Con la específica y aleatoria forma como el proceso de transmisión progresiva de la pandemia va arremetiendo, contra cada una de las poblaciones, en cada territorio del planeta, y gracias a la tecnología de la información y la globalización de redes instantáneas, nos vamos enterando de sus terribles efectos. Al momento la cifras oficiales de contagiados y de decesos registrados a nivel mundial, según conteo de la Universidad Johns Hopkins, se acercan, al momento de escribir este artículo, a 6 millones de contagiados (5.919 364) , y a 400.000 muertes (364.357).

Según cada singular situación urbanística, demográfica, particularidades socioeconómicas de la población que alberga cada urbe o lugar de congregación humana, nos convertimos en testigos del modo de gestión de gobiernos nacionales, estatales y locales, así como de instituciones oficiales nacionales e internacionales. Observamos también los esfuerzos de organizaciones no gubernamentales, ante devastadoras y múltiples consecuencias. La pandemia fue una de las amenazas contempladas en las agendas de estudiosos, los científicos, futurólogos que discuten sobre el planeta.Sin embargo, el coronavirus sorprendió como agente de exponencial transmisibilidad. No había conocimiento terapéutico inicial de cómo debía ser atendido en las emergencias.

Nuestra apuesta y posición está al lado de las naciones solidarias. Al lado de las grandes mayorías de ciudadanías honestas y solidarias en cada país. Esas ciudadanías debe perfeccionar su organización, y asumir su poder para vencer ésta y futuras pandemias. Más allá de la demagogia politiquera de diminutas sectas o de burocracias inoperantes, y aún a pesar de los tiempos de amenaza que vivimos, los insisten en su pretensiones continuistas y de control dictatorial de nuestras vidas en búsqueda de depravadas apetencias y privilegios, deben saber que nos llegó nuestro momento de asumir la mayor humanidad y solidaridad ciudadanas posibles para desmontar el odio, la represión, y el secuestro de la sociedad.

Todos los seres humanos de bien condenamos la exacerbación del chauvinismo, del racismo, contra cualquier persona por preferencia religiosa, o condición social. Aquellos emigrados a cualquier país, en búsqueda de mejores oportunidades para sus vidas, no pueden ser tratados como criminales. El principal recurso del planeta, nosotros mismos “los seres humanos”, no solo somos el más valioso por todas las capacidades de aportar esfuerzo inteligente, laboral, creativo para sacar adelante cualquier economía, sino que la historia de desarrollo de la vida en el planeta da testimonio que dichas migraciones son expresión dinámica de nuestro ecosistema terrestre en búsqueda de sus equilibrios, debido a múltiples factores desencadenantes. Por ello se deben estudiar, entender y encauzar apropiadamente, para la mayor salud y felicidad posibles.

Las migraciones deben atenderse como el fenómeno sociológico-científico complejo que son. De modo integral y primordial. Cualesquiera sea el país que los haya acogido, debe ser respaldado por todos los demás países del mundo para estabilizar ese sistema regional que, mas tarde o mas temprano, se manifestará luego en otras latitudes.Movimientos de poblaciones siempre han existido y existirán. Expandiéndose, intercambiándose, y retrayéndose sobre los territorios, para sobrevivir, vivir y trascender, generación tras generación en sus hijos.

Ahora que, con la inesperada y fatal llegada del coronavirus a Latinoamérica se nos ha planteado un reto muchísimo mayor de sobrevivencia a los desplazados hacia otros países, y a nuestros familiares que han quedado en la tierra natal, por la afectación de sus economías podemos ser una amenaza o mucho mejor una oportunidad. Al sumarnos a la lucha por la superación de los problemas, con gran responsabilidad, entrega y compromiso hacia la sociedad que nos ha acogido, somos parte de la solución para estas naciones y para nosotros.

Hemos planteado el acometimiento de un “Plan Internacional de Salvación” para asistir a los  países más afectados que esbozamos a continuación para el caso de Latinoamérica y la diáspora venezolana. En la que hemos apodado nuestra “guerra sin bombas”, se estiman salieron unas 5 millones de personas hacia países fronterizos hermanos: Colombia, Perú, Ecuador, Chile, Bolivia y Panamá. Estos son países que en primera instancia debemos atender de inmediato. Los elementos claves son tres: A) Fondo de subsidio en efectivo y pago directo, que se distribuya vía sistema bancario o por alcaldías en los casos de no bancarización de afectados, con fiscalización de ONG. B) Organización y despliegue de Brigada de Asistencia Médica en sitio,  para exámenes preventivos y formativos de acciones de combate a la transmisión del coronavirus. Prevenir bajo supervisión de Ministerio de Salud (en equipos de médicos venezolanos-peruanos, venezolanos-colombianos, o multinacionales, etc., que  en desplazamientos planificados hacia las poblaciones periféricas desasistidas. C) En los sitios de mayor potencial de contagio, como sedes de mercados libres, estaciones de movimiento debemos generar brigadas de ingenieros, arquitectos, también médicos y otros para realizar adaptaciones de pernocta y atención en refugios de los desplazados que han quedado a la intemperie.

Este articulo especial, a manera propositiva de ideas y acciones para ser impulsado por organizaciones no gubernamentales, debería tener acogida entre parlamentarios, y más allá en gobiernos nacionales, regionales y locales, para asumir el reto de una nueva y muy dura realidad a la que nos tenemos que enfrentar, y que apenas comienza.

[email protected]/@gonzalezdelcas


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