La Universidad de Nueva Gales del Sur (University of New South Wales, en inglés) está situada en Sydney, Australia y es considerada como unas de las más importantes de ese país. En dicha casa de estudios superiores enseña Timothy Scott Trudgian, quien es matemático, con un PhD en la Universidad de Oxford y cuyas áreas de interés incluyen la Teoría Analítica de Números, la función Zeta de Riemann, la distribución de números primos y raíces primitivas.

El 17 de octubre de 2018 Trudgian escribió un artículo en la revista digital The Conversation titulado «Calculando las probabilidades de una destitución de Trump: no lo apueste todo» («Calculating the odds of a Trump impeachment: don’t bet the house on it», en inglés), en el que, precisamente, estima la probabilidad de marras.

El punto es que el formato conductual de Donald Trump da para todo y no era de extrañarse que en algún momento de su período presidencial tuviera lugar un impeachment. De hecho, hay por lo menos un libro que versa sobre la posibilidad de un impeachment a Trump: se trata de The case for the impeachment (Dey Street Books) de Allan Lichtman, que puede ser traducido como «Argumentos para la acusación», publicado en abril de 2017. El tema con el impeachment es estimar su probabilidad de éxito, hecho que no es irrelevante porque los cálculos y estimaciones de tirios y troyanos, los de allá y los de aquí, encuentran espacio en tal probabilidad de éxito.

La Constitución de Estados Unidos permite la destitución de un presidente por «traición, soborno u otros delitos y delitos menores». La Cámara de Representantes puede votar para acusar a un presidente con mayoría simple. Luego, el presidente así acusado es juzgado en el Senado. Si dos tercios del Senado lo encuentran culpable, el presidente es destituido de su cargo.

Hay 435 miembros en la Cámara de Representantes y 100 senadores. Esto significa que una acusación exitosa necesita 218 votos en la Cámara de Representantes (50,11%) y una remoción exitosa necesita 67 votos en el Senado (67%). En el momento que Trudgian hizo su cálculo, los republicanos controlaban tanto la Cámara de Representantes como el Senado, lo que hacía que el juicio político a Trump fuera extremadamente improbable.

Recordemos que Trump es republicano y que luego de la última elección, celebrada el 6 de noviembre de 2018, el Congreso norteamericano quedó con la Cámara de Representantes con mayoría demócrata (235 demócratas versus 198 republicanos, 1 independiente y 1 puesto vacante), mientras que el Senado tiene mayoría republicana (53 republicanos versus 45 demócratas y 2 independientes).

Ya sin mayoría republicana en la Cámara de Representantes, Trudgian había calculado que la acusación tenía una alta probabilidad de ocurrencia. Sin embargo, en el Senado el asunto es distinto: actualmente, para el veredicto de culpable -y la remoción subsecuente- los demócratas necesitan el voto favorable de 22 republicanos (22 + 45 = 67), lo cual hace que sea bien cuesta arriba.

Antes de noviembre de 2018, con los republicanos controlando ambas cámaras y bajo condiciones de independencia de eventos, Trudgian determinó que si las probabilidades de que un republicano dado (ya sea en la Cámara de Representantes o el Senado) cambiara de bando fueran de 1 en 4, solo habría 7% de probabilidades de que Trump fuera destituido, lo cual es realmente una probabilidad baja. Incluso si esto se elevara a una asombrosamente increíble 1 en 3, lo que significa que un tercio de los republicanos trataría de destituir a su propio presidente, las probabilidades de destitución aún serían muy bajas.

Ahora bien, por los momentos el asunto se encuentra en una fase inicial conocida como «consulta para la acusación» (impeachment inquiry) que va mucho más allá de lo que los demócratas han estado haciendo por meses, pues hay seis comités de la Cámara de Representantes investigando un nutrido conjunto de alegatos contra el presidente Trump. El asunto clave de esta consulta es ganar consenso y sumar republicanos, lo que facilita el tradeoff entre lealtad partidista y el interés nacional.

Matemáticamente hablando, el proceso de consulta altera la independencia de procesos que nuestro amigo Trudgian utilizó como base para materializar sus cálculos, hecho que podría conducir a un cálculo de probabilidades sustancialmente distinto.