Este nuevo año que comienza viene precedido de meses de incertidumbre, dolor y confinamiento. La pandemia del coronavirus cambió la realidad de muchos países, forzando a tomar decisiones difíciles, que han provocado situaciones inestables y el renacimiento de problemas que habían sido superados.

Ceñirse solo al asunto sanitario, provocado por la avalancha de casos de covid-19, es ver una parte del rompecabezas y no analizar su totalidad. Este virus no solo atacó a las personas, sino que fue coadyuvante para la paralización total de toda actividad económica, ya que los ciudadanos tenían que confinarse en sus casas y los gobiernos obligados por las circunstancias a aplicar medidas restrictivas, para evitar el contacto entre las personas e impedir que el contagio aumentara exponencialmente. Naturalmente, la paralización de toda actividad, ha provocado el cierre de pequeñas y medianas empresas, con las consecuencias del aumento en el desempleo.

Claro está que las naciones con una mejor planificación económica han logrado hacer frente a la coyuntura, ofreciendo subsidios directos e indirectos tanto para los empresarios como para los empleados, para mantener funcionando el engranaje del aparato productivo, pero a pesar del esfuerzo, el poder adquisitivo se ha visto lesionado, ya que muchas personas quedaron sin empleo y han tenido que optimizar sus gastos, otros, por el contrario, se han visto obligados a recurrir a la caridad y aceptar donativos para poder sobrevivir. Muchas naciones no se han ido al garete, porque se ha originado una sinergia entre gobierno y sector privado, con la finalidad de apoyar iniciativas para mantener lo más preciado, la calidad de vida de sus ciudadanos. No obstante el año 2020 no es para olvidar, sino para reflexionar, sobre lo bueno y lo malo.

Pero debemos centrarnos en nuestra Venezuela y analizar un poco las proyecciones para este nuevo año que comienza. Aprovecho la oportunidad para desear buenos augurios, amor, éxitos, prosperidad y paz, con la esperanza que 2021 sea diferente a 2020; pero, nunca falta un pero, seguiremos estancados en la misma inestabilidad política, económica y social, sin posibilidad alguna de cambios sustantivos que mejoren nuestra realidad, en pocas palabras, continuaremos cargando en la espalda los viejos problemas, que con el cambio en el calendario no van a desaparecer, sino aumentar, lamentablemente… ¡qué vaina!

Cabe destacar que el devenir de 2020 ha marcado y marcará el desarrollo de los próximos doce meses. En lo que respecta a nuestra realidad, no hemos podido salir de la hiperinflación, ya que el gobierno nacional sigue financiando su gasto fiscal con devaluación y con la impresión de dinero inorgánico, paga sueldos, salarios y bonos. El Poder Ejecutivo ha logrado amainar un poco el temporal económico, permitiendo una dolarización de hecho pero no de derecho, ya que aún persiste el control de cambio, es decir, no hay una libre convertibilidad de la moneda, porque hay ciertas condiciones que aún aplican.

Por lo tanto, es público, notorio y comunicacional, que el sueldo mínimo del venezolano, representado en bolívares, no llega a dos dólares al mes, eso quiere decir que aumentará la dependencia de nuestros compatriotas hacia las dádivas del gobierno, expresadas a través de las bolsas de comida y las ayudas económicas otorgadas a través del carnet de la patria.

Al mismo tiempo, no hay que olvidar las andanzas del dólar paralelo, que ya sobrepasó la barrera del 1.500.000 bolívares, si a esto se le suman los 8 ceros que le han quitado con las dos reconversiones (2008 Y 2018), un dólar americano valdría 150.000.000.000.000 en la actualidad, es decir, 150.000 billones de bolívares, con b de barbaridad. ¿Cómo cerrará el dólar para finales de 2021? Misterios de la ciencia. En Venezuela ya nadie quiere el bolívar como moneda de intercambio comercial, de hecho las ofertas al detal de productos, bienes y servicios, ya se están cobrando en divisas.

Hablemos ahora del producto interno bruto, PIB, que para 2020, según datos de la firma Torino Capital, registró una caída de -24% y para 2021 se proyecta que el decrecimiento económico siga por la misma senda. Pronosticar para este nuevo año es algo difícil, por las diferentes variables a tomar en cuenta, como el precio del petróleo, los índices hiperinflacionarios, el desempleo, la pandemia y la falta de claridad en el diseño y aplicación de políticas macro y microeconómicas, sin olvidar la inestabilidad política, pero seguramente la cifra para finales de este año continuarán en negativo, lamentablemente.

No hay que olvidar que durante los últimos años, me refiero desde 2014 hasta 2020, la nación ha estado sumergida en una recesión económica que ha empobrecido a los venezolanos de forma exponencial, sin viso de cambio en las políticas económicas en el corto y mucho menos en el mediano plazo. Ha habido alguna sensación de estabilidad, gracias a que el gobierno nacional ha permitido la dolarización forzada, para poder paliar un poco la crisis, convirtiéndose la moneda estadounidense en una válvula de escape para garantizar el poder adquisitivo y la reposición de mercancías.

Los comunistas son buenos en crear espejismos, por eso la proliferación de bodegones, que más que ser expendios de alimentos, se han convertido en museos que exponen productos que están fuera del alcance de muchos compatriotas. Los venezolanos pasean por sus pasillos, suspiran por una Nutella, añoran los chiclets Adams y veneran al jabón Palmolive, que los ven como obras de arte, representativos de la Venezuela que fue, con precios inalcanzables debido a que devengan un salario de 2 dólares al mes.

Desde que llegó Hugo Chávez (R.I.P.) al poder en 1998 y se instauró la revolución bolivariana en Venezuela, nos convertimos en la nación del hemisferio que menos inversión extranjera ha recibido. Muchas empresas han cerrado por falta de insumos, otras han prácticamente huido de los controles asfixiantes del gobierno y algunas han sufrido un proceso de estatización y nacionalización, que las han llevado inexorablemente a la quiebra.

En consecuencia los trabajadores, compatriotas que necesitan de su sueldo, para cubrir sus necesidades, no obstante para ellos el año 2021 no pinta nada bien. Los ingresos de los venezolanos se convertirán en sal y agua, mermando significativamente el poder adquisitivo de los asalariados, un gran número de connacionales no tienen acceso a la canasta básica alimentaria. De hecho, según el informe del Cendas (Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores), la cesta básica para un grupo familiar de 4 a 5 personas representa 142,20 dólares de gastos fijos al mes.

Además, no hay que olvidar las remesas, dinero que envían a sus familiares aquellos venezolanos que han salido del país, que suman alrededor de 5 millones y va en aumento, según expertos. La cantidad de dinero que provino del aporte de nuestros compatriotas en el año 2020 superó la barrera de los 3.000 millones de dólares, monto muy por encima de las exportaciones no tradicionales. Para este 2021 seguirá su crecimiento el envío de dólares, ya que permite a muchos compatriotas paliar el alto costo de la vida. Claro, también la migración no parará, se espera que para este nuevo año salgan de la patria alrededor de 1 millón de connacionales buscando nuevos destinos, un mejor futuro.

Por otro lado, la producción petrolera se agravará, si seguimos en la misma tónica, disminuyendo aún más la capacidad productiva de barriles de crudo, ocasionando que la República reciba menos ingresos en dólares, sumado a que no se espera un alza significante del petróleo para esta temporada. Según un informe de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, OPEP, la nación produjo en 2020, un promedio diario de 734.000 barriles. Usando matemática simple, si tomamos en cuenta que el barril de petróleo se mantuvo en un promedio de 55 dólares, eso da 40 millones de dólares al día, 1.200 millones al mes, 14.000 millones al año, es todo lo que le ingresó por petróleo al país el año pasado, cifras más, cifras menos.

Por su parte, las incongruencias en los planes económicos del Poder Ejecutivo, ocasionará que Venezuela pueda cumplir a duras penas con los compromisos de pago de la deuda externa, sacrificando la inversión nacional, pero seguirá siendo considerada por los mercados internacionales, un país de alto riesgo para honrar sus pasivos.

Este año que comienza va a ser para todos de supervivencia, ya que hay una variable más a tomar en cuenta, el coronavirus. Esperar cambios en la conducción del país por parte del Poder Ejecutivo, es ilusorio, ya que no puede dejar atrás su afán de controlarlo todo. Pero como soñar no cuesta nada, ojalá empiece a aplicar medidas económicas correctivas para eliminar de una vez por todas las distorsiones producto de políticas económicas erradas, que no tienen otro fin que dominar a la sociedad y convertirla en dependiente de las limosnas del Estado.

Para que se logren esos cambios tan necesarios hay que diseñar y aplicar políticas económicas que nos hagan crecer como país, que nos coloque en el concierto mundial de las naciones, que tienen como norte el crecimiento y el desarrollo de su capacidad productiva, que valoren los méritos y eliminen de una vez por toda la discriminación política.

Para ello hay que desmantelar el control de cambio, porque ya es común la utilización de las divisas para cualquier transacción comercial. Hay que sumarle también la eliminación de los controles de precios y que el Banco Central de Venezuela cuente con la autonomía necesaria para que sea el garante de una política monetaria sana y correcta, alejada de cualquier vicio populista.

Esto se podrá lograr, llegando a un gran acuerdo nacional, para darle piso político a las medidas necesarias que se deben tomar, poniendo a un lado los egoísmos y los personalismos que mucho daño le han hecho al país, optando por una visión de futuro para edificar la nación que todos nos merecemos, con un liderazgo correcto y sincero, enfocado en el diseño de políticas públicas serias, para así revertir este desastre, para conducir a Venezuela por el camino del crecimiento, que pueda así beneficiar a todos los habitantes. No será fácil, hará falta sacrificio, lágrimas y mucha paciencia, pero solo así, lograremos enrumbarnos con esperanza y optimismo en la construcción de la nueva patria. Feliz año 2021.


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