“Te advierto, quienquiera que fueres tú, que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera”. Definamos qué es “autoconocimiento”: auto significa por uno mismo; conocimiento es comprender por medio de la razón. Esta inscripción se hallaba en el Pronaus del Oráculo de Delfos, y se ha ganado el más alto prestigio filosófico, que encierra en pocas palabras un significado muy profundo que está más allá del tiempo y del espacio.

Sócrates aconsejaba dedicarse al conocimiento de sí mismo, antes de estudiar los misterios de los dioses. En Grecia hubo escuelas iniciáticas en los misterios, y muchos filósofos y eruditos de la época se iniciaron en este difícil sendero. Hay un limitado conocimiento sobre los misterios de Eleusis, donde había una experiencia mística ligada a la inmortalidad del alma y el conocimiento de Dios. La frase “conócete a ti mismo” sugiere que el autoconocimiento es un acercamiento a la Divinidad.

Conocer la verdad sobre ti mismo es ser honesto, y abona el camino para conocer lo Divino. “Si quieres ser capaz de reconocer a Dios, debes primero aprender a conocerte a ti mismo”, esta es la vía para conocer la Divinidad. Esotéricamente podemos interpretar la frase “conócete a ti mismo” como un llamado al principio del microcosmos, pues el ser humano es la imagen de la Divinidad y hay una correspondencia con el universo. Hay una leyenda mitológica que nos dice: los dioses preocupados por los bajos niveles de conciencia del ser humano, trataron de esconder “la sabiduría” de la ignorancia de los humanos, porque si está en manos de ellos la destruyen y la usan para el mal. Solo puede estar en manos de seres preparados y cualificados. La escondieron en el centro de la Tierra. La escondieron en el fondo del mar y la escondieron en las alturas de las montañas, y hasta allí el ser humano, por su ambición desmedida, intentó buscarla. En un convenio entre los dioses llegaron a la conclusión de que había un escondite donde el ser humano no la encontraría: “Dentro de sí mismo”, y solo en ese lugar la encontrarán. “Los seres puros y de noble corazón” que se le ocurriría buscar allí. Deducimos de esta leyenda mitológica que “la sabiduría” no la posee ninguna escuela iniciática, ni religión… está dentro de nosotros mismos. Estas escuelas solo pueden instruir y dar pautas de luz, para que la descubra. En ti se halla el tesoro de los tesoros.

La masonería tiene su método de instrucción, es el V.I.T.R.I.O.L., estudio individual para llevarte a conocerte ata mismo. Un significado de “conócete a ti mismo”: para acceder a la sabiduría, el camino es el autoconocimiento. También se interpreta esta frase como el saludo que Dios dirigía a los visitantes del templo, deseándoles la sabiduría. Dentro de la frase “conócete a ti mismo” se encuentran sugeridas las preguntas: quién soy, de dónde vengo y para dónde voy, y sus respuestas la comprenden y la definen cada quien según su estado de conciencia. Si no sabes obedecer, no puedes tener mando, primero debes “conocerte a ti mismo”. Nosotros no podemos desarrollar nuestra naturaleza, si no sabemos cuál es.

“Conocerse a sí mismo” es un camino de perfeccionamiento y es un paso para acceder al conocimiento. Es comienzo de la filosofía. Es colocar el pensamiento en el punto de mando de nuestra vida. En psicología, conocerse es mirar al pasado, y en el sendero iniciático es mirar el presente. Una vida sin reflexión no vale pena ser vivida (Sócrates). Cuando nos conocemos a nosotros mismos, nuestra existencia tiene otro color, así lo dice Epicuro: “Llegará un momento en que creas que todo ha terminado. Ese será el principio”. Esto quiere decir que siempre nos estamos renovando, y saliendo de las dificultades, como nos instruye el símbolo del Ave Fénix, no importa cuántos obstáculos hay, siempre surgiremos de nuevo. Un Iniciado en los Augustos misterios no es cobarde, porque se  conoce  a sí mismo. Conocerse a sí mismo no es tanto conocer las limitaciones, es también conocer la grandeza de nuestro ser interior, somos parte de la Gran Energía Universal, solo que nos alejamos de ella, y no creemos en nosotros mismos. Cuando nos alejamos de nosotros mismos, le estamos colocando un velo a nuestro ser: caminamos a ciegas. El ego nos domina y el arma para dominarlo es el “desprendimiento”. En nuestro interior se halla oculto el tesoro de los tesoros, nuestra Divinidad.


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