Guyana era uno de los países más pobres del hemisferio occidental. Imperceptible, logró un repunte sin precedente gracias al litigio antiguo con Venezuela. Manejado por el totalitarismo, al mando de Fidel Castro, condujeron a Chávez y su sargentería posterior a un abismo, para beneficiar a la nueva potencia caribeña y despojar a Venezuela de la zona del Esequibo.

La demostración última ante la Corte Internacional de Justicia nos traslada al primitivismo diplomático, presentándose ante el organismo encargado de dirimir la controversia en carrozas oscuras, tenebrosas, portando numerosas maletas, como si se tratara de un concurso de metros en valijas y en promontorios de papeles, sin orden ni explicación alguna.

En medios periodísticos se comenta que a Guyana le ha tocado un premio gordo de la lotería, al ofrecer la tiranía venezolana, en bandeja de oro rojo, el puente para instalar la explotación, sin atender que es una zona en reclamación desde hace dos siglos.

Aprovecharon 25 años de políticas erradas, delirantes, obtusas, de sorteos de soberanía y entrega. No solo es condenable lo de Guyana. Venezuela fue repartida en pedazos al comunismo terrorista internacional.

Mientras Pdvsa fue destruida y saqueada, Guyana con 800.000 habitantes tendrá un PIB similar al de Arabia Saudita. Buen negocio el coqueteo del socialismo del siglo XXI. Luz en el exterior, penumbra y sufrimiento dentro.

Señala la agencia Fith que desde 2019 hasta hoy, el PIB pasó de 5.170 millones de dólares a 14.700. Un crecimiento de aproximadamente 183%. Han saltado de la economía de subsistencia a ser la de más rápido crecimiento mundial.

Mientras Venezuela gastaba millones de dólares en un truculento referéndum, alocado y sin apoyo popular alguno, Guyana maneja una economía radiante, con un voluminoso presupuesto para infraestructuras con el que acercan a los más grandes inversores globales. Su población migrante está regresando masivamente al país. Empleos por las inversiones en agricultura, transporte y vivienda. Es notable el desarrollo debido a un plan económico que ofrece seguridad jurídica.

A pocos kilómetros se visibiliza un país quebrado, con una deuda externa silenciosa y que también ha sido producto del inmenso saqueo. Con militares ensombrecidos por la piratería de sus jefes. Los Noriegas suramericanos con un mazo amenazando, como solía hacerlo el tirano panameño.

El Esequibo es venezolano, reafirma la líder de la oposición venezolana, que ostenta una larga tradición de lucha. Desde el parlamento visitó la zona en reclamación y ratificó la solución pacífica para preservar íntegro el territorio nacional. Una reclamación basada en el andamiaje jurídico y político que maneja a la perfección. Ofrece apoyo con sus equipos, para realizar una defensa en conjunto con los mejores expertos que aglutina en su plataforma unitaria. Eso no interesa a las charreteras supremas que temen acercarse a cualquier frontera debido a las extensas y detalladas solicitudes por su participación en actos no precisamente en defensa de la patria.

El nuevo paradigma guyanés contrasta con un modelo fracasado de un socialismo real desboronado, con una industria petrolera quebrada, que debe importar gasolina, alimentos, sin producción alguna y en el cual solo invierten los interesados en el lavado de dinero y las prácticas corruptas sostenedoras del régimen.

Una muestra vislumbra un perturbado botón:

Ausencia de libertad económica.

Inseguridad jurídica.

Agresión institucional contra “el libre ejercicio de la acción humana”. Incluye el irrespetó a la propiedad privada y la libre actuación política.

Emigración y pobreza generalizada.

La interpretación de los datos macroeconómicos asusta a las escuelas más importantes como la Austriaca.

Se requieren numerosas reformas mediante el consenso político que reclama 90% del país, al que no le permiten ni siquiera inscribir a su candidata, con programa para el retorno a la paz, el predominio de la justicia para la gobernabilidad democrática. Un Estado liberal.

La estabilización expansiva de la economía. Políticas de control al latrocinio.

Reestructuración de la deuda pública y reforma a la ley de hidrocarburos para permitir la llegada de capitales extranjeros y eliminar el bandolerismo marítimo-petrolero, que utiliza fórmulas arcaicas, pero altamente rentables. Corsarios del terrorismo mundial. La libreta donde anotan los barriles cobrados solo ha cambiado de manos y ahora está directamente en Palacio y se refleja en el dinero de las maletas.

Desaparición del Estado feroz y de las más de 160 empresas en manos expertas solo en el robo y el matraqueo.

Guyana se apoderó ilegalmente de nuestro territorio. Persiste una defensa territorial equivocada. Hay que retornar al mundo de las relaciones internacionales con los expertos que ya tienen los estudios para emprender esta tarea liberadora de tanto sacomano.

En conclusión, gracias a este modelo de entrega Guyana ahora es rica y nosotros con cifras inferiores a las de Corea del Norte.


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