Saray Figueredo conoce la dura cotidianidad de las calles. Vive todos los días el impacto de la crisis en la vida de los vecinos y familias. Le afecta duramente la ausencia del Estado en el colapso de servicios de salud, electricidad, educación, transporte. Conoce muy de cerca la represión y violaciones de derechos humanos desde los cuerpos de seguridad.

Saray es una chama de 22 años. Es miembro del Movimiento Mi Convive y participa activamente en nuestra Red Solidaria y la iniciativa de Alimenta la Solidaridad. Combina sus estudios con el trabajo en comunidades de San Agustín, El Cementerio y la Cota 905.

En la semana, Saray puede estar conduciendo actividades en contra de la violencia, ayudando a las personas a organizarse para recuperar espacios en su barrio, o asistiendo a las madres en la coordinación de comedores. También visita a afectados por la violencia, junto al equipo de la Red de Atención a las Víctimas, en las que articula apoyo psicológico, así como la organización de homenajes y la recolección de testimonios e informaciones de las víctimas.

Sobre este contexto adverso, Saray trabaja uniendo esfuerzos, vinculando a las personas a nuestros proyectos, manteniéndose en contacto con la gente y sus necesidades. Una señora acude a Saray porque teme que su sobrino esté en malas juntas y ella habla con el muchacho, lo lleva a actividades que organizamos para los jóvenes en riesgo. Saray coordina con la red asistencia médica para un niño en uno de los comedores. A veces, si hay un conflicto en la comunidad, las personas la buscan para que interceda o medie.

Saray nos cuenta el caso de la señora Teresa (un nombre supuesto que usaremos para mantener para proteger su privacidad). Teresa perdió a dos hijos por la violencia. Sola, con otros tres hijos que mantener, en medio de una situación económica crítica, cayó en una profunda depresión. Estuvo acostada durante días en su casa, sobrepasada por las dificultades. Unos amigos contactaron a Saray, quien fue a visitarla para que recibiera apoyo de la Red de Atención a las Víctimas.

Saray escuchó su testimonio, compartió su terrible dolor. Logró convencerla de recibir ayuda psicológica, a la vez que vinculó a sus hijos al programa de Alimenta. Teresa participa ahora en el programa, ha estabilizado su situación, generando lazos con las otras madres y sus experiencias, participando en actividades. Cuando ve a Saray la trata casi como un ángel. “No sé qué hubiera sido de mí si tú no vienes a verme, no sé qué sería de mí ahora”.

Saray reconoce el impacto de su trabajo en la vida de las personas. Los cambios que para bien ha causado en las comunidades. Para ella, ser un agente de transformación tiene un valor fundamental. Ella es una fuente de esperanza, una generadora de soluciones reales.

La historia de Saray es la historia de los líderes de las comunidades. Es una historia del poder transformador de la convivencia. Cuando hablamos de la reconstrucción de Venezuela, de la materialización de un nuevo país, democrático, solidario, inclusivo, no hablamos de algo que sucederá en el futuro, sino de un esfuerzo que se está haciendo ahora.

El esfuerzo de líderes como Saray es parte del cambio.

robertopatino.com