Hay una pieza escultórica emblemática del siglo XV, que da pie a la columna del día de hoy. Una obra que emerge de un bloque de mármol blanco de Carrara, del año 1499, firmada por el entonces joven artista Miguel Angel Buonarrotti, y representa en escala natural, a la Virgen María sosteniendo en brazos a su hijo, Jesucristo, muerto. Es justo el momento antes de su sepultura y expresa claramente el dolor de la madre, los días previos a la resurrección.

Actualmente esta obra se encuentra en la capilla del Crucifijo, en la Basílica de San Pedro del Vaticano, en Roma, Italia. Y a ella, a la Pietà de Miguel Angel, regresaremos en breve.

En la pasada columna, publicada el 14 de julio de 2020, escribimos sobre la empatía como un rasgo notable de los productos y servicios asociados a la Economía Naranja.

La empatía, entendida como la intención de comprender los sentimientos y las emociones, y al mismo tiempo experimentar de forma objetiva y racional lo que siente el otro.

Esa capacidad de ponerse en el lugar del otro, y que ayuda a comprender mejor el comportamiento ante ciertas situaciones y por supuesto, a comprender también la forma como cada individuo toma las decisiones.

En lo relacionado con la Economía Creativa, la empatía garantiza en buena medida el desarrollo de las mejores soluciones posibles ante las necesidades particulares de una comunidad.

Seguimos revisando la publicación del BID de 2017, “Economía Naranja, 50 innovaciones que no sabías eran de Latinoamérica y el Caribe”, y nos encontramos con una serie de creativos que han optimizado el resultado final de sus productos y servicios, en el preciso momento en que se han puesto en el lugar del otro. De hecho, en Venezuela ha sido mucho el camino transitado en ese sentido, hay muchas experiencias que sirven de referencia ahora y en tiempos pasados. No es un terreno ajeno para nuestro gentilicio, y eso de alguna manera es un activo que tenemos a favor.

Pero en esta ocasión, y para enfocarnos en el tema que nos suele reunir en torno a la creatividad y su capacidad para transformar vidas y ser una empresa responsablemente productiva, les invito a revisar hoy, el caso peruano de la firma de ropa para hombres y mujeres, Project Pietà.

Fíjense en este detalle, las piezas que produce Project Pietà, tienen una etiqueta que dice “Handmade by Inmates”, y la imagen de su logo son cuatro rayas verticales atravesadas por una diagonal, esa imagen que refiere a los días que van tachando aquellos que esperan la libertad.

Y es que aquello de “Handmade by Inmates”, que se traduce como “Hecho a mano por reclusos”, es estrictamente cierto, esta ropa es producida por los reclusos de dos prisiones peruanas, que desde 2013 forman parte del equipo originalmente liderado por Thomas Jacob.

Jacob es de origen inglés, trabajaba para una importante firma de moda, y en 2012 renunció a su cargo, para desarrollar un nuevo proyecto en Suramérica. En ese ínterin, por iniciativa de una amiga que hacía trabajos sociales, visitan una prisión en Lima para ver una obra de teatro en la que actuaban los internos, y esa jornada resultó ser prácticamente una epifanía.

Pudo conversar con algunas de las personas que hacían vida allí, y cuando abordaron el tema de la costura, hubo varios que comentaron que tenían alguna noción o incluso mostraron interés en ser parte de algún proyecto relacionado con el área textil.

Propuso a la directiva de la prisión montar un laboratorio textil con unas máquinas que vio arrimadas a un rincón y comenzó el tránsito a lo que es hoy la marca. Le llevó un año engranar al equipo y conseguir el producto, de calidad intachable, que había imaginado podía lograr trabajando junto al grupo de 30 reclusos, entre hombres y mujeres, que a partir del lanzamiento de la marca en 2013, y aun estando en las dos prisiones limeñas de San Pedro y Santa Mónica, comenzaron a recibir un sueldo fijo, un porcentaje de las ventas logradas, y además la posibilidad cierta de reinserción una vez cumplida su condena.

Las prendas de estilo urbano camisetas, pantalones, chaquetas, son diseñadas por Thomas Jacob y se producen completamente en las prisiones, desde los patrones, los cortes, bordados, estampados, el trabajo con tintas y materiales orgánicos y algodón pima, todo el proceso se lleva adelante en estas dos instituciones, y por el equipo que se ha comprometido con esta empresa.

Semanalmente producen más de 100 camisetas y han recibido más de 12.000 órdenes de compra no solo en Perú, hasta algunas boutiques de moda en Nueva York y Milán, han llegado las piezas confeccionadas por Project Pietà.

Son muchos y muy conmovedores, los testimonios recogidos desde el inicio del proyecto hasta la actualidad.

Fashion Network presentó un reportaje sobre Project Pietà en febrero 2019, y contó cómo luego de consolidarse en el mercado peruano, ahora la marca busca internacionalizarse manteniendo el foco puesto en su concepto innovador. Productos a precios accesibles, elaborados con materiales nobles y de alta calidad, y sobre todo, el mismo mensaje que se mantiene intacto en el tiempo, sus insumos siguen siendo totalmente peruanos, su mano de obra siguen siendo los internos de ambas instituciones, sus talleres siguen siendo autosustentables gracias al resultado de las ventas, que se hacen bien sea su plataforma en línea o por pedidos particulares.

Hay un rasgo que además es especialmente particular en esta propuesta textil, y es que todos los modelos que aparecen en las campañas de promoción de las colecciones, y en las piezas gráficas que decoran las tiendas que distribuyen la marca Project Pietà, son los propios reclusos de las dos prisiones. Es decir, el proceso completo, desde la conceptualización y producción tanto de las piezas, como de todo lo relacionado a la cadena de ejecución, promoción y distribución de la marca Project Pietà, se genera en estos espacios donde un grupo de individuos encuentran en la creatividad y el trabajo en equipo, una manera de superarse, de mejorar su condición actual y, sobre todo, tener asegurado un futuro mejor.

Es un proyecto de inclusión social que no solo les hace visibles en la sociedad, sino también les brinda la oportunidad de transformar su condena en aprendizaje, reducir su pena y asegurar la posibilidad de un proyecto de vida en adelante.

En este caso, la emotiva imagen de la obra escultórica de Miguel Angel Buonarrotti nos asoma de antemano la promesa de una resurrección, de la superación personal, de la capacidad de sobreponernos a momentos adversos cuando lo que nos moviliza es la solidaridad, el bienestar común… la empatía.

 

Fuentes:

Banco Interamericano de Desarrollo

Project Pietà, sitio web y prensa

Imágenes de archivo

 

@albe.perez


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