Los seres humanos fueron creados en alguna parte del universo, y estamos diseminados por toda la creación, como lo están muchas formas de  vida en la naturaleza. Somos parte de todo el universo, pero el ser humano está dotado de algo tan extraordinario como es la razón, que nos permite discernir: de dónde venimos, cuál es nuestro objetivo aquí en este plano y hacia dónde vamos.

Estas preguntas han inquietado a  todos los seres pensantes, y cantidad de filósofos, religiosos, teólogos, espiritualistas, han tratado de darles una respuesta a estos interrogantes. Se han formado, en las diferentes civilizaciones, grupos, organizaciones, tratando de dar una respuesta. Cada grupo y organización dice tener la respuesta y la verdad.

En nuestros tiempos hay una  organización llamada Masonería, la cual le presenta al buscador de la verdad una alternativa muy objetiva, basada en los símbolos (son los instrumentos de la albañilería, el masón es un albañil, constructor de su templo interior).

Los símbolos contienen un mensaje iniciático, solo develado por personas cualificadas, con niveles muy elevados de conciencia, basados en el desprendimiento, ser libre,  condición indispensable para comprender las grandes verdades. Es necesario estar desprendido de todo tipo de información profana, ser libre. Libre de dogmas, paradigmas, de egoísmos, fanatismo, superstición, hipocresía, exento de todo error, para que no tergiversar la luz o verdad que recibe.

La masonería es una augusta institución: “filosófica e iniciática”, la primera te enseña a pensar bien y la segunda es el sendero Iniciático o espiritual, basado en los Símbolos. Es una organización tradicional de occidente, obrera, artesanal, y su origen es suprahumano, de donde proviene su influencia espiritual, es un modelo informal de la manifestación. Orden al caos, la luz que ilumina las tinieblas. Está destinada a una élite, no en el término profano, una élite espiritual y cualificada.

La masonería es una  institución dedicada a abrir conciencia para trascender la dualidad. Desde el comienzo, los masones se reúnen en logias, la cual abarca a un número de integrantes. Cuando un profano se inicia en una logia masónica, a partir de alli, su logia , se le llamara logia madre, porque alli naciste de nuevo, y viste por primera vez la luz. Por medio de una representación dramática  llamado rito, nos guía al oriente luminoso. Somos constructores, no se refiere a ninguna arquitectura de tipo mundano, sino a la arquitectura de la vida del alma y del templo interior, un templo hecho no con las manos, está más allá de lo físico. Somos purificados por los cuatro elementos de la naturaleza, simbólicamente, para ser aptos al sendero Iniciático.

Así como la madre naturaleza nos enseña cómo protegerla y colocarla al servicio nuestro sin dañarla y alterarla mediante el ciclo de los tiempos, el agua y el fuego, así la madre logia nos enseña cómo purificar nuestra alma, atravesó de los grados de comprensión, su rito y sus símbolos. Las purificaciones nos llevarán a un centro secreto, donde “la verdad permanece en plenitud”, y esa verdad es un punto en el círculo, que es el centro de nuestra propia naturaleza, que es el “reino divino latente” en todos nosotros, en el cual no hemos todavía podido entrar, y solo se efectuará mediante el sacrificio y la muerte iniciática. Con paciencia, perseverancia y el ciclo de los tiempos llegaremos a los secretos genuinos de nuestra naturaleza.

Con el arte sublime de la construcción, nos llevará al sendero de la “Nueva Jerusalén Celeste”. En el ritual masónico, opera una transmutación espiritual. “Somos piedras insensibles, pero el ritual masónico hace posible que estas piedras sean las más consistentes y vivas con su integración en la construcción de nuestro templo interior dedicado al gran arquitecto del universo” (Alcosery). En mi madre logia, al entrar al templo dedicado a la sabiduría, todo lo ha nivelado la escuadra, el nivel y la plomada, rangos y vanidades quedan afuera, y dentro soy “Querido Hermano Mío”.

Logia madre es donde me he iniciado como masón, de la cual recibo toda instrucción de todos mis queridos hermanos. Tiene en su interior un corazón lleno de amor y fraternidad que un profano no se puede  imaginar. Es una madre simbólica que nos lleva en su regazo espiritual, y nos brinda la luz para que nos orientemos en el mundo profano.

 


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