La reciente decisión de 105 países de dar su voto para incluir a Venezuela como miembro del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas produjo, como era de esperarse, gran  decepción en los sectores democráticos de nuestro país y fuera de él. Mucho más si tomamos en cuenta que la votación se produce después de la demoledora denuncia contenida en el informe de Michelle Bachelet como alta comisionada de los derechos humanos de esa misma organización, sobre las muy graves violaciones de estos por parte de las autoridades del gobierno de Maduro, que es el que está representado en dicho consejo.

Desde el momento de su creación en 1945, cuando estaba integrada por  51 países, la ONU ha  tenido un gran crecimiento a causa de la obtención de la soberanía de muchos países, especialmente por efecto de la descolonización, de la desaparición de la Unión Soviética y del fraccionamiento de países africanos, contando hoy en día con 193 Estados miembros. Esta ampliación de la Asamblea General de la organización que podría considerarse como democratizadora ha tenido no pocas veces un efecto contrario debido a la inclinación política de buena parte de sus afiliados.

La Unidad de Inteligencia de The Economist ha hecho una clasificación que agrupa los resultados de 60 indicadores en 5 categorías: proceso electoral y pluralismo, libertades civiles, funcionamiento del gobierno, participación política y cultura política, con la intención de determinar el rango de democracia en 167 países, de los cuales 165 son miembros de las Naciones Unidas. Este índice se viene publicando desde el año 2006 con varias actualizaciones posteriores, la última de 2018. En lo que respecta a la clasificación, de acuerdo con la puntuación, esta se divide de la siguiente manera: países con democracia plena, países con democracia imperfecta, países con regímenes híbridos y países con regímenes autoritarios.

52 países están clasificados como autoritarios (Venezuela incluida) y 38 como híbridos, la mayoría ubicados en América Latina, África y Asia. La tendencia no es precisamente hacia mayor democratización. Estamos hablando de la mitad del planeta, o casi.

Los apoyos logrados por el gobierno de Maduro han estado justamente basados en solidaridad o conveniencia de este tipo de países, así como en la explotación de la orientación antioccidental y en especial anti-Estados Unidos de muchos de ellos. También ha contribuido el apoyo de Rusia, empeñada en aumentar su área de influencia, en especial entre países con gobiernos autoritarios, como el suyo, en los cuales tiene muchos intereses, como es el caso de Venezuela.

El ejercicio de la democracia no es una condición para formar parte de la ONU, y el voto de cada uno de los países miembros de la Asamblea General tiene el mismo peso. Como es sabido, a los gobiernos autocráticos les tienen sin cuidado los derechos humanos que no se caracterizan por respetar. La Declaración Universal de Derechos Humanos contiene unas orientaciones o lineamientos, que no son vinculantes porque no tienen el carácter de tratado internacional. Aun así, esos derechos esenciales han avanzado hasta considerarse como supranacionales y han venido ganando terreno en todo el mundo.

La ONU es el reflejo del mundo que en ella está representado, no cabe duda de que su existencia impone límites a sus países integrantes aunque sean menores que los esperables, como en el caso extremo de su injustificable ausencia en tragedias como el caso de Ruanda o la inoperancia en el caso de la guerra de los Balcanes. Pero también ha tenido importantes logros. Sin la ONU y los distintos órganos que le pertenecen, el mundo sería más anárquico, cruel e imperfecto.