La expresión que sirve de título a este artículo es un criollismo. Según el Diccionario del habla actual de Venezuela de Rocío Núñez y Francisco Javier Pérez, publicado por la Universidad Católica Andrés Bello, el “palo cochinero” es una sanción o castigo fuerte. La locución deriva de la forma como se sacrifica a los cochinos en los criaderos.

Eso último precisamente fue lo que le dio Leopoldo López a Nicolás Maduro y Néstor Reverol. Al primero lo dejó con los ojos claros y sin vista, y al segundo –quien a comienzos de agosto de este año fue ascendido a general en jefe, el primero en la historia de la Guardia Nacional Bolivariana– lo sacó de su magno cargo como hombre inclemente de la revolución bolivariana, el cual desempeñaba como pez en el agua, y lo mandó a realizar tareas menores e ignoradas por él en el sector eléctrico. El resto de la nomenclatura rojita quedó como pajarito en rama, sin podérselo creer.

No estamos hablando de una escapadita cualquiera. La de Leopoldo fue una evasión histórica; una fuga que deshonra a la dictadura y pone de manifiesto su condición chambona.

La justificada declaración de Carlos Andrés Pérez cuando fue aventado con artimañas de Miraflores antes de concluir su segundo mandato y dijo que “hubiera preferido otra muerte”, no es nada comparada con el descrédito y humillación que ahora experimenta el conductor de Miraflores junto a los demás integrantes de su gabinete.

Pero eso último no es lo más grave. Lo que realmente preocupa a la cúpula gobernante es el mensaje que han recibido los norteamericanos: la revolución no está para nada cohesionada y tiene enemigos en lo interno que ayudan a la oposición a alcanzar sus logros.

Es simplemente inconcebible que una pieza tan fundamental del ajedrez político del país no haya tenido una vigilancia y un control más riguroso. Salir de Caracas y recorrer un trecho tan grande como el que le aseguraba la conexión aérea que lo llevaría en su tránsito final hasta España no es poca cosa. Ello pone en evidencia un amplio despliegue y apoyo de expertos ligados a la oposición, pero también de posibles personeros, militares y civiles, “vinculados” con la revolución que coordinaron acciones para lograr el anhelado objetivo: liberar sin complicación alguna al Santo Grial de los presos políticos.

La colaboración de Estados Unidos y el gobierno español es más que obvia.

Anonadado por la cagada (en el DRAE esta palabra malsonante se define así: “excremento que sale al evacuar el vientre”), un prominente funcionario de la revolución se lanza al ruedo con una declaración que es todo un poema: “López es un cobarde”. La historia está llena de personajes similares que cuando el viento político a su favor cambia comienzan a caminar con el rabo entre las piernas.

Nos alegra por Leopoldo López y su familia pero también por el pueblo venezolano que puede constatar así que nuestra lucha libertaria es en contra de un “gigante” con pies de barro. Tenemos que uncir su logro a la esperanza de un país que padece infinitas calamidades.

@EddyReyesT


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