En el mundo de hoy asistimos a una conspiración desplegada por grupos de intereses “globalistas” sobre los sistemas electorales, que han sido penetrados y manipulados, para favorecer “el nuevo orden”. Estas mafias se valen de acólitos tarifados, distribuidos en diferentes países, para intervenir los dispositivos comiciales con toda clase de artificios e irregularidades que conducen a fraudes.

Esto hay que enfrentarlo porque resulta la más grande tragedia, en el porvenir, alterar sistemáticamente la sacrosanta soberanía popular.

La determinación fundamental de una nación viene jalonada por la voluntad popular, que emana de ella. Hasta la primera democracia del mundo ha sido víctima de manos peludas inmiscuidas en la funcionalidad de las elecciones. Responden a intereses de empresas extranjeras que lesionan la soberanía alterando los resultados. Esto es muy grave.

El voto electrónico no funciona porque está comprobado que puede ser manipulado. Al penetrarse los sistemas electorales se afecta la democracia y se pierde credibilidad en el instrumento vital del voto. No hablemos de Venezuela, en la que desde hace 22 años se han cometido múltiples fraudes por todas las vías, antes, durante y después de los procesos.

Resulta ilógico, volviendo al suelo patrio, que una corporación criminal llame a elecciones exhibiendo la peor gestión de gobierno, señalado de llevar a la población a un empobrecimiento atroz y cometer continuamente delitos de lesa humanidad.

La sociedad venezolana atraviesa por una hecatombe de males resumida en la caída de la economía en 90% en los últimos 7 años y asiste hoy al paroxismo del usurpador que, en su ceguera, estulticia y audacia, quiere seguir medrando con otro simulacro electoral.

La devastación de este modelo ideológico, económico y social debe conducir a realizar un inventario para  juzgar a los responsables y no repetirlo jamás.

Lo que viene es el rescate de la noción de “libertad” que ha sido destruida y potenciar el verdadero y duradero  bienestar general, acatando la igualdad ante la ley, con justicia independiente, corrigiendo, eso sí, los desniveles causados por factores ambientales. Para potenciar ciudadanos libres, productivos y capaces de desarrollar sus proyectos de vida.

Unos funcionarios de la FAES fueron sorprendidos en flagrancia obligando a unos campesinos a cavar un hoyo para enterrar a un productor agropecuario del Zulia sometido a extorsión. La fuerza de la evidencia llevó al fiscal, nombrado por la írrita ANC comunal cubana, a marcar distancia. Se están moviendo los casos en la Corte Penal Internacional que claman justicia para las víctimas de crímenes de lesa humanidad.

El foco de la dirección política emergente y reconocida mayoritariamente por los ciudadanos está puesto en el objetivo de crear la “amenaza real creíble”. El caso descrito es un buen ejemplo. La vieja y remisa clase política, no es cuestión de edad, perdió el foco desde hace mucho tiempo.

¡No más prisioneros políticos, torturados, asesinados, ni exiliados!

 


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