Después del sorpresivo resultado de las elecciones primarias en Argentina, la pregunta recurrente tanto dentro como fuera del país es si Javier Milei podrá ser presidente. Este interrogante se acompaña de otro no menos inquietante: ¿qué pasará si Milei llega a la Casa Rosada? La sorpresa no fue que Milei hiciera una buena elección, lo que prácticamente se descartaba, sino que fuera el candidato más votado, superando incluso al peronista Sergio Massa, que aspiraba (anhelaba) a esa marca. Los asesinatos de la semana previa a los comicios (incluido el de una niña de 11 años camino a la escuela) redoblaron el sentimiento de inseguridad entre la ciudadanía, junto a sus demandas de mayor protección ante una criminalidad desbordada, y la necesidad de manifestar indignación rabia.

La elección deparó una nueva muestra de la fuerte implantación del voto protesta en América Latina. En el contexto argentino, la irrupción de Milei fue favorecida por los efectos de la pandemia y los largos confinamientos, pero fue agravada por la corrupción rampante, la inacabable crisis económica con inflación galopante (ya supera el 113% anual) y el dólar descontrolado, la expansión del crimen organizado y del narcotráfico, junto al creciente deterioro del contexto social, incluyendo mayor pobreza y desigualdad.

A la vista de los precedentes de Trump y Bolsonaro, la pregunta de si puede ganar Milei tiene trampa, ya que claro que puede ganar. Pese a ello es necesario introducir diversas consideraciones tanto a favor como en contra de tal posibilidad. La derivada inmediata en el supuesto de una respuesta positiva es si podría hacerlo en primera vuelta, aunque en este caso la cautela debería ser mayor, dado solo el 30% de los votos conquistados.

El potencial triunfo de Milei debería sustentarse en la fidelidad de sus votantes. Muchos analistas estiman que la mayoría de los apoyos de las primarias se mantendrán. Que es muy difícil decantarse en octubre por otras opciones, básicamente Patricia Bullrich (oposición, Juntos por el Cambio) y Sergio Massa (oficialismo peronista-kirchnerista, Unión por la Patria). Pero, no hay que olvidar que en las primarias no se elegía ningún cargo electivo, sino solo a los candidatos que aspiran a ocuparlos. Por tanto, era una excelente ocasión para castigar a los políticos y al repetido incumplimiento de sus obligaciones.

A la vista de los dos meses de campaña que restan será importante ver qué esfuerzos harán Bullrich y de Massa para reconquistar el corazón de los votantes perdidos, lo que, obviamente, aumentará o disminuirá sus posibilidades futuras. Lo otro que incidirá de manera clara, aunque todavía no se sabe en qué dirección, es cómo se moverán los abstencionistas que se quedaron en sus casas el 13 de agosto y podrían votar en octubre. Si en las primarias de 2019 votó 76,40%, en esta ocasión lo hizo solo 69% y se espera que en las generales lo haga cerca del 80%. Si se repitiera un escenario de máxima igualdad, como el de las PASO, cualquier pequeño cambio en el sentido del voto podría tener repercusiones dramáticas.

Todas las encuestas hablan de una segunda vuelta, lo que parece ser el camino más probable. Por eso, para valorar lo que pudiera ocurrir, la identidad de los dos candidatos que compitan en el balotaje es fundamental. En caso de que Milei acceda a la segunda vuelta, independientemente de contra quien lo haga, la tentación de muchos ciudadanos de bloquear el acceso a la presidencia al rival tradicional puede ser tentadora.

De ahí una serie de grandes dudas: ¿Podrán Bullrich y Massa convencer a los votantes de Milei del gran riesgo que éste representa, más allá de su vinculación emocional con el candidato libertario y de sus constantes ataques contra “la casta”? ¿Sabrá Bullrich encarar el papel de la principal agente del cambio, un rol que quiere arrogarse Milei en solitario? ¿Será capaz Massa de movilizar al gran caudal ciudadano autoidentificado con el peronismo, lo que implica, de alguna manera, contar con el apoyo de muchos gobernadores e intendentes que en las primarias optaron por la inacción y el desentendimiento del actual ministro de economía?

Si bien se esperaba que las PASO despejaran buen parte de las incógnitas que se ciernen sobre el futuro inmediato de Argentina, el futuro es más incierto que hace dos semanas. A la fecha, es probable que el peronismo sufra un importante retroceso, que el fin del kirchnerismo como expresión política pueda estar próximo, dependiendo en buena medida del resultado de la provincia de Buenos Aires y que la gobernabilidad del país sea muy compleja si gana Milei. Lo será de todos modos, agravada por la falta de mayoría parlamentaria.

Todo está abierto, el devenir de la campaña será fundamental y el resultado final dependerá de la capacidad de los tres candidatos principales de acertar en su discurso, de convencer a sus votantes y de atraer a los de sus rivales y, muy especialmente, de no cometer errores no forzados que puedan convertir en clara derrota lo que era una oportunidad favorable. Y también, de la esperanza secreta de cada uno de ellos de que ningún cisne negro se les cruce en el camino.

Artículo publicado en El Periódico de España


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