Con el más profundo sentido de justicia, neutralidad y equilibrio, y bajo los consejos y la vigilancia del Numen y del siempre buscado estado espiritual Nirvana, ratificamos nuestra creencia según la cual la tradición de los regalos decembrinos viene fundamentalmente a corregir los desequilibrios cósmicos que sufre el humano. Acortar o desaparecer la distancia entre deseo y realidad. Los regalos compensan las carencias. Representan la completitud del fenómeno y la universalidad totalizante. En ese sentido, voy a enumerar una serie de presentes y ofrendas a distintas personalidades que han poblado las páginas noticiosas con sorpresas y han estado reventando las redes sociales.

Al presidente Maduro le regalaremos un ejemplar del libro Los 1.000 errores más comunes de los mandatarios en los últimos 20 siglos de forma tal que Maduro Moros encuentre las respuestas que ofrecen los especialistas en gobernanza a distintos problemas y logre identificar toda la ristra de zaperocos, entuertos y yerros en políticas públicas que ha venido cometiendo de manera sistemática, transversal, integrada y global. Ni 100 presidentes pueden equivocarse tanto. A Diosdado Cabello le corresponde un brebaje mágico compuesto de hojas molidas de decencia, gotas de honestidad general, polvo democrático y zumo contra el odio y el resentimiento. Se debe tomar dos litros en ayunas y un litro adicional antes y otro después de enseñar el mazo en VTV. A Tarek William Saab, una compilación universal de los más importantes, sexys y envolventes tatuajes de la historia, enfatizando el método chino y el sistema Sing desarrollado en la cárcel que lleva el mismo nombre. Viene con un juego de agujas, inyectores y 12 galones de tinta inspirados en el Arco Iris Finlandés, se le anexa un retrato en bikini de Luisa Ortega Díaz, como inspiración divina. A las 4 damas del CNE, una máquina escrutadora de votos en la que solo se pueda votar por la oposición no importa cuál tecla se pulse y un pote de crema “Segundo Debut”.

Al Pollo Carvajal, un juego de llaves universales provenientes de una herencia dejada por Houdini que le permitan escaparse de los 35 países que lo andan buscando y de las 2.000 ergástulas y calabozos tipo “Tumba” que lo esperan ansiosos y que fueran tan usados por la Dgcim cuando él lo dirigía dulcemente. Al negro Aristóbulo, un compuesto recordatorio y al propio tiempo estimulante de la memoria, con el fin que recapitule cuando era adeco, mepista, masista, mirista, causaerrista, pptista e independiente. En sus primeros 60 años en política defendía la democracia, los derechos humanos, la protección del educador, los partidos minoritarios, la pulcritud en el manejo de los fondos públicos, el cepillo de dientes, el desodorante de bicarbonato con limón y el jabón Camay. Todo eso parece perdido y juramos que el fantástico compuesto recordatorio le estimulará las 12.450 neuronas que le quedan.

A Pedro Carreño, que otra cosa sino un libro de planas en el que debe escribir un millón de veces: “Las cantinas militares se respetan” y “No debo usar corbatas Luis Vuitton”. Ahora a los hermanos Rodríguez: ¿qué regalarle? Tienen de todo. Zapatos caros, joyas y relojes, aviones y barcos, casas y apartamentos. Ropa de marca. Tabacos, licores y perfumes. Carteras y correas. Collares y pulseras. Anjá, se me ocurre. Le voy a regalar el espejo en el que aquella malvada bruja se reflejaba y preguntaba: ¿quién era la mujer más bonita del reino? Y el espejo contestaba que era ella…, hasta que un día el espejo le dijo que la más bella era Blancanieves. Le haremos un conjuro para que cada mañana ambos hermanos, uno al lado del otro, interroguen al espejo mágico diciéndole: espejito, espejito ¿quiénes son los hermanos más malvados, más inescrupulosos, más radicales, más antidemocráticos, más sectarios y más tramposos? La maldición terminará cuando aparezcan unos hermanos peores.

A María Corina, Leopoldo López, Vecchio, Ledezma, los hermanos Guanipa, Diego Arria y Ramón Muchacho les regalaremos un maniquí que represente un marine yankee con toda su indumentaria, en tamaño natural y que tenga una voz artificial que al apretarle la barriguita diga ¡Abajo Maduro! ¡Abajo Maduro! ¡Invasión! ¡Invasión! Encontrarán la felicidad perdida.

A Guaidó, un GPS para que la próxima vez divise el lugar exacto donde están las movilizaciones universitarias que se dirigen a Fuerte Tiuna. El niño se extravió un tanto. No apareció. A Henri Falcón, unos muñequitos iguales a Luis Florido, Alfonso Marquina y Orlando “Care`burro” Fernández que tanto lo ayudaron a perder las elecciones para gobernador.

Al G4 le regalaremos una hermosa mesita con cuatro sillitas dotada de un sistema eléctrico de alarma así que cada vez que alguno de ellos muestre sectarismo en gotas o una pizca de vanidad “mayoritaria” reciba una descarga de 20.000 voltios y una foto panorámica de Oslo y Barbados. Al resto de políticos un abrazo fraterno con la cruz al revés y los dedos cruzados, y un llamado a la unidad. Y para los tarados del teclado un lugar en el cementerio para que entierren de una vez por todas el llamado mantra que hace tiempo falleció cristianamente.

Y para mí…, me reservo 28 regalos.

@eduardo_semtei