Ante la enorme crisis socioeconómica el régimen maniobra, sin limitaciones ni escrúpulos, navegando en búsqueda de recursos entre el comercio de petróleo, gasolina, aditivos, oro y otros recursos naturales, destinados a la financiación de sus actividades, mediante negociaciones de acuerdos desconocidos, complementado con acciones represivas destinadas a controlar la población y a las manifestaciones populares producto de su insatisfacción ante la carencia de combustible, electricidad, agua, gas, alimentos, trabajo y transporte, carencia esta que se ha potenciado desde hace semanas por la pandemia que nos azota.

El régimen desarrolla una gran campaña publicitaria basada en el control de los medios y de la información, satanizando la influencia del cerco militar internacional en aguas del Caribe creado para detener el flujo de productos ilegales del narcotráfico y de mantener a raya las violaciones de las medidas económicas y judiciales dictadas por una coalición de países democráticos, banalizando la movilización internacional, la declaratoria de Estado terrorista y de las restricciones comerciales y financieras globales.

Con soberbia, profundiza su alianza con la invasión silenciosa cubana, rusa, china, islámica y de la narcoguerrilla, permitiendo como compensación, la expoliación de los pocos recursos que ya quedan. Estas fuerzas intervienen directamente en el país, bien a través del apoyo militar y del apoderamiento de plantas petroleras, entregadas sin rubor directamente a iraníes y chinos para su operación. Salvavidas de una gestión caracterizada por su incompetencia, la cual ha provocado la escasez de gasolina que tiene paralizado al país, al transporte nacional y a la poca estructura productiva. También ha provocado la debacle del sistema financiero en una economía dolarizada en los costos y que potencia la hiperinflación a niveles nunca vistos de millones de veces a los precios de referencia de hace pocos meses.

El efecto en la población ha sido total provocando carencias que no pueden ser satisfechas y que además son potenciadas por la influencia de la pandemia del covid-19 que ha confinado ya por meses a los venezolanos en sus precarios hogares, los cuales tienen poca capacidad para sobrevivir, lo que ha profundizado el descontento, sometido a una cuarentena más que forzada para conveniencia del régimen, cuya excusa se sustenta en la prevención del virus, ocultando el número de casos contaminados, y de fallecidos, mintiendo descaradamente sobre los efectos de una pandemia cuyo comportamiento oficial no es ni remotamente parecido en modo alguno a los efectos en otros países parecidos al nuestro.

La consecuencia de todos los elementos mencionados mantiene paralizada la economía y al país entero, en otras palabras, el colapso, estimulado con un estado de alarma policial no duda en reprimir a quienes le critican y se le oponen.

El anhelo del venezolano común es de un cambio de gobierno inmediato y se hace presente de todas las formas posibles, aun a riesgo de su propia libertad, violadas sin las más elementales normas judiciales, ejercida por la fuerza y el despliegue de fuerzas pretorianas autoras de una despiadada y mortífera represión, capitaneadas por oficiales cubanos, lo cual es una brutal manifestación de ausencia de escrúpulos y de nacionalismo.

El pueblo reclama en medio de la más espantosa crisis de hambre, acompañada de un éxodo bidireccional como consecuencia de la migración masiva y el retorno odiado, sujeto del rechazo de países que se dicen amigos. Su esperanza de cambio y de una transición está centrada en un punto de inflexión de la situación vivida y es el indicador más probable de una implosión social. No sabemos cuándo, pero el deseo popular crece hora a hora, y la respuesta es más represión, montaje de eventos increíbles, acompañados de publicidad engañosa, repartición de dádivas a sus acólitos, y adulación a las fuerzas de ocupación. De tal manera que los factores en conflicto social evidente producen una concentración de desesperanza aprendida que inevitablemente comienzan a profundizar en gran número protestas locales, elementos básicos de una erupción que se ve venir.

El territorio nacional se ha fragmentado y repartido. En la región del sur se ha destruido la capacidad industrial, la cual ha sido sustituida por la gran explotación de lo que eufemísticamente llaman el Arco Minero, es más bien la expoliación minera entregada a las fuerzas del islam para su propio beneficio, acompañada de facilidades para afianzar su presencia en América Latina, y además apoderarse de la industria petrolera con la excusa de recuperar instalaciones perdidas por la desidia, permitiendo la ocupación de lugares estratégicos, sin condiciones, desarrollando un comercio ilegal, burlando las medidas de vigilancia del Caribe. Por otro lado, en la frontera con los países vecinos se han entregado territorios a la guerrilla colombiana, sin limitaciones, ni condiciones, los cuales se apoderan de pueblos y aldeas imponiendo su fuerza y decisiones, no solo para acrecentar su poder, sino de armarse a costilla del país con la clara intención de implantar el socialismo mediante la desestabilización a su país de origen

Regiones y estados fronterizos son discriminados mediante la negación de sus necesidades energéticas y los someten al hambre, la ausencia de servicios públicos y al sometimiento por la fuerza. En las ciudades importantes sus barriadas populares son entregadas el priorato delincuencial, que por su condición luchan entre sí por el control de los barrios e incluso retan a las fuerzas del régimen casi con igual fuerza de combate. La frontera norte, entregada a los narcos en sus accesos marítimos, montan teatros de operaciones fraudulentos y se enfrentan al tráfico internacional con todos los elementos que tengan a mano para no interrumpir el flujo de recursos.

Las ciudades del centro, ampliamente vigiladas y cerradas, ven con estupor el tablero de una supuesta invasión, alegando una soberanía que están bien lejos de sentir por una patria que no existe para ellos, sino la denominada patria grande, invención de los cubanos para la dominación continental.

Venezuela ya no es una nación desde el momento que ha perdido por éxodo a más de 6 millones de venezolanos, queda en casa, una población envejecida, jóvenes con edades similares a la duración del régimen, de los cuales, un pequeño segmento que no pudo irse, se resiste y se integra alrededor de casas de estudio limitadas totalmente en su funcionamiento. Ven en peligro su futuro y presentan un grado de inconformidad apreciable, igual que el resto la población sufrida, resentida, sometida, marginalizada, la cual carece con mucha frecuencia de ética, valores y casi nada de los elementos fundamentales de la nacionalidad.

Existe un Estado que lo calificaría de portátil, como Estado dentro de las concepciones ilusorias de la literatura jurídica, es decir, un territorio sin soberanía cuyo régimen es acusado internacionalmente de antidemocrático y de terrorismo que ejerce el monopolio del poder y viola acuerdos y derechos internacionales,

Ir más allá del  punto de inflexión por una implosión natural no podrá expandirse a menos que los dirigentes legítimamente elegidos en su constitucional derecho ejerzan un gobierno verdadero de transición, que reconozcan que en las condiciones como opera simplemente no pueden gobernar, y solo lo hará, impulsando los derechos populares y resolverlos a mediano plazo, apoyándose en la imprescindible ayuda internacional que debe ser solicitada formalmente, y tenga la suficiente fuerza y potencia para desalojar del poder a una gavilla de delincuentes integrantes del crimen organizado que se apoderó del país..

Que difícil será integrar nuevamente el territorio, y a la gente, que ante el embate de las fuerzas de ocupación en sus estados ha migrado internamente a las ciudades del centro. Más difícil aún, construir nuevos andamios del poder democrático si no reconocemos que no se podrá gobernar con una élite exclusiva que ha cohabitado por tanto tiempo con el régimen. Las razones son historia, la necesidad urgente –y la gente lo sabe– es responsabilidad ciudadana de un gobierno de transición deslastrarse de los colaboradores indeseables. Si no es así no tendremos país por largo rato, agravándose los problemas y especialmente el geopolítico frente a un nuevo reto: el retorno de los migrantes, desilusionados, echados de otros países con la excusa de las debilidades sanitarias y capacidad de manutención. Ya empiezan grupos significativos a regresar en busca de un país que no existe, y que no se los hemos podido rescatar, pero no se puede dudar que se hará.


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