¿Qué es el librepensamiento?

En ocasiones tocaron la puerta de nuestra casa personas que querían predicar su religión. Les dijimos que con mucho gusto los recibiríamos. Que en la primera media hora escucharíamos lo que nos presentaran, y que en la segunda les hablaríamos de nuestras creencias como librepensadores. Lamentablemente no aceptaron, explicando que ellos solamente seguían lo que decía su libro sagrado, y que no podían leer otro texto religioso distinto al de ellos.

En nuestro caso, este hecho nos ocurrió con devotos de tres credos diferentes. La ciencia nos indica que estemos abiertos a investigar todas las posibilidades. Podemos coincidir con distintas creencias. Cada una de ellas tiene aportes importantes en toda cultura de la humanidad. Sus libros cuentan hechos, muy probablemente todos ciertos, pero narrados desde la perspectiva del conocimiento y las creencias que se tenían en la época en que fueron escritos. Ahora los releemos con las sapiencias y discernimientos de la ciencia contemporánea y como librepensadores.

¿Quiénes son los librepensadores?

Los librepensadores son personas que promueven el uso de la razón y el pensamiento crítico por encima de la tradición, especialmente en temas de creencias y han permitido el permanente avance de la humanidad en todos sus niveles. Entre tantos librepensadores encontramos a Voltaire —François-Marie Arouet— escritor y filósofo francés del siglo XVIII, conocido por su ingenio, su defensa de la libertad de expresión y su crítica al sectarismo y a los defensores de “verdades” insostenibles. Otro fue Thomas Paine —pensador político y revolucionario inglés-estadounidense, cuyas obras como Common Sense y The Age of Reason promovieron la independencia de Estados Unidos y la aplicación del pensamiento racional en la religión y la política; Bertrand Russell —filósofo, matemático y activista social británico del siglo XX— conocido por su trabajo en lógica matemática y su activismo pacifista y antinuclear; Elizabeth Cady Stanton —activista estadounidense por los derechos de las mujeres— y líder del movimiento pro voto femenino en el siglo XIX. Promovió la igualdad de género y cuestionó la interpretación tradicional de las escrituras antiguas en las que relegaba a las mujeres a un segundo plano, y Carl Sagan, un astrónomo, astrofísico y divulgador científico estadounidense del siglo XX, conocido por su capacidad para comunicar la ciencia al público en general.

También podemos citar a Simone de Beauvoir —filósofa y escritora francesa, que analizó la opresión de las mujeres y abogó por la igualdad de género; Rosa Parks (1913-2005) —activista estadounidense por los derechos civiles— conocida por su papel en el boicot a los autobuses de Montgomery, que fue un hito en la lucha contra la segregación racial; Gloria Steinem —escritora, periodista y activista estadounidense— figura clave en el movimiento feminista de la segunda ola en el siglo XX; Baruch Spinoza —filósofo neerlandés del siglo XVII— conocido por su obra «Ética», en la que propone una visión panteísta de Dios, y aboga por la libertad de pensamiento; Frederick Douglass —abolicionista y escritor estadounidense, que luchó por la emancipación de los esclavos y defendió los derechos civiles; Martin Luther King Jr. (1929-1968) —líder del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos— conocido por su defensa de la igualdad racial y su activismo no violento; Stephen Hawking (1942-2018) —físico teórico y cosmólogo británico, conocido por sus contribuciones a la comprensión de los agujeros negros y el origen del universo; Yuval Noah Harari (nacido en 1976), un historiador y escritor israelí, autor de bestsellers como Sapiens: De animales a dioses y Homo Deus: Breve historia del mañana, que exploran la evolución humana y el futuro de nuestra especie, y Malala Yousafzai (nacida en 1997) —activista paquistaní por la educación de las niñas y la más joven ganadora del Premio Nobel de la Paz. Estos son solo algunos ejemplos, y hay muchas más personas que han contribuido al avance del pensamiento libre y crítico a lo largo de la historia como el científico Albert Einstein. Son reconocidos como librepensadores a lo largo de la historia y en la actualidad por su compromiso con la razón y el cuestionamiento del dogma y una verdad única o absoluta.

Buda y Jesús de Nazaret

Para la época que les toco vivir no podemos dejar de expresar que Jesús de Nazareth y Buda fueron librepensadores que transformaron al mundo. Para nosotros sí es posible considerar a Jesús de Nazareth y Buda como librepensadores en sus respectivos contextos históricos y culturales. Ambas figuras desafiaron las normas y enseñanzas tradicionales de su época y promovieron una nueva forma de vivir basada en principios de amor, compasión y una comprensión más profunda de la existencia humana. Buda (Siddhartha Gautama), que vivió en el siglo VI a.C., cuestionó las prácticas religiosas y sociales de su tiempo, como el sistema de castas y el ritualismo vacío. Propuso el camino del medio y enseñó el Dharma, que incluye las Cuatro Nobles Verdades y el Noble Óctuple Sendero como una forma de alcanzar el nirvana y liberarse del sufrimiento. Jesús de Nazareth, en el siglo I d.C., también desafió las estructuras religiosas y sociales establecidas, predicando el amor al prójimo, la compasión y la igualdad. Sus enseñanzas, como se registran en los Evangelios, a menudo iban en contra de las normas establecidas por las autoridades religiosas y políticas de la época. En ambos casos, sus enseñanzas y acciones provocaron cambios significativos en las creencias y prácticas de sus seguidores, y continúan influyendo en la vida de millones de personas en todo el mundo.

¿Por qué ser librepensadores?

Un sinnúmero de padres se plantea en cuál creencia educar a sus hijos. Y se preguntan de qué manera pueden lograr que sus pequeños piensen y razonen —en libertad— sobre quiénes son, o por qué estamos en este planeta, o quién creó a los seres humanos o sobre qué nuevas concepciones y creencias han surgido en torno a los avances de la ciencia. Otros indagan: si existe un Dios, ¿cómo comunicarse con esta Conciencia Universal? ¿Qué hacer para evitar el pensamiento único y el adoctrinamiento que cercena la libertad de ideas, de creación y de cuestionamiento de los hijos? ¿Cómo librarse de una educación confesional? O simplemente se preguntan si deben enseñarles la religión que practican sus padres…

Si la Divina Providencia —acorde a la mayoría de las creencias— nos dio su libre albedrío, requerimos de la libertad para poder ejercerlo. De forma que fue el Creador, la Conciencia Universal, o Dios, quien instauró la libertad, y el librepensamiento.

Por el otro lado en la actualidad, no es posible para las generaciones contemporáneas vivir sin las libertades de pensar, de opinar, de expresarse y de elegir valores y derechos humanos imprescindibles, dado el contacto permanente con otros a través de las redes sociales y los medios de comunicación, a la par de los diálogos o tertulias con la inteligencia artificial y organismos cibernéticos.

Para adquirir conocimientos e investigar en la búsqueda de alguna verdad relativa, es fundamental cuestionar las distintas opciones. No existen verdades absolutas, todo puede variar, y debe ser revisado permanentemente, en la medida de que la ciencia amplía el conocimiento universal. Por ello, desde muy pequeñitos hay que enseñarles a los hijos a buscar sus propias verdades, sus propias creencias y formas de pensar, y lo más importante, enseñarles que son ellos quienes deben elegir su propio credo, y su manera de comunicarse con la Divinidad —si llegan a la conclusión de que existe una entidad como Dios— cuando tengan la suficiente sabiduría, y conocimientos para elaborar su propia teoría o aceptar alguna creencia. (Gessen y Gessen, Maestría de la Felicidad, 2024)

Si los padres creen que sus hijos deben seguir los credos o religiones familiares, eso es una opción. Esta práctica ha sido común a lo largo de la historia de la humanidad. Sin embargo, si optan por fomentar el librepensamiento y explorar esta alternativa, es importante comenzar informando a los hijos sobre la existencia de las miles de religiones actuales y la veneración histórica de innumerables deidades. También es esencial explicarles que algunas de estas creencias son más predominantes y que la mayoría de la humanidad se adhiere a diez religiones principales, sin olvidar a aquellos que no creen en la existencia de un Dios.

Los pasos iniciales

Las familias de librepensadores siguen un sistema de educación sobre las creencias que resumimos en dos pasos: En el primer momento se orienta a los hijos desde muy pequeños para que estén al tanto e informados de que existen múltiples creencias y religiones. Se les dice, acorde a su entendimiento y edad, que la mayoría de la humanidad cree en uno o más dioses y practican alguna religión. Y se les señala que algunos creen que Dios o los dioses no existen. Igualmente debemos explicarles cuál es la religión o el librepensamiento de sus padres, y señalarles que es una opción que ellos asimismo deben explorar, porque en las últimas décadas aunque una buena parte de la humanidad piensa en la existencia de un Creador, no forman parte de alguna iglesia o practican algún credo o religión.

En el segundo paso se les informa a los hijos, cuando pregunten o planteen el tema, o si lo consideran sus padres, que las principales creencias, son la religión católica en el mundo occidental y en el hispano, el islam o religión musulmana en el Medio Oriente y África, las religiones cristianas en Europa y América, el hinduismo, en la India, la religión budista en Asia, y otras religiones con algún número significativo de seguidores. Igualmente, que existe a nivel mundial un importante porcentaje de personas que tienen creencias «agnósticas» lo que significa no estar seguro de la existencia de un dios o dioses, manteniendo una posición abierta y suelen tener una amplia variedad de creencias y actitudes sin afirmar con certeza si un dios existe o no. Sin embargo, muchos agnósticos pueden valorar la ciencia como un medio para comprender el mundo natural y buscar explicaciones basadas en evidencia y razonamientos científicos.

En este punto, en el tercer paso, se les debe aclarar a los pequeños que cuando sean mayores de edad decidirán sus creencias, que podrán elegir alguna religión existente o no, decidir si existe algún dios o no, y que estas convicciones que construyen para sí mismos pueden mantenerlas en el tiempo, o cambiar de ideas o de pensamientos, cuando tengan más información que les haga revisar lo que creen.

Algunos focos para tomar en cuenta

Durante la niñez y adolescencia se les debe dar acceso a toda la información que ellos demanden sobre las religiones y estimular que investiguen y estudien acerca de todas las creencias. Esto debe formar parte de su vida de estudiante como cualquier otro tema. Si en algún momento desean rezar, hablar con Dios, pedir su protección, por imitación de lo que observan y aprenden en la vida cotidiana, se les debe manifestar que mientras escogen cuál va a ser su creencia a su mayoría de edad, pueden hacerlo si les hace sentir bien.

«Nosotros —señalan Vladimir y María Mercedes Gessen— les explicamos a nuestros hijos que pensábamos que existía un Creador, una Conciencia Suprema, o Dios, si preferían nombrarlo así, con la cual podían comunicarse. Si conviven en sociedades de mayoría religiosa y en algún momento preguntan si han sido bautizados o bendecidos en alguna religión, se les plantea que eso lo van a decidir ellos mismos cuando quieran, a partir de que alcancen su mayoría de edad o la adultez. Igualmente, si preguntan sobre participar en otro acto religioso como, por ejemplo, en las sociedades de predominio católico, el sacramento de la comunión, se les indica lo mismo, que ellos no pertenecen a ninguna religión hasta que elijan cuáles van a ser sus creencias cuando cumplan su mayoría de edad, normalmente a los 18 años».

Los valores universales

Esta forma de educación exige de los padres un mayor compromiso que la de seguir una religión o imponerles una enseñanza dogmática. Los padres tendrán que instruir y guiar a sus hijos en materias primordiales como la escogencia entre el bien y el mal, basándose en su propia conciencia y en las leyes, doctrinas y principios que se practican en las sociedades en donde se desenvuelvan, como los expresados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

De la misma manera, ante las preguntas de los hijos, se les debe inducir para que ellos busquen las respuestas a sus propias preguntas, ayudándoles a hacerlo. Ante cualquier interrogante, se les debe repreguntar: ¿y tú qué crees? Luego de escucharlos, responderles los diferentes puntos de vista que pueden existir sobre el tema, y conjuntamente indagar en la materia objeto de la pregunta. Al final, conversar con ellos cuáles de los puntos les parecieron más acorde a su criterio, y si es diferente a la opinión de sus padres, respetar su manera de pensar, recordándoles que después de que lleguen a su mayoría de edad podrán escoger cuál será su creencia por el tiempo que consideren conveniente.

La educación confesional

Este tipo de formación se refiere a un enfoque que está vinculado a un credo específico. En una escuela o institución confesional, los principios y enseñanzas se integran en la hoja de vida cotidiana de la escuela y en los códigos de comportamiento en sus alumnos. En casos políticos, el adoctrinamiento de la Alemania nazi es un ejemplo, al igual que en dictaduras o regímenes totalitarios como el de Corea del Norte o la China del “sagrado” libro rojo de Mao Zedong. No podemos dejar de mencionar a los grupos extremistas radicales que forman a sus militantes hasta para ejecutar actos de terrorismo contra personas que no acepten sus credos políticos o religiosas.

Desde las ciencias de la conducta, la educación confesional tiene varias dimensiones. Esta juega un papel en la formación de la identidad de un individuo, integrando creencias religiosas y valores en su autoconcepto. Este enfoque educativo interviene en el desarrollo moral de los estudiantes al promover ciertos valores o antivalores asociados con la creencia en cuestión. La educación confesional promueve una fuerte sensación de comunidad y pertenencia, lo cual tiene —sin duda— un impacto en el bienestar emocional de los estudiantes para bien o para mal. El problema es que suele llevar a la exclusión o al rechazo de aquellos que no comparten las mismas afirmaciones o sus dogmas de fe. Definitivamente, la educación confesional inhibe el pensamiento crítico.

Algunas de estas instituciones se enfocan en la doctrina que se quiera inculcar y en el rechazo de los otros credos. Si bien es cierto que la conexión con una comunidad y una fe compartida ofrece apoyo emocional y sentido de propósito, en la mayoría de los casos también crea tensiones y conflictos relacionados con la convivencia social. Todo dependerá del sectarismo, la tolerancia y la libertad de pensamiento, expresión y acción. De la misma manera, estas creencias religiosas pueden llevar a la discriminación de algunos o a ser segregados por parte de otros. El reconocimiento de esta complejidad y la promoción del diálogo interreligioso e intercreencia, así como la comprensión mutua, pueden ser pasos clave para mitigar los impactos negativos en las personas y fomentar una sociedad con mayor cohesión social y más inclusiva y compasiva. En todo sistema de formación es determinante promover la tolerancia y el respeto hacia los demás, trabajar por la paz y la resolución de conflictos, y desarrollar una comunidad fuerte con conexiones sociales sólidas.

La alternativa

Con el librepensamiento los pequeños se libran así de la educación confesional, y aprenden que sus verdaderos interlocutores, sus padres, son los más aptos para aconsejarles y responder a sus inquietudes y problemas cotidianos. Ellos algún día les agradecerán a sus progenitores que los hayan educado para decidir y elegir su forma de vida en total libertad. Los padres, a su vez, se sentirán orgullosos de haberles dado a sus hijos este tipo de educación.


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