Por los medios circulan lo que se denominan “teorías conspirativas”. He aquí tres de las más famosas: “la Tierra es plana y la NASA nos lo niega”, “el genocidio de los judíos en el Holocausto, durante la Segunda Guerra Mundial, nunca existió” y “Bill Gates planea usar una vacuna del covid-19 como una forma de implantar microchips en las personas y controlar sus movimientos”.

En mis dos últimos artículos para El Nacional, “Pensamiento crítico” y “Psicología de la mier… coles“, escribí sobre la necesidad de pensamiento crítico en dos contextos: el de la desinformación y el de la basura (bullshit en inglés). He dejado para este tercer artículo compartir con los lectores la no tan fácil respuesta a la siguiente pregunta: ¿Qué es pensamiento crítico?

De acuerdo con Christopher Dwyer, PhD en Psicología en la Universidad Nacional de Irlanda, que está ubicada en la ciudad de Galway, “una de las cuestiones más frustrantes en la investigación del pensamiento crítico es su definición. ¿Cómo puede algo ser  investigado, y mucho menos enseñado, si no sabemos lo que es?” (“9 Descriptions of critical thinking within 140 characters”, Psychology Today, 10 de Julio de 2020).

En ese artículo reseñado entre paréntesis, Dwyer nos suministra dos definiciones complejas de pensamiento crítico y luego pasa a definirlo más sencillamente, a lo Twitter, en versiones de menos de 140 caracteres.

La primera definición compleja es la de que el pensamiento crítico es un “juicio intencional y autorregulador que resulta en interpretación, análisis, evaluación e inferencia, así como la explicación de las consideraciones probatorias, conceptuales, metodológicas, de criterio o contextuales en las que se basa ese juicio” (Facione, P.A., The Delphi report: Committee on pre-college philosophy. Millbrae, CA: California Academic Press, 1990).

La segunda afirma que el pensamiento crítico es “un proceso metacognitivo, que consiste en habilidades y disposiciones, que, cuando se aplica a través de un juicio reflexivo, autorregulador y deliberado, aumenta las posibilidades de producir una solución lógica a un problema o una conclusión válida a un argumento” (Dwyer, C.P., Critical thinking: Conceptual perspectives and practical guidelines, Cambridge, UK: Cambridge University Press, 2017).

Pues bien, amigos lectores, seguramente algunos de ustedes ya se están preguntando, al igual que el tercio aquel en su momento, ¿Y con qué se come eso?

En efecto, Dwayer plantea que tales dos definiciones no son colaborativas, en el sentido de que no ayudan a la audiencia general a hacerle el concepto accesible y “asible”, intelectual y prácticamente hablando.

En virtud de lo anterior, suministra 9 definiciones, más bien descripciones, de pensamiento crítico, dentro de los límites de 140 caracteres. Una de ellas es, a modo de ejemplo, que pensar críticamente es hacer de “abogado del diablo”, o contradictor de causas, si nos atenemos a su origen en los procesos de beatificación y santificación de la Iglesia Católica.

Sin embargo y en opinión del mismo Dwyer, este camino simplificado es tan malo e impráctico como la utilización de las dos primeras definiciones complejas ya suministradas de pensamiento crítico.

Buscando en Internet es posible encontrar definiciones más sencillas y pragmáticas que se ajusten a una audiencia general, esto es, una audiencia no académica. En efecto, me fue posible encontrar tres: la de Lipman, la de Ennis y la de Paul. Vamos a verlas en orden cronológico.

Para Matthew Lipman, el pensamiento crítico es un pensamiento habilidoso y responsable que conduce al buen juicio porque es sensible al contexto, se basa en criterios y se corrige a sí mismo (Critical Thinking: What can it be? Analytic Teaching and Philosophical Praxis 8 (1), 1987).

Según Robert Ennis, el pensamiento crítico es un pensamiento juicioso y reflexivo que se centra en decidir qué creer o hacer (Critical Thinking, Argumentation 14, 48–51, 2000).

Finalmente, para Richard Paul, el pensamiento crítico es pensar en tu pensamiento mientras estás pensando, con el objetivo de mejorar tu pensamiento (Critical Thinking: What Every Person Needs to Survive in a Rapidly Changing World, Jane Willsen, A.J.A. Binker, 2012).

En lo personal, me quedo con la definición de Robert Ennis porque hace evidente que pensar críticamente involucra un proceso de reflexión consciente y deliberado mediante el cual uno toma la decisión de creer o no creer en algo.

Con relación a las estupideces, es decir, con relación a las teorías conspirativas, yo prefiero apelar al Principio de Brandolini, llamado también Principio de Asimetría de la Estupidez y cuyo enunciado es el siguiente: “La cantidad de energía que se necesita para refutar una estupidez es de magnitud superior a la que se necesita para producir esa misma estupidez”.

En consecuencia y utilizando racionalmente mi energía, propongo mejor invertir cacumen, en el contexto del enunciado de Robert Ennis, sobre el Canto Ostinato de Simeon ten Holt, tocado en un “ensamble” de 4 pianos por Jeroen Riemsdijk, Tamara Rumiantsev y Sandra y Jeroen van Veen, en su versión de dos horas y media de duración.

Yo afirmo que el mismo viene cargado de similitudes a merengue venezolano. Y ustedes, ¿Qué opinan al respecto?

 


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