En el año 2013, el líder chino Xi Jinping estableció públicamente una meta a ser alcanzada por su país para fin del año 2020: Cuatro décadas después del inicio de las reformas de mercado, la pobreza extrema en el campo tendría que haber sido derrotada. Eso representó un objetivo inalcanzable para muchos: extraer de la extrema pobreza a cerca de 850 millones de ciudadanos del interior del país.

La realidad es que los observadores de la dinámica china desde fuera de sus fronteras no nos percatamos de cuánto interés despertó la erradicación de la miseria, tanto en el gobierno central como en las administraciones regionales durante la era Xi. Realmente la actividad ha sido frenética. Cerca de 800.000 funcionarios, entrenados para ese fin, fueron enviados a los asentamientos geográficos de pobreza extrema y el presupuesto de atención a la meta se incrementó en 20% interanual desde el momento de la formulación del plan y del establecimiento de un fondo creado para atenderlo.

Para esta hora, el Partido Comunista se aferra al objetivo “pobreza 0” a ser alcanzado para la fecha de su centenario en julio del año que viene. El plan fue presentado en Naciones Unidas en el año 2015.

Los logros para el momento actual no son lejanos al cumplimiento de los guarismos propuestos por Xi. Los avances han sido ejemplares. Pero para el año 2017 cerca de 70 millones de ciudadanos aún permanecían excluidos del programa y, tal como aseguran los expertos, la reducción de la miseria “está sujeta a la ley del rendimiento decreciente: cuanto más se hace algo, menos productivos son los movimientos”. Así lo aseguraba Hanna Ryder de la organización Project Syndicate cuando ponía de relieve el extraordinario alcance de los resultados de esa ciclópea batalla. 70 millones es un volumen humano cercano a la población de Reino Unido o Francia o Tailandia.

Cuando empezó este año 2020 aún cerca de 6 millones de ciudadanos de las áreas rurales no habían podido recibir las ventajas del plan. Esta cifra es similar a las poblaciones enteras de Serbia o Bulgaria. Las razones del incumplimiento tienen que ver con la localización geográfica de muy pequeños enclaves poblacionales en terrenos escarpados y alejados en donde el transporte de sus ciudadanos a sitios de trabajo más poblados y activos imposibilita la tarea. Además, las cifras del avance de la pandemia del COVID 19 indican que 50 millones de trabajadores migrantes se convirtieron en desempleados cuando se hizo público en China el avance del contagio en el primer trimestre de este año.

Entre enero y marzo, cuando la pandemia del coronavirus tornó inalcanzable la mayoría de los propósitos de crecimiento, ya el gobierno chino había asignado a este solo fin, 18 billones de dólares de su presupuesto anual para 2020 de 21,5 billones.

Tanta tenacidad en el cumplimento de un objetivo tan complejo y difícil de alcanzar tiene una inspiración. Dentro de la filosofía política practicada por Xi y sus seguidores, conseguir legitimidad dentro de su sociedad es esencial. Para el ideario oficial, el planteamiento de metas socioeconómicas de este corte en los países de Occidente –nunca de esta magnitud, valga aclararlo– solo cumple con propósitos electoralistas. En China lo que le da sustento es la dosis de legitimidad que se le inocula a un gobernante de parte de sus administrados, cuando las metas son alcanzadas. Por ello Xi, en este terreno no abandonará nunca su meta: habrá pobreza 0 en 2021.

 


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