Hay que ponerle punto final a esta situación creada por un régimen basado en  el disimulo, la mentira, la corrupción y la incompetencia generalizada. Ya basta de desviar la responsabilidad de la trágica situación que vive la nación venezolana. Hay que hablar con claridad y ratificar las convicciones existentes sobre este desastre.

Para el mundo entero Venezuela está convertida en un verdadero narcoestado. A eso no se llega por casualidad. Tampoco por influencia o acciones externas de terceros, salvo las complicidades existentes con estructuras del crimen organizado en el planeta y de aquellos gobiernos con influencia determinante sobre el régimen venezolano. Todo está a la vista. No hay secretos ocultos que puedan mantenerse indefinidamente. Más tarde o más temprano todo se sabe. El tiempo se agota y la capacidad operativa del régimen también.

Los más calificados voceros del régimen profundizan en declaraciones y pronunciamientos públicos, la línea de responsabilizar a Estados Unidos y a Colombia de todo lo negativo. Tratan de destruir el inmenso respeto y admiración del ciudadano común de nuestro país con relación a ambas naciones. Estados Unidos no es el responsable de la falta de gasolina, de alimentos y medicinas, entre otras carencias básicas. Es una falacia decir que quieren apoderarse de nuestro petróleo y de otras riquezas básicas, cuando lo que está quedando es entregado a conocidas estructuras narcoterroristas con soporte abierto o encubierto de socios del régimen. Por otra parte, desde una posición exclusivamente personal, Colombia y Venezuela somos una misma nación aunque contenida en dos repúblicas. Los vecinos tampoco son el enemigo.

Estados Unidos es un país muy rico y autosuficiente. No necesita de nuestro petróleo gracias a sus enormes reservas operativas y alta productividad diaria. Por otra parte, Colombia produce mucho más que Venezuela en este tiempo de abierta caída en todos los renglones de crudo y de gas en nuestro territorio.

También hay que ponerle punto final a la fábula creada sobre conspiraciones y atentados utilizados para justificar y aumentar la represión y la violencia física e institucional contra el pueblo.

Ningún oficialista da explicación sobre la matanza de presos y heridos en la cárcel de Guanare. De las masacres en puntos concretos del país y de la capital y, por supuesto de las múltiples protestas de la gente en medio de una lucha desesperada por la supervivencia. No exageramos al decir que el verdadero enemigo, el responsable de cuanto sucede, es este régimen penetrado y controlado por el crimen organizado con orientación narcoterrorista.

Desde que el régimen expulsó a la DEA del país, creo que en 2005, y le quitó a gobernadores y alcaldes el control de puertos, aeropuertos, vialidad interurbana y otras competencias alcanzadas gracias a las luchas por la descentralización y autonomía de estados y municipios, se fueron concretando las sospechas sobre su verdadera naturaleza. Ya basta.

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@osalpaz


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