Es común escuchar que los venezolanos tienen mala memoria y  pronto olvidan.

Sin compartir este criterio plenamente, considero oportuno, a la luz de una posible pronta repatriación al régimen de libertades en Venezuela sustentada en la vocación democrática del pueblo, y solidaridad mundial de gobiernos, comentar algunos acontecimientos iniciados desde finales del siglo XX hasta nuestros días.

La década de los noventa marcaría el devenir político del pueblo por la acción de dirigentes demócratas a ultranza, Fidel y Raúl Castro, los empleados del comunismo Hugo Chávez, Nicolás Maduro, la solidaridad de instituciones subregionales y 56 gobiernos respetuosos de las leyes y los derechos humanos, junto con otros actores y circunstancias de importancia.

Una de las principales preocupaciones de quienes emigran obligatoriamente de su territorio de origen convirtiéndose en desplazados por ausente medio de ganarse la vida en su terruño, es saber si donde les tocará recalar existen oportunidades de obtener el sustento cotidiano que les permita estar con su familia o simplemente les facilite poder enviarles dinero a los seres que dejaron atrás para pronto volver, “cuando retorne la democracia”, expresan esperanzados.

Bien pudieran pensar los lectores que se refiere la reseña a un país lejano con muy pocos recursos para su desarrollo socioeconómico cuyos habitantes nunca conocieron  la libertad, como nada sabían de sus derechos y deberes para una convivencia en paz con sus más cercanos vecinos.

Sin aseverar que no es solo un país el que conozco con tales tribulaciones, resalto ser la venezolanidad a la cual me refiero en cuyas fronteras y por convicción de sus lugareños  acogieron la democracia para desenvolverse cotidianamente.

Al esfuerzo creador de sus moradores se sumó la mano de Dios que la dotó de inmensas riquezas, esplendorosa naturaleza y un clima prodigioso, como vivir en paz y tolerancia con sus paisanos.

Todo ello fue posible hasta que ascendieron al poder a seres de otras naciones protegidos por el engaño de viejas creencias tiránicas; cual lobos con piel de oveja.

En uso de la ley que garantiza el derecho a sus ciudadanos de exponer su nombre al electorado, Hugo Chávez Frías, militar ex convicto por el intento de golpe de Estado contra el gobierno democrático, que fuese sobreseído de la causa criminal junto con sus cómplices por graves delitos que segaron la vida a más de cien personas el 4 de febrero  de 1992, aspira a la primera magistratura nacional bajo el lema “Por ahora”.
A mi entender, craso error político cuando los militares que le resguardaban bajo retención le permitieron dirigirse sin control alguno a la opinión pública nacional e internacional, en cadena nacional de TV luego de recibir órdenes superiores para tal proceder, indican sin reseñar autoría. Todo el país estaba ansioso ante los receptores de TV a la espera de nuevas sobre el chasco criminal.
Para ese momento ya el ex comandante Chávez Frías y Maduro Moros estaban ganados por la dictadura cubana como agentes. Al triunfar en las elecciones de 1998 Chávez, uno de los responsables de la violación del legajo fundador, pasan a ser representantes de la tiranía cubana caribeña en lo que sería el mayor atropello cometido contra una nación y sus habitantes, a quienes hasta hoy han robado sus riquezas, intentan esclavizar a sus parroquianos, subyugan por cualquier vía a quienes no se sometan al designio de ellos, los invasores y sus demoníacos aliados de largas barbas venidos del extremo oriente mundial a través de las Antillas.
En medio de la algarabía ciudadana por el triunfo, y las promesas hechas por el hombre de la esperanzada felicidad que ha de convertirlos en ricos residentes en su pueblo o barrio, el gobierno subrepticiamente continúa con los planes asaltantes iniciados desde el primer momento que Chávez se entroniza en el poder en 1999 al rubricar a José Vicente Rangel,  miembro del gabinete, fraudulentos acuerdos de asistencia jurídica con el gobierno de Cuba para fustigar despiadadamente a inocentes seres.
Con gran pompa el oriundo del pie de monte venezolano informa al país la llegada de una oleada de asesores económicos, educadores  de formación cívica, educación básica, medio ambiente, profesionales de la medicina, maestros de oficios técnico-administrativos, preparadores culturales y entrenadores deportivos; todos cubanos.
Con el tiempo, observaremos asesores de distantes países y hablar extraño. Estos en realidad resultaron ser  en  su casi totalidad formadores ideológicos que pregonan el culto a la personalidad del presidente.
También los entrenadores deportivos para desempeñarse como interrogadores policiales, expertos organizadores de grupos paramilitares, espías civiles y militares, así como expropiadores del bien privado sin respeto de la ley a todos los niveles del Estado central.
Han sido muchos quienes levantaron su voz de protesta a principios de este siglo XXI al observar en las oficinas de identificación y extranjería a funcionarios antillanos girando instrucciones a los empleados del patio, ante el silencio cobarde y temeroso de la mayoría a la que amenazaban.
La fuerza sindical combativa  de los burócratas brilló por su ausencia, pues era cada vez más limitada en seguidores que como siempre militan en el sindicato afín a la tendencia gobernante. También  reclamaban periodistas y vecinos que los observaban en los registros mercantiles y oficinas de asiento de propiedades, anomalía violatoria del estamento jurídico.
En la actualidad los cubanos comunistas, aliados con Hugo Chávez y Nicolás Maduro, usurpan labores militares que deben ser desempeñadas conforme a la ley por los locales.

En tales actuaciones violatorias de los derechos humanos vejan y torturan fundamentados en tendencias bolcheviques de la Rusia de Stalin de principios del siglo XX y la Alemania  nazi de Adolfo Hitler, cercanas a la mitad de la centuria pasada.

La meta común de ambos períodos fue el sometimiento de los pueblos o desaparecer a quienes protestan o adversan; aniquilar su gentilicio, etnia, religión o raza para imponer el  mandato.

La palabra genocidio es cada vez más común en la historia gobernante del mundo moderno.

El presidente Donald Trump, mediante las sanciones, ha logrado reducir al gobernante Nicolás Maduro con la clara intención de lograr una transición en paz sin derramamiento de sangre. Oh, qué felicidad -piensa el ciudadano común-, se van los cubanos, chinos, rusos, coreanos, vietnamitas, noruegos, hezbolá, sirios, iraníes y pare usted de contar.

Los comunistas tienen en las cárceles de la nación a inocentes pagando largas condenas y en su haber miles de muertos en Venezuela.

El título de los acuerdos impulsados por Trump no puede ser impunidad. Este legajo necesariamente debe mostrar el imperio de la ley.

Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro Moros políticamente existen porque se les permitió violar la Constitución reiteradamente. Con el primero al sobreseerle la causa criminal a los miembros del movimiento MVR 200, autores de la acción contra el presidente Carlos Andrés Pérez, que les otorga el derecho a cualquier civil o militar atentar contra la autoridad constituida.

En el caso de Nicolás Maduro, la duda creíble y los procedimientos violados para demostrar no ser extranjero presentando a requerimiento público la partida de nacimiento como venezolano y aclarar fehacientemente que carece de doble nacionalidad para aspirar a ser presidente, lo  convierten en objeto de la justicia.

Sin justa condena y respetada inocencia viviremos por permisivos siempre en el delito.