Con 800 millones de usuarios activos la red TikTok se ha convertido en uno de los líderes planetarios del tráfico y de las descargas digitales. Su potencia y velocidad de penetración la debe a la buena comprensión de la actuación de los jóvenes, particularmente de los adolescentes, dentro de estas herramientas de interacción social, y a su capacidad anticipatoria en la oferta de contenidos, particularmente de microvideos en formato de bucle, adaptados a las preferencias, a la identidad y al historial de navegación de los usuarios.

Si uno se pasea un rato por TikTok, lo que allí se encuentra en materia de contenidos no parece tener ni un solo rasgo atemorizante. Pero esta herramienta se ha transformado en el sitio de encuentro de los más jóvenes y, para esta hora, mantiene conectados a 100 millones de ciudadanos dentro de la geografía estadounidense. No es poca cosa. Posiblemente su altísima penetración tiene que ver con el importante contingente de “influencers” que utiliza y es ello lo que provoca una virtual adicción en el segmento etario al que se dirige.

Ocurre que su desbocada penetración en el país del norte lleva tiempo perturbando el sueño de los líderes de la Casa Blanca, Donald Trump a la cabeza. Posiblemente no es tanto su masividad lo que intriga. Es más bien el inmenso volumen de data sobre las preferencias e inclinaciones de sus usuarios que la plataforma es capaz de extraer, voluntaria o involuntariamente, e incluso antes de fidelizarlos a su aplicación. No se puede negar su eficiencia en ese terreno.

De allí parte la amenaza de veto a su utilización formulada desde el Ejecutivo norteamericano. Existe la presunción de que su penetración podría poner en juego la estabilidad de la gran potencia, si ella realmente oculta un sistema de vigilancia sobre los usuarios y de distribución de propaganda y de desinformación.

Conocedores de estas disciplinas insisten en que, aun cuando tecnológicamente ello es posible, en el fondo esta es una buena excusa para mostrarles los dientes a los chinos y es ello lo que explica la beligerancia mostrada por el presidente gringo en torno al tema. Es que a pesar de que TikTok repetidamente ha asegurado no mantener relación con el gobierno de Pekín, su principal accionista proviene de ese país. Bytedance, la dueña de la aplicación, es una empresa china con inversionistas chinos y extranjeros, 70% de los cuales serían norteamericanos

Así las cosas, no debe tomarse a la ligera este primer episodio de lo que puede ser una incipiente guerra con componentes tecnológicos que Donald Trump ha decidido protagonizar de nuevo con China. Microsoft se ha hecho parte del asunto manifestando su interés en la adquisición de TikTok, a lo que la Casa Blanca también ha impuesto condiciones. En el caso de que estas no sean cumplidas antes de poco más de un mes, activarían la orden ejecutiva que vetará el funcionamiento de la plataforma.

Si en la realidad TikTok es una amenaza a la seguridad americana, el llamado de atención a la colectividad estaría plenamente justificado y resulta muy fácil de entender para el gran público. Para soportar las tesis intervencionistas ya un conjunto de empresas trasnacionales han prohibido su utilización a sus empleados y en la India ya la red está oficialmente vetada por ese mismo motivo. Las fuerzas armadas americanas también se han adelantado bloqueando su acceso a los teléfonos móviles de todo el componente militar.

Todo este escándalo, con un basamento de espionaje tecnológicamente viable pero de difícil demostración, es bastante menos significativo que los robos de tecnología de punta que sí son atribuibles a empresas chinas. Pero lo que sí representa es un instrumento de propaganda anti-China de gran utilidad para fines electorales.


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