para que impongan el discurso de conveniencia y así tomarse el poder.

En Colombia se vio claro con la estrategia de paz del farcsantismo, impusieron esta (la farcsantista no la verdadera) como un desiderátum, al cual nadie se podía oponer porque si no serían guerreristas en contra del loable bien de la paz. En Ecuador se jugó la misma estrategia, se pretendió crear un falso dilema entre un humanismo de Arauz y la encarnación de todos los males en la persona del banquero (utilizado como peyorativo) Lasso.

Pero las élites ecuatorianas no se atemorizaron, jugaron las cartas sobre la mesa, defendiendo el liberalismo, el libre mercado, los valores, la familia, las instituciones frente a la amenaza de la tiranía del socialismo del siglo XXI. Lasso ganó la segunda vuelta sobre todo por su coherencia, no se disfrazó de “centro”, no jugó al populismo, quizás si hubiese jugado a edulcorar su discurso el pueblo hubiese preferido la versión original de izquierda a una imitación.

Ecuador se salvó del comunismo gracias a Lasso. Ahora le toca no imitar la actuación del resto de presidentes de América Latina elegidos con banderas liberales radicales y gobiernan con un reformismo que no lleva a nada sino al retorno de la izquierda. Con la presidencia de Lasso se experimenta la realidad de un gobierno liberal de convicción que no juegue a ser reformista. De que siga siendo coherente depende su éxito.

El resultado electoral de Ecuador tiene una gran lección para Colombia y el resto de países latinoamericanos: no tener miedo al comunismo, no jugar a lo políticamente correcto, no disfrazarse de “centro”, defender con valentía sus ideales. De seguir el ejemplo de Lasso depende el éxito de la democracia latinoamericana, como dice el dicho bíblico “ayúdate que yo te ayudaré”, que en realidad no es literal, pero hay muchas expresiones similares como «esfuérzate y sé valiente…» (Josué 1:6-8)​ , necesitamos ayudarnos siendo valientes en defender la democracia y le haremos más fácil la labor te intercesión a san Juan Pablo II, adelante Colombia y el resto de Latinoamérica “no tengan miedo” (Juan Pablo II en su comienzo de la misión papal el 22 de octubre de 1978).


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