La unidad es el más valioso instrumento del que dispone la disidencia para derrotar al régimen. Así parece haberlo entendido la oposición venezolana; la unidad es y debe ser el objetivo fundamental en esta etapa de la lucha contra la dictadura de Maduro. La salida de él y su combo de facinerosos del poder solo es posible con la unidad.

La sociedad civil unida en un movimiento aglutinador de todas las organizaciones y gremios en donde conviven y participan los intereses y voluntades de los que no quieren seguir viviendo bajo las arbitrariedades y demás abusos del régimen, es la forma política que podrá ponerle fin a una era de despotismo, arbitrariedades, violaciones de la Constitución, envilecimiento de las instituciones públicas, al sistemático y artero engaño a la población y a la más profunda ineficiencia operativa del Estado que registra la historia de Venezuela. Ella conducirá a sellar el final del mandato de un régimen que se identifica y representa el pasado, y que, por lo mismo, sus líderes no pueden ser los conductores del país hacia el futuro. En efecto, la agobiante continuidad de errores,corruptelas y omisiones del gobierno en la definición y conducción de las políticas públicas y el asociado despilfarro de los recursos de la nación ha generado un ámbito de riesgos que ha puesto en peligro la supervivencia y la factibilidad del país.

Las alianzas opositoras que se han venido estableciendo forman parte del juego democrático. De hecho, el reciente llamado del presidente Guaidó de construir un Pacto Unitario en el que se establezcan las plataformas de apoyo político a las actividades opositoras, avanza en tal sentido. Ese llamado demanda un cuadro de acuerdos entre diversos partidos políticos y organizaciones de la sociedad civil que se fundamenta en la visión que los intereses particulares, por legítimos que sean, deben darle paso al interés colectivo de ponerle cese a la tragedia que nos ha impuesto el régimen. La vigencia de un movimiento único de la oposición precisamente se debe orientar y fundamentar en tal principio: todos los ciudadanos y organizaciones civiles y políticas opositoras crean la gran alianza nacional y trabajarán para cumplir con el objetivo de sacar a Maduro del poder y posteriormente constituir un gobierno de unidad nacional que garantice la gobernabilidad del país.

Esta actitud política opositora encarna la respuesta del país democrático al bloque gobernante para establecer garantías contra la destrucción del orden constitucional y el hundimiento de una normalidad existencial.

Esta decisión unitaria se fundamenta en el establecimiento de una nueva relación entre Estado y la sociedad que garantice una amplia coalición social y la vigencia de una verdadera comunidad de ciudadanos dispuestos a darle un rumbo diferente a la marcha del país.

Se trata, en síntesis, de construir, con la fuerza que confiere la unidad, un proyecto político para nuestra sociedad que rompa con los conceptos populistas y el estatismo aberrante. Esta visión debe sustentarse en un eficiente sistema de gobernabilidad democrática y en un paradigma de progreso compartido y equitativo para impulsar políticas que permitan superar la destrucción, en todos los órdenes, operada sobre el país; igualmente la pobreza, intolerancia, autoritarismo, exclusión social y arbitrariedad estatal que caracterizan al régimen y, remover, los factores que restringen la libertad de las personas, en su individualidad y como miembros de una comunidad.

Este gran esfuerzo de cambio demanda la participación activa de los agentes sociales fundamentales y la asunción de un pacto de compromiso cívico para la convivencia, la paz y la solidaridad societaria.

¡Viva la Unidad!


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