El holocausto que ha desencadenado en la aviación la pandemia del covid-19 nos ha puesto a meditar sobre los cambios en el transporte aéreo que están por venir.

El experimentado capitán de ala fija, mi buen amigo Alejandro Torres, dedicado toda una vida y por entero a la aviación, única persona que yo conozco que posee las 7 licencias de instructor de vuelo certificado o CFI por sus siglas en inglés, de la Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos, me dijo algo que me dejó pensando.

“Las líneas aéreas son el Greyhound de ayer (refiriéndose a la famosa línea de autobuses de Estados Unidos que tiene un perro galgo como imagen). ¿Cuándo fue la última vez que tomaste un bus para ir algún lado? Cuenta las ventanas y verás que, al igual que los buses, las líneas aéreas tuvieron sus días y las personas empezarán a volar igual como conducen sus carros; no hay ninguna diferencia. Los militares luego de la Segunda Guerra Mundial hicieron creer al hombre común que el volar era solo para aquellos hombres con plumas en las espaldas; con la finalidad de asegurar los pocos trabajos que existían volando, para ellos”.

Seguro estoy de que la industria de la aviación cambiará para siempre, algo de esto se hará realidad, pero no veo al mundo regresando a viajar en barco para cruzar los océanos y no todos tienen el dinero para comprar o rentar un avión bimotor con esas capacidades.

Pero si hay mucho de razón en ello. Recientemente, el prominente multimillonario y experto en inversiones Warren Buffett, presidente ejecutivo de una de las más importantes empresas de inversión, Berkshire Hathaway. Vendió recientemente todo su portafolio de acciones en las cuatro principales aerolíneas aéreas de Estados Unidos: American, Delta, Southwest y United.

Con una pérdida promedio de casi 60% del valor que estas tenían para diciembre de 2019. Contribuyó al reporte de pérdidas récord de Berkshire Hathaway por el monto nada despreciable de 50.000 millones de dólares, para el primer trimestre del año 2020. Por lo que el futuro que estos expertos financieros avizoran para las líneas aéreas es bastante incierto.

Pero hay algo muy interesante, esta misma empresa Berkshire Hathaway posee la mayoría accionaria de dos empresas muy ligadas al sector de aviación corporativa, NetJets y FlySafety.

NetJets, con sede central en la ciudad de Cincinnati, en el estado de Ohio, tiene más de 50 años operando. Es la empresa líder mundial en transporte aéreo ejecutivo y propiedad compartida de aviones jets.

A finales de abril anunciaron un plan a 10 años para renovar su flota actual, con un valor de negociación total de 9.600 millones de dólares. Por la compra de un total de 425 aviones Jets nuevos, que se incorporarán lentamente en su inventario. Poco a poco irán saliendo de los aviones de la flota actual, con promedio de 5 años de uso, compuesta por una flota de Jets ejecutivos, desde los de mediano tamaño, como el Cessna Citation V en sus versiones Ultra y Encore, para siete u ocho pasajeros, hasta los grandes, como los Gulfstream modelo 550, con capacidad de hasta 19 pasajeros.

Las aeronaves de la próxima generación de NetJets, son los aviones de vanguardia de los principales fabricantes, estableciendo los nuevos estándares de excelencia en la industria de jets ejecutivos.

La nueva flota estará compuesta por los siguientes aviones:

Phenom 300

Citation Latitude

Challenger 300

Challenger 605

Global 5000 y 6000 (también tomarán los modelos 7000 y 8000 en años futuros).

Por otro lado, la empresa FlySafety International está próxima a cumplir 70 años en el sector de formación de pilotos. Con centros de instrucción por todo Estados Unidos y en 10 diferentes países, con más de 320 simuladores de vuelo y un equipo de 1800 instructores, es la empresa líder mundial en instrucción y entrenamiento de pilotos y tripulaciones corporativas.

Esto me dice, sin lugar a duda, que Warren Buffett está apostando a que la gente, con cierto grado de solvencia económica, modifique sus hábitos de volar en aerolíneas, y prefiera volar, ya sea en su propio avión, en un avión alquilado o en propiedad compartida.

La participación en una propiedad compartida como un avión de NetJets, proporcionan un vuelo mucho más exclusivo, en un avión prácticamente nuevo, con tripulaciones seleccionadas. Permite volar con solo aquellos pasajeros miembros de la familia o ejecutivos requeridos, con tiempos de embarque y desembarque mucho más rápidos y flexibilidad de horarios.

Este servicio nos permite dos modalidades de asociación:

La posesión fraccionada: el precio se prorratea del valor de mercado del mismo avión tras salir de fábrica. Los propietarios tienen garantizado el acceso al avión, para una utilización de 50 a 400 horas anualmente, dependiendo del porcentaje de la posesión adquirida, previa petición del servicio con 4 horas antes. Si el avión del propietario no está disponible por alguna razón, otro avión del mismo tipo, o de mayor tamaño, es enviado. Los propietarios de aviones fraccionados pagan una tasa mensual de mantenimiento y una tasa de “ocupación” operativa horaria. Esta última es solo cargada cuando el propietario o un invitado están a bordo, no cuando el avión está volando al punto de salida, o cuando vuela a otra ubicación tras completar un vuelo.

La tarjeta de crédito Jet Card: este plan está creado para personas cuyas necesidades estén por debajo del mínimo de 50 horas de vuelo de los planes de propiedad compartida o que no quieran el derecho de propiedad de cinco años de duración. Todos los costos deben ser pagados en el momento del viaje y son vendidos en bonos de 25 horas de vuelo.

Estos servicios, al igual que la posesión total de un avión privado, nos aleja de las grandes aglomeraciones de pasajeros de las aerolíneas comerciales, nos da una mayor flexibilidad de aeropuertos adonde viajar y nos protege de manera más efectiva, que el posible contagio, que el viajar con cientos de pasajeros a nuestro alrededor.

Por otro lado, el desarrollo de la aviación general tiene cada día un mayor grado de automatización y seguridad. Ya tenemos algunos sistemas implementados en aviones pequeños, para un solo piloto, que muchos temen volar de solo pensar que pudiera perder el conocimiento por alguna razón. Al simple toque de un botón de un pasajero, el sistema automatizado toma control del avión. Este piloto automático inteligente, analiza cuál es el aeropuerto más cercano, evaluando el estado del tiempo y combustible disponible, llaman por radio a la respectiva frecuencia de control de tráfico aéreo y participan la emergencia. Procediendo a navegar el avión, haciendo el procedimiento de descenso y aproximación, hasta aterrizar el avión y detenerlo en la pista.

Pero definitivamente, no todo el mundo tiene los medios económicos para comprar un avión, rentar un jet o invertir en una participación de propiedad compartida para poder realizar un vuelo transoceánico. Y aquí viene la pregunta, habrá la posibilidad de que una versión mejorada del avión más grande del mundo que pareciera estar por desaparecer del mercado como el Airbus 380, renaciera de sus cenizas. Que este, con su capacidad inicial para casi 500 pasajeros y con su dos niveles de cabina, pudiera ser el que, rediseñado, más pasajeros podría cargar, manteniendo algún grado de separación social medianamente efectiva.

Igualmente debemos tener presente que mientras no aparezca una vacuna que nos proteja de este maligno virus, los vuelos se harán verdaderamente engorrosos.

Además de las filas de gente para cruzar las ya conocidas zonas de chequeo de seguridad, se incrementarán con nuevas filas para tomar las temperaturas a los pasajeros, cruzar por túneles o zonas de descontaminación, y todo esto con una separación social mantenida hasta embarcar.

Cada día habrá mayores preguntas sobre nuestro pasado reciente, ya sean en cuestionarios propios de las líneas aéreas o requerimientos de países por inmigración y aduanas, solo para prevenir cualquier posibilidad de portar el virus. Pero tan así precisos en sus preguntas, que algunos de estos cuestionarios podrían parecernos hasta una especie de invasión a nuestra privacidad.

Para luego, ya dentro del avión, ver cuáles medidas han sido implementadas para una mediana protección. Ver si se obliga a la tripulación a usar máscaras y guantes, como se reduce su interacción en la cabina, pero manteniendo una esmerada atención. Qué tipo de comida o bebida podemos obtener, que tanta desinfección continua tendrán los pocos baños disponibles, siendo estos zonas de alta posibilidad de contagio y de cuál gel o desinfectante podemos disponer.

Todo un verdadero dolor de cabeza para aerolíneas y pasajeros, que evidentemente todos aquellos que tengan los medios económicos suficientes tratarán de evitar, pero que el mundo tendrá que afrontar para poder viajar.

 


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