Eso de pedir sanciones a trote y moche, a voz alzada, no tiene resultados tan dulces como los despistados piensan. No es tan verdad que Maduro anda resbalándose en el precipicio de la derrota y el cese a la usurpación por las medidas punitivas de Trump, decisiones celebradas irresponsablemente por todos aquellos que no tienen ni comercios, ni industrias, ni fábricas, ni producción agrícola, ni producción ganadera de carne y leche. Es decir, las sanciones malvadas son festejadas por los flojos, los vagos, los inútiles, los irresponsables y por decirlo de alguna manera, por una parte de la clase media empobrecida y amargada.

Veamos algunos ejemplos de lo que aquí afirmo con tanta contundencia y hasta con indignación.

1. El mercado de los vuelos directos a Miami, Nueva York y otras ciudades norteamericanas representa un negocio de 40 millones de dólares anuales. Allí participaban y sacaban buenos provechos Laser, Aserca y Avior, entre otras líneas propiedad de venezolanos. Empleaban, según informes no oficiales, a más de 5.000 personas.

Laser, Aserca y Avior tenían buena facturación, estaban haciendo negocios y comprando nuevas y modernas unidades. Ahora no pasan de 1.000 empleados y han tenido que devolver aviones que ya estaban en leasing. Se redujo el transporte aéreo venezolano. ¿A quién benefició las medidas? Pues a COPA y a Avianca, que se llevaron la gran tajada.

De los 40 millones de dólares del mercado, ellos se engullen 37 dejando migajas para los venezolanos. Además, los boletos de COPA o de Avianca a Miami cuestan 1.200 dólares en promedio, mientras que los de Laser, Aserca y Avior no pasaban de 500. Así que por ese hecho afirmo que aplaudir sanciones es escupir para arriba y que salga el tiro por la culata.

2. En cuanto al transporte de carga aérea y marítima entre Estados Unidos y Venezuela el precio de los servicios se elevó considerablemente, enfatizo, las tarifas de las importaciones de particulares y del gobierno antes de las sanciones, eran de unos 4 dólares el pie cúbico (no importa el peso) por vía marítima, ahora varían entre 15 y 20 dólares. ¿Quién salió perjudicado? ¿Maduro o los miles de venezolanos que reciben cajas de alimentos desde el exterior?

3. Las sanciones contra Conviasa. Las distintas empresas no pueden darle servicios y certificar los aviones como aptos para volar. Es decir, cuando sea obligatorio una revisión general no lo podrán hacer y los aviones dejarán de volar o volarán sin certificación a riesgo de los pasajeros y las tripulaciones. ¿Quién salió  con las tablas en la cabeza? ¿Maduro o los miles de venezolanos que aprovechaban las tarifas más bajas de Conviasa?

4. En cuanto a las centenares de empresas que le vendían repuestos y servicios a Pdvsa, a la CVG, a Corpoelec y a Hidroven. Suministraban bombas, tubos, aceros, repuestos de todo tipo; químicos, servicios marítimos, en fin, todo un conglomerado. Un mercado de 15.000 millones de dólares que desapareció de la noche a la mañana, conjuntamente con las empresas venezolanas y con los empleos correspondientes. Igual pasó con las cementeras y lo que queda de CVG. Como no hay repuestos ni servicios (las empresas internacionales como General Electric no pueden negociar con el gobierno ningún renglón ni directa ni indirectamente) el sistema de generación y distribución de energía eléctrica empeora cada día, lo mismo que el sistema da agua potable y que no decir de la producción de petróleo que bajó 600.000 barriles diarios debido a las sanciones. Vuelvo a preguntar: ¿quién salió enormemente perjudicado? ¿Maduro o los pendejos que no tienen ni electricidad ni agua y siguen pidiendo más sanciones?

Los maracuchos, por ejemplo. Precisamente esos que no tienen ni tendrán empresas nunca en sus vidas. A ellos  les importa un bledo que el sector privado venezolano se arruine completamente, que desaparezca como si supuestamente al cesar la usurpación aparecerán de la noche a la mañana un montón de empresas y de técnicos (que se han ido por millones debido precisamente a la crisis económica venezolana aumentada considerablemente por las sanciones), cuando la brutal realidad es que posiblemente tardaremos 50 años en recuperar lo perdido. Así que, esa bobalicona y peregrina afirmación según la cual poner al pueblo a sufrir, a mendigar, a pasar hambre, necesidades y calamidades despertará la conciencia de las masas que correrán veloces a derrocar al tirano, no deja de ser una maldición, una pesadilla, una real estupidez.

Recuerdo el cuento aquel de un hombre que para ahorrar dinero trató de acostumbrar a sus caballos a no comer. Cuando todos murieron de hambre el hacendado dijo convencido: “Cuando casi se estaban habituando a no comer nada, lamentablemente  murieron”

Recuerden que cuando la rabia se hizo mayoría y las masas salieron soltando chispas y maldiciones en el llamado Caracazo no fue precisamente las casas de los alcaldes o de los  gobernadores, ministros y diputados las que saquearon con un salvajismo primitivo e incontrolable.  Y si hay otro “carajazo” no tiene por qué ser distinto. Mediten delegaciones pro sanciones.

Por cierto, todas estas realidades se las cantaron al moreno Todd D. Robinson (encargado de negocios de Estados Unidos en Venezuela) por parte de la directiva de Fedecámaras, antes de que fuera expulsado del país, frente a lo cual Robinson solo dijo: Aguanten hasta donde puedan,  pronto habrá una salida. Seguimos esperando, dicen en los pasillos de nuestra máxima organización de la propiedad privada…

Y todavía anuncian nuevas medidas, voy a anticipar algunas nuevas posibles:

1.    Cierre total de operaciones bancarias públicas y privadas con Estados Unidos.

2.    Cierre total de seguros primarios y reaseguros a todas las grandes empresas venezolanas (digamos Polar, EPA, Farmatodo).

3.    Más restricciones a cargas aéreas y marítimas con mayores costos.

4.    Nuevas prohibiciones a servicios a los puertos y aeropuertos.

5.    Nuevo cerco a Pdvsa y al comercio de metales preciosos.

6.    Agudización de amenazas a las empresas de servicios eléctricos y de agua potable con la posible paralización de los grandes sistemas como Tuy I, II y III y hasta del Guri.

7.    Que el Diablo nos agarre confesados (pero bien sancionados).


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