Leo el informe de 23 páginas de principios de diciembre, que realiza la Unidad de Inteligencia de The Economist titulado «¿Dónde y qué sigue para América Latina?» (Where next and what next for Latin America?).

Para The Economist, los diferentes países que conforman Latinoamérica enfrentan desafíos muy diferentes. Sin embargo, en esta era de digitalización y globalización existe un alto riesgo de contagio de protestas. Por ejemplo y según la publicación, los manifestantes en Chile han utilizado tácticas similares a las utilizadas por los partidarios de la democracia en Hong Kong en sus propios enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. Del mismo modo, las protestas en Colombia parecen haber tomado el ejemplo de las manifestaciones en otras partes de la región.

El punto de The Economist es que en un contexto en el que casi todos los principales movimientos de protesta en 2019 han tenido éxito en forzar grandes concesiones de gobiernos que de otro modo hubieran sido inalcanzables, existe una gran posibilidad de que 2020 sea otro año volátil para Latinoamérica. En consecuencia y en dicho informe, The Economist describe las perspectivas de disturbios en la región en 2020.

The Economist materializa su análisis mediante un «mapa de riesgo de inestabilidad política» que toma en cuenta 7 variables: Desigualdad de ingresos, Seguro Social adecuado, Efectividad de gobierno, Corrupción, Desempleo juvenil (15 a 24 años), Malestar económico y Cambio en el Índice de Democracia. Dicho mapa de riesgo está dividido en 5 regiones que son: muy bajo riesgo, bajo riesgo, riesgo moderado, alto riesgo y muy alto riesgo. A continuación los países según su riesgo:

Muy alto riesgo: Nicaragua.

Alto riesgo: Brasil, Chile, Guatemala, Honduras, México y Paraguay.

Riesgo moderado: Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Haití, Panamá, Peru y República Dominicana.

Bajo riesgo: Uruguay.

Si bien no tengo cifras de emigrados venezolanos a Nicaragua, con cifras del Informe de Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) R4V, de junio de 2019, puedo afirmar que poco más de 15% de los emigrados venezolanos para esa fecha, se encontraba en los países de alto riesgo, mientras que 81% de tales emigrados se encontraba en los países de riesgo moderado y menos de 1% se encontraba en Uruguay, el país de más bajo riesgo.

El punto es importante porque el «Informe del Grupo de Trabajo de la Organización de los Estados Americanos para abordar la crisis de migrantes y refugiados venezolanos en la región», fechado también en junio de 2019, establece en su página 7 y transcribo textualmente, que: «De no haber una solución política, económica y social al corto plazo en Venezuela que permita el acceso a alimentos y medicamentos, la disminución de los índices delictivos, la recuperación del Estado de Derecho que garantice plenas libertades al ciudadano evitando persecuciones generalizadas y una mejora de la economía, las estimaciones son que para finales de 2019 pudiese haber entre 5,3 y 5,7 millones de migrantes y refugiados venezolanos y para 2020 entre 7,5 y 8,2 millones».

Si hablamos de migración entonces la xenofobia y la discriminación son un tema a considerar y al respecto vale la pena referenciar dos informes y un trabajo. El primero fechado en abril de 2019 y elaborado en conjunto por Acnur y la Organización Internacional para la Migración (OIM) titulado «Informe del Representante Especial Conjunto del Acnur-OIM para los Refugiados y Migrantes de Venezuela, señor Eduardo Stein». En este informe se reconoce que hay que realizar esfuerzos más contundentes contra todas las formas de xenofobia y discriminación que están sufriendo los venezolanos que migran hacia distintos países de Latinoamérica.

El segundo informe, elaborado entre enero y junio de 2019 y publicado en julio, se titula «Aspectos claves del monitoreo de protección: situación Venezuela» y en su punto Nº 13, página 24, «Percepción de seguridad y discriminación», se reportan los resultados de una encuesta a un total de 19.600 venezolanos en la que, cito textualmente, «43% de la muestra dijo que se había sentido discriminado en el país de tránsito o de asilo, principalmente debido a su nacionalidad y, en algunos casos, por ser mujer». Dicho punto concluye con el siguiente texto: «Acnur y sus socios han observado que la discriminación múltiple que enfrentan las mujeres venezolanas a menudo tiene connotaciones sexuales, es estigmatizante y, algunas veces, se relaciona con mecanismos de supervivencia negativos (por ejemplo, el sexo por supervivencia)».

En cuanto al trabajo, se trata de uno publicado por el Foro Económico Mundial titulado «The Travel & Tourism Competitiveness Report 2013». En su tabla 12.02, página 455 de 517, titulada «Actitud de la Población hacia Visitantes Extranjeros», encontramos que los países latinoamericanos con menor actitud positiva hacia visitantes extranjeros, para ese año de 2013, eran en orden de peor actitud a mejor actitud: Bolivia, Trinidad y Tobago, Honduras, Ecuador, Argentina, Panamá, Paraguay, Haití, Guatemala, Perú, Nicaragua, El Salvador, Colombia, Chile, Uruguay, México, Brazil y Costa Rica.

Si adoptamos el punto de vista de condiciones de vida, el Índice de Prosperidad Legatum 2019 (The Legatum Prosperity Index 2019) publicado el pasado 3 de diciembre, también puede ayudarnos: de 167 países, Venezuela ocupó el lugar 25 entre los países menos prósperos del globo terráqueo. Según éste índice, la calidad económica ha disminuido en conjunto en toda la región latinoamericana, aunque tal disminución está concentrada en solo 9 de los 25 países que conforman la región.

Pues bien, los países más prósperos que Venezuela y en orden de menos prósperos a más prósperos, son: Nicaragua, Honduras, Bolivia, Guatemala, El Salvador, Cuba, Ecuador, Paraguay, República Dominicana, Colombia, Brasil, Argentina, Perú, Trinidad y Tobago, Panamá, Costa Rica y Chile.

Si algún lector tiene planificado emigrar proximamente, aquí ya tiene algo de información que, sin duda, le servirá para tomar una mejor decisión sobre su destino final. Tenga en cuenta el lector que un país otrora atractivo como Costa Rica, está sufriendo el embate de una migración transfronteriza desde Nicaragua, el único país de muy alto riesgo de disturbios según The Economist.