El pasado 13 de agosto de 2019 un tribunal militar de Maturín condenó al secretario general del Sindicato Ferrominera Orinoco, Rubén González, a la pena de 5 años y 9 meses de prisión. Le asignaron los delitos de ultraje al centinela y ultraje a la Fuerza Armada. Este caso evidencia, una vez más, el rostro fascistoide del autocalificado “presidente obrero”, como de todo el régimen autoritario que usurpa el poder en Venezuela.

Se trata de la utilización de la justicia militar (que no es justicia) para aplastar el legítimo reclamo de los trabajadores venezolanos, a salarios justos y a condiciones de trabajo aceptables.

El ensañamiento contra Rubén González, a quien la dictadura ya había tenido en prisión entre 2009 y 2011, recibiendo entonces una aberrante sentencia de condena a 7 años y 6 meses de prisión, luego anulada por el TSJ, busca crear un precedente que paralice o reduzca de manera significativa,  la lucha de los obreros por sobrevivir a la tragedia humanitaria creada por el “socialismo el siglo XXI”.

Nicolás Maduro conoce muy bien la integridad moral y la fibra de líder obrero que caracteriza a este gladiador. Su indignación contra él se produce por haber asumido el papel de dirigente y representante de los obreros en las llamadas empresas básicas de Guayana, donde el fracasado y corrompido modelo revolucionario quería mostrar el  éxito de “las empresas socialistas”.

De la euforia inicial por las expropiaciones y estatizaciones adelantadas por el chavismo, en el conglomerado industrial de Guayana, se pasó muy rápidamente a la frustración por la  depauperación de los salarios, condiciones de trabajo y hostigamiento a los trabajadores. Fue el efecto de la  destrucción, saqueo y quiebra de cada empresa colocada en manos de los “bolivarianos”.

La voz de Rubén se levantó, y con ella la de los trabajadores, para rechazar cada día con mayor contundencia, la fracasada gestión socialista. Pero Maduro y su camarilla consideraban que los trabajadores debían callar frente a tales desafueros, y más bien mostrar satisfacción y respaldo “al presidente obrero”.

La gota que rebasó el vaso, y produjo la indignación del antiguo “dirigente sindical del Metro de Caracas”, fue  la presencia de los trabajadores guayaneses en una jornada de protesta realizada en Caracas el miércoles 28 de noviembre de 2018, donde la voz cantante la llevó precisamente González.

De regreso a Puerto Ordaz fue detenido en Anaco en la madrugada del día siguiente y enviado a la cárcel de La Pica, en el estado Monagas.

En el mundo judicial y sindical se conoce que Rubén González es un preso de Nicolás Maduro, quien presumido de su condición de antiguo dirigente obrero no tolera la presencia y la acción de un auténtico líder obrero, y por ello ordena a sus jueces militares encarcelarlo, violando brutalmente sus  más elementales derechos humanos.

Es evidente que se trata de un falso positivo. De un expediente fabricado para convertir el derecho a la protesta en un delito que jamás existió. Un afán desesperado por acallar la voz de los trabajadores.

La magnitud de la tragedia humanitaria cometida por Maduro y su cúpula es  tan descomunal, que es imposible detener y callar la indignación existente en toda la nación, pero muy especialmente en los trabajadores, cuyo salario ha sido envilecido como jamás había ocurrido en la historia económica de nuestro país.

La voz, la acción, la lucha y la humanidad de Rubén está sometida en los calabozos de La Pica, pero sus convicciones siguen firmes. Estas se están multiplicando en miles de hombres y mujeres, que cada día están claros de la gran estafa, encarnada en el falso “presidente obrero”.

El caso secretario general del Sindicato Ferrominera ejemplifica la criminalización del derecho a la protesta, la destrucción de la libertad sindical, el desconocimiento de la contratación colectiva y, sobre todo, la brutal deshumanización del régimen madurista.

Desde estas páginas hago llegar a Rubén González nuestro reconocimiento, y a sus compañeros de lucha sindical, así como a su familia, nuestra solidaridad.

Esa sentencia de la dictadura será en el futuro un galardón que mostrará a nuestra sociedad la entereza, gallardía y coraje de un verdadero líder obrero. De un hombre que prefirió ser fiel a sus trabajadores que cómplice de un régimen criminal.