El tema del Ave Fénix es de suma importancia en este plano físico, instruye a la humanidad en que los acontecimientos negativos no son eternos, siempre hay una ventana por donde se le ve Luz en la solución.

En la actualidad estamos pasando por un momento crítico debido a la pandemia del virus COVID-19 y es natural que estemos angustiados, pero si damos una mirada a la historia, las pandemias han dejado estragos muy profundos: la humanidad, aun sin tecnología y comunicación, superó esos momentos difíciles.

Considero, también, que la vamos a superar muy bien y quedaremos con una conciencia más abierta, la humanidad estará más unida y protegida entre sí. El Ave Fénix proviene de la mitología griega, aunque es posible que tuvo su origen en las regiones de Libia y Etiopía. Esta ave se consumía por acción del fuego cada 500 años, pero luego resurgía de sus propias cenizas. Según el mito, poseía varios dones, como la virtud de que sus lágrimas fueran curativas, una fuerza sobrenatural y control sobre el fuego.

El Ave Fénix es un símbolo del cuerpo físico y espiritual, del poder del fuego, de la purificación y la inmortalidad. Cuando llegaba la hora de morir, hacía un nido de especias, incienso y hierbas aromáticas, ponía un único huevo, que empollaba durante tres días, y al tercer día ardía. El Fénix se quemaba por completo y, al reducirse a cenizas, resurgía del huevo la misma Ave Fénix, siempre única y eterna. Los cristianos creían que era un símbolo de la resurrección de Cristo.

Se dice que en el Edén originario, debajo del Árbol del Bien y del Mal, floreció un arbusto de rosas y allí, junto a la primera rosa, nació un pájaro, de bello plumaje y un canto incomparable, cuyos principios le convirtieron en el único ser que no quiso probar las frutas del Árbol. Cuando Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso, cayó sobre el nido una chispa de la espada de fuego de un Querubín, y el pájaro ardió al instante, pero de las propias llamas surgió una nueva ave, el Fénix, con un plumaje inigualable, alas de color escarlata y cuerpo dorado. La inmortalidad, fue el premio a su fidelidad al precepto divino, junto a otras cualidades como el “conocimiento”.

“Su misión es transmitir el saber que atesora desde su origen al pie del Árbol del Bien y del Mal”, y servir de inspiración en sus trabajos a los buscadores del conocimiento. Según Ovidio, “cuando el Fénix ve llegar su final, construye un nido especial con ramas de  roble y lo rellena con canela, nardos y mirra, en lo alto de una palmera. Allí se sitúa y, entonando la más sublime de sus melodías, expira. A los 3 días, de sus propias cenizas, surge un nuevo Fénix y, cuando es lo suficientemente fuerte, lleva el nido a Heliópolis, en Egipto, y lo deposita en el Templo del Sol”.

Esta extraordinaria ave tiene representaciones en las diferentes culturas antiguas del planeta. Carl Gustav Jung nos explicó en su libro Símbolos de transformación que el ser humano y el Ave Fénix tienen muchas similitudes. Esta ave de fuego capaz de elevarse majestuosamente desde las cenizas de su propia destrucción, simboliza también el poder de la resiliencia, esa capacidad humana inigualable donde nos renovamos en seres mucho más fuertes, valientes y luminosos. “El hombre que se levanta es aún más fuerte que el no ha caído” (Viktor Frankl). El ser humano debe desplegar sus alas para sobrevolar su universo interior en busca de las ramas de su autoestima, la flor de su motivación, de su dignidad, de su amor propio, todo se convertirá en cenizas y resurgirá de ellas, mucho más, grande, fuerte, sabio, con las alas abiertas y mirando de frente la luz. Me atrevo a citar la famosa frase: “Conócete a ti mismo” y dominarás al mundo y sus leyes.

El Ave Fénix es un tema recurrente, que muestra a través de un mito que la idea de la renovación y de reinvención ha estado siempre presente en la historia de la humanidad. ¿Por qué el Fénix es un ave alada semejante al águila?, porque hace referencia a la ascensión, al vuelo, a la elevación de nuestra naturaleza. El Fénix nos habla de nuestro intento de aproximarnos a lo excelso, a lo más alto, a lo que el águila puede contemplar directamente. El fracaso y la muerte son la puerta a un nuevo amanecer.


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