Deliberaciones de todo orden, en grupos comunitarios, políticos, gremios, familiares, individuales, y de calle, hablan sin parar de la crisis del país. Todos conocemos por vivencia propia de los problemas sin solución a la vista, y ahora, acompañados por los efectos virales, no de las redes sociales, sino la pandemia y sus consecuencias familiares, y también de la mentira pregonada incesantemente por el régimen, quien no duda en desplegar su brutal esquema de control, con medidas absurdas, se burla y somete a las personas y muy especialmente a los universitarios a sus caprichos

Alguien debería reaccionar y emerger con sus conocimientos y deberes ciudadanos para parar esta tragedia ante la ausencia de decisiones del liderazgo político, el cual es evidente, contribuir a echar al usurpador y de no creer finalmente que las elecciones de la manera como están diseñadas jamás será una solución. Tampoco las organizaciones políticas que hacen vida en la Asamblea Nacional actúan en ese sentido a pesar de sus declaratorias de no apañar elecciones ilegales.

No es una excepción esa percepción por parte de los integrantes del sector universitario. Ya desde hace meses por no decir años, la denuncia fluye abiertamente y ha salido de los muros universitarios, Prevalece la opinión en la comunidad que nos produce verdadera indignación el comportamiento del régimen y la ausencia de escrúpulos para matar de hambre a universitarios, especialmente por la vía de la asignación de los míseros salarios, incluso reducen el salario integral desconociendo acuerdos gremiales, pero que son también de la responsabilidad de las autoridades universitarias.

Las autoridades han desaparecido de los campus, se muestran poco, son discretos en sus opiniones públicas, elaboran comunicados insípidos, luchan entre ellos y las acusaciones de corrupción comienzan a ser documentadas, hechas del conocimiento de la comunidad y ahora del país. Ya se hacen comparaciones odiosas con el comportamiento oficial, y los hechos como fantasmas recorren los pasillos vacíos de las universidades. No hay respuestas, sino argumentaciones al voleo, desvíos informativos centrándose en el problema eterno del presupuesto y en la desastrosa política remunerativa impuesta por el Estado usurpador.

Se habla de la sublimación de las autoridades ante el régimen, están actuando como ministros sin cartera donde cada universidad parece un ministerio del régimen, como tales asisten al Consejo Nacional de Universidades y le rinden cuentas y pleitesía “al señor ministro”, funcionario desclasado e incompetente, que toma decisiones orientadas a la quiebra universitaria. Sus efectos son evidentes, éxodo de cerca de la mitad de los docentes e investigadores al exterior en busca de salarios y actividades dignas, más de la mitad de la población estudiantil desertó o se fue también. Los que quedan no reciben atención y la actividad académica es irregular y eterna. Los profesores que se quedan adscritos virtualmente son los menos desarrollados en la meritocracia universitaria, generalmente profesores convencionales, y como si fuera poco, con una estructura administrativa en la que la fuerza laboral –incluyendo la de los servicios y obrera– es dos o tres veces la docente, Todos, dependiendo de los ingresos magros que esperan quince y último desesperadamente.

Las actividades académico administrativas deterioradas y limitadas, entonces el clamor de insatisfacción puede sintetizarse en las expresiones como: “Esto verdaderamente es insólito, preocupa, y por eso hay que preguntarse quién tiene la culpa. Además del gobierno, tienen responsabilidad directa, por omisión, los responsables de nuestra casa de estudios que tienen la guarda y custodia de la misma. y allí es donde tienen mucho que decir, y no lo han hecho, las autoridades universitarias”.

La estructura física de la universidad se ha convertido en áreas depredadas como pueblos fantasmas, saqueadas sus instalaciones, bienes, equipos de investigación y bibliotecas destruidas; invadida por la delincuencia y convertidas sus áreas en territorios sin ley y tierra de nadie. Es impactante vivir la desagradable impresión de caminar por sus espacios, jardines que son basureros, árboles muertos, caminerías rotas y de libre tránsito de motos por los pasillos, sin baldosas y huecos en sus calzadas originales, destrucción de las edificaciones, fachadas convertidas en muros con grafitis, ranchos, y estructuras improvisadas de zinc y mampostería, áreas públicas y deportivas insoportablemente deterioradas Declaraciones inútiles de las autoridades universitarias intentan disimular su incompetencia  de haber mantenido la universidad como ha sido su responsabilidad y no lo han hecho.

La actividad formal de su dirigencia se reduce a hacer presencia eventual en las inútiles reuniones de Consejo, a compartir con decanos en buena medida suplentes, con representantes profesorales eternos y estudiantes de alta rotación, que prefieren los ambientes externos en búsqueda de potenciales representaciones en alcaldías y la asamblea.

En realidad, toda esta situación complementa la clara cohabitación con la excusa que la universidad sobreviva, pero en el fondo es colaboración con el régimen por aquello que sus ductores afirman: “Es mejor malo  conocidos que bueno por venir,” y es así que han pasado largos  tres períodos de dirección, que acumulan casi trece años,  los últimos nueve sin convocar a elecciones de autoridades, tomando solo como argumento que un tribunal ilícito, por cierto, les obliga a permanecer hasta que se haga un reglamento que permita la igualdad del voto de empleados, obreros y estudiantes en la misma proporción que un docente investigador. Qué locura, puesto que esa decisión permitiría, sin ofender, que obreros y administrativos y todos los estudiantes, nuevos o avanzados elijan a las autoridades.

Ello pone en evidencia que las autoridades no asumieron en su momento su responsabilidad con  el trajinado argumento de la autonomía universitaria, han aceptado a rajatablas la ilegal decisión de un tribunal supremo también ilícito, en consecuencia, han debido ejercer su derecho autonómico, sin miedo a las represalias y multas para renovar las autoridades; pero no lo hicieron y cómodamente alargan el tiempo y ni siguiera se toman el trabajo de actuar como dirigentes rectores de la sociedad y vigilantes críticos de la cosa pública para señalar cursos de acción en el país. De tal manera que ni siquiera tienen poder de convocatoria, no influyen en la sociedad civil  con la excepción de algunos universitarios que por su condición de afinidad con el gobierno  interino  han establecido una simbiosis y han tomado iniciativas, sus integrantes proveniente especialmente de universidades privadas detentan cargos y modelan a su parecer a la opinión pública, pero el resto de autoridades universitarias ni siquiera influyen, ni se involucran en las calamidades públicas como la pandemia, que como centros de investigación deberían estar llamados a disponer de importantes iniciativas; pero en general nada ayudan, son invisibles.

Su poca iniciativa comunicacional la asumen los organismos gremiales, donde generalmente sus objetivos han sido cambiados para el solo reclamo laboral; tampoco hacen elecciones para su renovación, incluyendo la llamada asociación de rectores universitarios, siendo su intervención más bien simbólica, sin determinación en sus expresiones orientadas a sustentar declaratorias de  paz y cultura, dejando de privilegiar el tema nacional y del futuro inmediato de las universidades, las cuales requerirán a mediano plazo de toda la  competencia universitaria, obviamente renovando sus estatutos y cuadros de dirección.

Nada se dice de los problemas nacionales, recientemente un grupo de profesores tomó la iniciativa de involucrarse y desafía a las autoridades por su inercia, pero el problema nacional administrado bajo el potencial esquema de un gobierno  transitorio es de una magnitud tan grande que se convierte en un formidable reto, por ejemplo, educar a millones de niños requiere de la formación masiva de maestros y profesores bajo la limitación que la fuerza magisterial está menguada y sus remuneraciones  son totalmente inadecuadas. Es imprescindible la revisión de la organización de las universidades e institutos tecnológicos y la reconstrucción  de las instituciones universitarias, un plan de ajuste ante la dispersión masiva de cientos de universidades o aldeas universitarias creadas al voleo con pésima calidad en su desempeño, la revisión de la concentración de universidades oficiales en las ciudades venezolanas apiñadas en la misma calle, con estructuras directivas, departamentos, decanatos repetidos y carreras similares.

Es necesario abordar el tema de millones de egresados sin competencia alguna, exhiben sus títulos como credencial profesional con la cara del iniciador de la revolución; reconstruir centros de investigación, laboratorios y hospitales, e igualmente, resolver la mengua de docentes e investigadores muchos de los cuales no van a regresar, pero una fuerza importante de ellos, incluyendo a retirados deben ser llamados y ser reincorporados a la formación profesional y docencia universitaria. Es imprescindible resolver los problemas legales y reglamentarios para acoplarlos a las nuevas realidades, incorporar a miles de profesores competentes, retirados del ejercicio de la docencia, pero que representan un gran potencial en la emergencia educativa para la formación de cuadros nuevos. Todo un reto, que sepamos, ni una letra se ha dicho sobre este particular por parte de autoridades actuantes.

La comunidad unida traza planes para la necesaria y urgente renovación del liderazgo universitario, de cambio del modelo político, de restitución de la verdadera autonomía, de nuevos directivos universitarios para contribuir con el cese de la usurpación y promover los procesos de reconstrucción nacional, todo un ejercicio de cambio que requiere de nuevos enfoques para renovar líneas estratégicas de desarrollo que la mayor parte de las autoridades universitarias cansadas de tanto gobernar no pudieron acometer.


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