Cuando el liderazgo político no basta para afrontar las circunstancias, la sociedad organizada debe acudir en su auxilio. Por más de veinte años, de aciertos y desaciertos, hemos librado una lucha titánica contra un modelo político, encargado de destruir nuestro país a nivel social, institucional y político. Ya los partidos están siendo demolidos por el régimen, incluso desde sus interioridades. Así, es necesario que concursen otros factores extraordinarios para el esfuerzo común frente al proyecto totalitario, cosa que el régimen liga no ocurra, porque allí estaría realmente su derrota.

Valga el siguiente ejemplo histórico. Antes del 23 de enero de 1958, no solo actuó la Junta Patriótica, sino que se manifestaron decididas las individualidades y organizaciones religiosas, empresariales, sindicales, universitarias, entre otras. Claro está, hubo discusión y claridad en los contenidos de las líneas políticas y la determinación de no transarse con Pérez Jiménez en ningún plano, y muchos menos realizar negociaciones comerciales con algún dirigente político. Estas dos actuaciones han sido inexistentes hoy día, pues las hemos visto transcurrir con frecuencia en los últimos años y, más puntualmente, los últimos meses. Muchas de las acciones han sido dirigidas a la política unipersonal, o como se diría en el argot coloquial, “la política del ombligo”.

Hoy, es necesario decirlo, las estructuras y hasta las experiencias organizaciones de la sociedad civil son superiores al promedio de los partidos. Tienen no solo alcance nacional, sino gente realmente comprometida con el esfuerzo de resistirse y superar al madurismo, vemos cómo se han organizado para trabajar sobre la ayuda humanitaria. De igual manera, debemos pensar que tenemos a mano otras organizaciones que han resistido de manera heroica todos los abates de este régimen como las organizaciones empresariales sea Fedecámaras, Consecomercio, y hacer el llamado a las distintas iglesias organizadas, la Conferencia Episcopal, la federación evangélica por mencionar algunas, que tienen contacto directo con el ciudadano de a pie. Entendamos que los partidos ya no tienen la presencia de ayer, ni siquiera bajo el modelo consabido del partido de cuadros.

Entonces, se ha hecho inevitable que las organizaciones nacionales y regionales del empresariado, el mundo de la agroindustria o el de los transportistas, con verídica incidencia, concursen directamente y le den sustancia y fundamento a cualesquiera acuerdos unitarios. No es posible que Guaidó no señale una ruta clara y esclarecida, y –mucho menos– no se haya reunido ni siquiera con la dirigencia de las universidades, por ejemplo. La dirigencia real, constante y sonante, lejos de la burocracia gremial que poco o resueltamente nada dice. Este es un llamado urgente para que lo haga de modo virtual o por el medio que fuere.

Este llamado lo hacemos, igualmente, a estas organizaciones, que también deben tomar la batuta, reunirse ponerse de acuerdo, diseñar estrategias y proyectos, que quizás ya los tengan, para presentarlos al país y al gobierno interino de manera pública, para que toda Venezuela las conozca. Si después de esta estrategia de presentación de ideas, la encargaduría no los llamasen o no los tomase en cuenta, sean esta organizaciones quienes llamen a la encargaduría, si Mahoma no va a la montaña, sea la montaña que vaya a Mahoma. De esta manera, y equiparando los pesos no por egos ni posiciones, sino por las circunstancias reales, las decisiones no solo vendrían del sector político, sino de una sociedad realmente organizada. Esta conjunción de esfuerzos señalaría el camino hacia la Venezuela libre que existe, persiste y resiste.

@freddyamarcano

 


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