Esta cuarentena se convierte en una rara experiencia existencial. Nunca me ha costado tanto escribir como en este día. Quizás el exceso de reflexión sobre el pasado, presente y eventual futuro del país nos llena la cabeza de muchas cosas al mismo tiempo. No es fácil ponerlas en orden cuando la incertidumbre penetra progresivamente en la mente. Ese sentimiento va y viene, aparece, desaparece y pronto reaparece haciendo difícil la visión integral de cuanto sucede.

Este es un pueblo pacífico y bueno, pero la historia está llena de coyunturas que han hecho explotar la violencia en contra de los factores protagónicos y responsables de la tragedia cuando se apodera de la vida común. Algunos focos aparecen en distintas zonas de Venezuela, producto de la lucha que puede extenderse por la sobrevivencia de las personas naturales y jurídicas, es decir, de las familias y las empresas, de la libertad de trabajo en su sentido más amplio.

El recogimiento obligatorio proyecta una imagen de falsa paz. Aunque no hay una “guerra” declarada, tampoco existe la serenidad indispensable para que la vida transcurra con normalidad. Aquí puede pasar cualquier cosa, más allá de lo que ya está pasando. Debemos estar preparados y dispuestos a sumar todo lo que podamos a la tarea del cambio de régimen, indispensable para salir adelante. Ha sido dicho que cuando el destino habla, callan todas las demás voces. Está sucediendo.

Nicolás Maduro y los más altos personeros del régimen tienen que entender la inutilidad de sus pretensiones continuistas. Lo ven y lo sienten, pero no quieren aceptarlo. La incertidumbre con relación al futuro inmediato también se apodera de ellos. Aferrarse al poder por todos los medios a su alcance es la única respuesta que se les ocurre. Están cerrando todas las posibilidades de una solución civilizada, por las buenas. Peor para ellos. El caso de Maduro es patético. Con la nave hundiéndose, parece un náufrago delirando bajo el calor del sol. Esa es la imagen que proyecta en sus abusivas presentaciones en cadena. Enloqueció como el mismo Hugo Chávez, de quien alguna vez dijimos que llegó a creerse el disfraz de cada día. Maduro hoy ya no sabe si es él o sus ropajes.

La construcción de la nueva Venezuela es perfectamente posible en un relativo corto plazo. Pero necesitamos de la unidad bien entendida, encabezada por hombres justos y honrados que, por el solo hecho de estar, le den trascendencia histórica y seriedad a lo que está por hacerse.

Por parte de la oposición, en cualquiera de sus expresiones, hay unas cuantas asignaturas pendientes relativas a la práctica política, a la razón de ser y funcionamiento de los partidos y con relación a los fines mismos de la democracia.

[email protected]

@osalpaz

 


La democracia muere cuando hay censura. Hoy tú puedes ayudar a mantener el periodismo independiente solo con USD 3 al mes. ¡Aporta y sé parte de la solución!


amex logo Master Card logo PayPal logo Visa logo Zelle logo