El presidente de Rusia, Vladimir Putin

Hay algunas cuestiones relativas a la historia de Rusia que no han cambiado y dudo que algún día cambien. Desde la Rusia de los zares, pasando por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y llegando a la actual Federación de Rusia, comandada por Vladimir Putin, la brutalidad a la hora de ejercer el poder, el miedo y la delación, la corrupción sistémica, la asunción de que el maltrato por parte de los poderosos es aceptable y la idea de que los asesinatos forman parte de la lucha política, son cuestiones incomprensibles pero aceptadas. De hecho, si uno pregunta a un ruso por alguna de ellas, te contestará: «и что делать?», el equivalente de nuestro «¿Y qué podemos hacer?», la frase más popular entre los rusos.

Sobre la brutalidad a la hora de ejercer el poder no creo que sea necesario extenderse mucho puesto que los propios creadores de este experimento maligno denominado comunismo fueron genocidas para su propio pueblo. El experimento, en manos de líderes como Lenin o Stalin, y otros que los sucedieron, terminó, salvo para aquellos que solamente tienen visión por el ojo izquierdo, con millones de muertos, un desastre económico y miseria y sufrimiento para el pueblo ruso.

Ensayo del desfile militar del 9 de mayo donde se celebra la victoria de la Unión Soviética sobre la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial / AFP

Esta brutalidad, unida a la creación de organizaciones como la Ojrana, la Cheka o el posterior KGB, dedicados básicamente al control y represión interna, generaron en la población una sensación de miedo permanente, de que pensar u opinar lo contrario a sus líderes se pagaba muy caro, normalmente con la cárcel o la muerte. A este respecto recuerdo cuando aún estaba en activo, no recuerdo si en el CESID o en el CNI, haber escuchado una historia que es realmente descriptiva de la situación en la que vivían: «En un encuentro entre un oficial de inteligencia occidental y uno ruso, el occidental le preguntó cuál era el número de miembros del KGB. La respuesta fue que el KGB no debía preocuparle por el número de sus miembros, debía preocuparle por el número de sus colaboradores, consideraban que tenían uno en cada familia». Y así, era, porque en tiempos de la Unión Soviética y en la Guerra Fría las delaciones eran habituales incluso entre miembros de la misma familia y, la verdad, no creo que haya cambiado mucho la situación.

De la asunción del asesinato como herramienta de la lucha política qué podemos explicarle a Vladimir, si su propio recorrido está plagado de muertos a un lado y otro del camino. Muertos en el exterior y en el interior de Rusia, trasladando el mismo mensaje que sus «amables predecesores comunistas» y es que la alternativa a no seguir sus pasos todos la conocen, resbalón o indigestión.

¿Y la corrupción? La he dejado para el final porque es el elemento central de este artículo. Un sistema en el que funcionan pocas cosas, en el que las necesidades y la miseria es visible en cuanto te alejas de las grandes ciudades, en el que el día a día consiste en intentar sobrevivir y no vivir y en el que se perciben unos míseros sueldos, es siempre generador de corrupción. Cuando una persona no puede vivir dignamente con lo que percibe comienza a pensar en cómo obtener sobresueldos. De hecho, en Rusia la palabra «vzyatka» (mordida, soborno) define un modelo de vida en el que, si quieres algo, sobre todo si es importante, tienes que entregar una cantidad a cambio, o algún favor que puede ser de todo tipo.

La corrupción se produce en todos los organismos y en todas sus escalas. Las Fuerzas Armadas no son ajenas a estas cuestiones y sus mandos también participan del festín de la corrupción. Muchos generales y altos mandos militares son una parte muy importante de este sistema corrupto y anhelan ocupar esos puestos más por los privilegios que obtendrán que por el honor o el orgullo de alcanzarlos. De hecho, el ministro cesado, Shoigu, ya fue acusado por Evgueni Prigozhin de corrupción, de no ser capaz de que sus hombres dispusiesen en el frente de los materiales necesarios mientras él vivía rodeado de lujos, algo que no se podía permitir con su sueldo de general. Cuando Prigozhin lanzaba esos ataques, la hija de Shoigu disfrutaba con su novio de unas vacaciones en Dubai, en ese mundo decadente que ellos quieren eliminar.

El ya exministro de Defensa ruso, Sergei Shoigu / AFP

Ese sistema corrupto hace que las cantidades destinadas a algunos proyectos, a compra de material, a desarrollos científicos se «pierda por el camino», cayendo en los bolsillos de estos altos mandos corruptos y que, por supuesto, los resultados sean de una calidad ínfima. El recién nombrado ministro de Defensa Belousov ya afirmó en uno de sus discursos que, por ejemplo, era inadmisible que los drones que se fabrican en Rusia tengan un porcentaje mayoritario de componentes procedentes del exterior y que su calidad sea muy baja.

Sin duda el nombramiento de Belousov, economista, algo que nadie esperaba, es un nuevo golpe de timón de Putin y su objetivo es el de fortalecer la industria de defensa propia y eliminar su dependencia del exterior, y eso parece que no solamente está dirigido a pretender una victoria en Ucrania, sino a un cambio de política general para convertir la economía rusa en una economía de guerra. Está claro que Putin ha visto lo mismo que nosotros en Ucrania, la inoperancia de sus ejércitos que, tras dos años de conflicto, a pesar de la ofensiva actual, siguen estancados en el juego de avances insignificantes.

El presidente ruso Vladimir Putin durante una reunión con su ministro de Defensa, Sergei Shoigu / EFE

Putin quiere una victoria y sabe que eso le va a costar mucho dinero y para ello tiene que someter a su economía a un esfuerzo brutal y quién mejor que un economista para llevar a cabo esa transformación. El gran problema con el que se va a topar el nuevo ministro es que las esencias no se eliminan de la noche a la mañana y que esa corrupción la tiene incrustada hasta la misma médula de las FAS rusas. La única opción que tiene de que su plan pueda seguir adelante con éxito sería, por un lado, presionar aún más a los pobres ciudadanos que ya están acostumbrados a vivir así, faltándoles de todo, y, en segundo lugar, realizar una purga entre los mandos del ejército ruso y eso me temo que no trasladaría una buena imagen en estos momentos, aunque no creo que a Putin le importe mucho.

Mientras tanto, el general jefe de la Dirección General de Personal del Ministerio de Defensa, Yuri Kuznetsov, ha sido arrestado por aceptar sobornos. En el registro de su vivienda, según se ha publicado en varios medios, se encontraron monedas de oro, artículos de lujo, vehículos de alta gama y 100 millones de rublos, el equivalente a un millón de dólares. ¿Aciertan ustedes a pensar por qué le habrán sobornado en la Dirección General de Personal? ¿Tendrá algo que ver con ir a la Guerra de Ucrania o no?

Creo querido Belousov que de estos te vas a encontrar unos cuantos, y no dudo que tu seas incorruptible, pero es que deseo que fracases estrepitosamente porque en caso contrario será una mala noticia para Ucrania y para el resto de Occidente.


El autor es oficial de la Armada en la Reserva.

Publicado en el diario El Debate de España


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