Guerrilleros pidieron a Padrino López cesar el fuego a cambio de entregar a militares secuestrados
Foto: Prensa Miraflores

Definitivamente hay construcciones verbales que la historia coloca en su verdadero lugar. El tiempo puede administrar la verdadera justicia a sus autores y elevarlos o enterrarlos. El liderazgo nacional, en las verdaderas crisis, crece y se convierte en un gigante para el recuerdo colectivo, o se asumen en un pigmeo institucional, incompatibles con las altas magistraturas nacionales e incongruentes con los encargos constitucionales jurados y son olvidados. Hay frases con las que el viejo Cronos al final los envía con todos los honores y cornetas, directo hasta el cielo reservado en el corazón de sus compatriotas, o  lo arrastra con los berridos de bestias y criaturas del inframundo, hasta el infierno de los felones y los judas. El tiempo hace de juez y te sentencia a ocupar un lugar en la conciencia colectiva en el mejor de los casos, o de verdugo y te arruma en ese foso destinado a los traidores, a los verdaderos apátridas y a quienes entregan el futuro y el destino de las generaciones de sus connacionales a cambio de 30 monedas revolucionarias. Ese lugar lo llaman el basurero de la historia. Este último pareciera el caso del actual ministro de la Defensa en Venezuela.

La frase liberen a los patriotas en boca de cualquier venezolano del común es un reclamo lógico, una demanda de apoyo y solidaridad con los militares presuntamente secuestrados por la delincuencia transnacional que controla parte del territorio y ejerce soberanía en esa ancha franja fronteriza en el estado Apure del lado venezolano; y el departamento del Arauca, en el colombiano. Pero también es un reclamo constitucional para todos los militares, y para el resto de los venezolanos de liberar el patriota que todos debemos llevar dentro del corazón. Excarcelarlo de las rejas de la indiferencia, la ausencia de compromiso y el desdén por esta tragedia política que suma 23 años de revolución es el destino de la demanda. Allí, en la boca del pueblo, la frase se unge de la solemnidad reservada en el tiempo para el marco de la celebridad. Liberen a los patriotas en que se convirtieron cuando juraron defender a la patria y honren ese compromiso recuperando la libertad y la independencia. En la boca del ministro, esa misma expresión cambia. Es una inculpación de sus incompetencias para el cargo, de la ineptitud en las responsabilidades que derivan como responsable del despacho que ocupa en Fuerte Tiuna y de la ausencia de idoneidad para la defensa de la patria.

Hay líderes que la historia los proyecta en la memoria de sus naciones. Y trascienden. El tiempo solo logra extender cada día en la sombra de la imagen que proyectan, la luz de todas sus ejecutorias de esos hombres y esas mujeres, y las circunstancias que representaron. Esta época de interconexión global y de tecnologías de información de comunicación (TIC) pone al alcance de todos, sus nombres, sus méritos y sus tareas para la gloria de los pueblos que representaron. Son hombres y mujeres de Estado que vivieron y actuaron en sus mandatos como ciudadanos bajo la fortaleza y la conciencia de colocar su aporte singular para construir la patria. Esa que ahora los venera, los reconoce y los exalta diariamente en el altar de la gratitud de los pueblos. El altar de la patria.

La guerra y la política en los tiempos duros y críticos de la patria pare los héroes que conducen a la grey por los caminos de la paz y la unidad de la nación, llevando alzadas en las manos bien en alto, las banderas de la libertad, la independencia y la soberanía. Al final de esa ruta, con la insignia de la victoria prendida en el pecho y el reconocimiento de todos los ciudadanos, son ascendidos a la condición de patriotas en la mente y el corazón de todas las generaciones que ellos mismos liberaron. Y nadie mejor que los ciudadanos, libres para gritar cada cierto tiempo de angustias de la patria, cuando el riesgo la expone al desprendimiento traidor de la secesión y la coloca ante el peligro del abismo de la desaparición, la llamada a la batalla. Esa algarabía es el pregón de todo un pueblo. Y en esa marcha, la nacionalidad marca el paso con una vanguardia presidida por los héroes que sentaron las bases en Carabobo, las Queseras del medio, San Félix, Urica, Matasiete, San Mateo, La Victoria, y allí van acompañados también de una larga formación de escritores, científicos, maestros, abogados, ingenieros, economistas médicos, veterinarios, músicos, farmaceutas, estudiantes, amas de casa, etc. y de otras profesiones y oficios que libran sus otras batallas civiles por la construcción diaria del terruño. En ese vocerío que tararea esperanzado el Gloria al bravo pueblo, solo se va lanzando al viento el clamor de… ¡Liberen a los patriotas!

El 13 de mayo de 1940, en un histórico discurso ante la cámara de los comunes del Reino Unido, en plena Segunda Guerra Mundial, el primer ministro Winston Churchill lanzó su histórica expresión “No tengo nada que ofrecer sino sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas”. El contexto de estas palabras en pleno fragor de la segunda guerra mundial fue el de una extraordinaria influencia en la opinión pública británica, preparándola para enfrentarse a una crisis dura y prolongada. Fue un llamado a todo el reino para que se abrieran y enfrentarán con unidad nacional a las rigurosidades de la contienda. Allí estaba vociferado con crudeza un ¡Liberen a los patriotas! La respuesta de los londinenses, en particular, a las incursiones de los blitz nazis a la capital fue una clara señal de patriotismo que se prolongó hasta la victoria al final de la guerra.

En 1940, el 18 de junio para ser exactos, íngrimo y solo, el general Charles de Gaulle hizo una histórica alocución a través de la BBC de Londres, en la cual entre otras cosas expresó: “Pase lo que pase, la llama de la Resistencia Francesa no debe apagarse y no se apagará”, Cuatro años después ese llamamiento, que fue el equivalente al ¡Liberen a los patriotas! dentro y fuera de su país, para sentar las bases y la construcción de la Francia Libre, el movimiento de resistencia desalojó a los nazis y a los traidores de la ocupación, contribuyó con los aliados a la liberación de Europa, y se coronó con la libertad de su país.

Una de las frases históricas del general en jefe José Felix Ribas que se tatúa en el inconsciente venezolano desde los días de la escolaridad, es esta que pronunció antes del triunfo en la batalla de La Victoria el 12 de febrero de 1814, como arenga a los jóvenes seminaristas caraqueños, devenidos en soldados de la independencia… «En esta jornada que va a ser memorable, ni aún podemos optar entre vencer o morir: ¡necesario es vencer! ¡Viva la República!» Ah, ese era un verdadero general en jefe y patriota.

Pudiera extenderme haciendo referencia a más líderes y sus expresiones históricas en los momentos de crisis de sus respectivas naciones, mientras cumplían sus deberes cívicos y los compromisos con sus connacionales. Simon Bolívar, Francisco de Miranda, Antonio José de Sucre, José Antonio Páez, Kemal Ataturk, David Ben Gurion, George Washington, George Patton, entre otros, se hicieron gigantes en el tiempo armonizando sus actos y sus expresiones. Allí están, en la historia. Disponga usted, estimado lector la medida y el lugar para el ministro Padrino. El mismo gnomo institucional de zapatos pulidos, con dos pañuelos, peine y cortaúñas, y con arreos prestados de general en jefe, quejoso y plañidero hacia sus secuaces de botín, y para quien desde hace mucho tiempo los venezolanos dejaron de ser sus compatriotas, cuando abrazó otras banderas, entonó otros himnos y juró otras lealtades.

Liberen a los patriotas se oye más como un quejido camuflado y con media bota de combate, full de condecoraciones y con un lloriqueo uniformado y en correcta posición a discreción, hacia sus compinches políticos y militares de la guerrilla fronteriza.

El ministro se hizo militar en la democracia, juró defender la patria y sus instituciones y ejerció como patriota, buena parte de su vida profesional. En algún momento fue capturado y secuestrado por la tiranía que usurpa el poder en Venezuela. Tiene dos caminos abiertos y dos destinos para huir de sus plagiarios en armonía y sincronización con el lema que están voceando en las redes sociales, con entonación lastimera y llorona.

¡Patriotas… libérense!


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