Vuelvo a escribir sobre lo mismo. Lo hago a conciencia por la necesidad que tenemos en esta Venezuela nuestra, de reaccionar definitivamente para hacer realidad el cambio necesario. Nadie en el mundo tiene dudas acerca de la dictadura, de la restricción de los derechos humanos fundamentales, empezando por la libertad y la seguridad personal y jurídica de la gente y, en consecuencia, del peligro presente sobre la existencia misma.

El masivo éxodo de compatriotas, más de cuatro millones, hacia distintas partes del planeta, especialmente buscando lo que han perdido especialmente en países vecinos al nuestro, es un reflejo fiel de lo afirmado. A los que seguimos aquí en esta sufrida patria y a quienes están en el exterior, solo nos queda tomar actuar sin vacilaciones para enrumbar hacia lo positivo todo lo negativo del presente. Si queremos conservar lo mucho o poco que nos queda, tenemos que despertar definitivamente e integrarnos a la lucha que por la liberación nacional se desarrolla dentro y fuera de nuestro territorio.

Se puede morir en vida. Cuando alguien pierde sus anhelos y sueños deja el camino abierto a la muerte, aunque permanezca con los ojos abiertos. Nicolás Maduro Moros tiene que ver la inutilidad de sus esfuerzos para mantenerse en la posición usurpada. Cada día dice más disparates y pareciera actuar en consecuencia. Ahora ataca a gente cercana a él, pero que no son incondicionales sirvientes. Se está agotando la paciencia de todos. Como he dicho en otras ocasiones, especialmente de aquellos que sin haber sido sus cómplices tampoco eran sus enemigos.

El abuso de poder no ha tenido límites. Recomiendo leer el artículo de esta semana de Miguel Henrique Otero en la edición web de El Nacional del domingo pasado. Hace un riguroso inventario de lo que estamos viviendo. En especial en relación con los medios de comunicación y la libertad de expresión. Pero, en definitiva, el tipo parece un náufrago sediento y delirante, con el sol en la frente. Está delirando, enloqueciendo. Ya no distingue entre él y quien usa sus ropajes.

Llegamos al momento más difícil de los últimos 20 años. O avanzan ellos o avanzamos los demócratas. El tiempo está jugando un papel muy importante. A estas alturas no valen las medias tintas. Recordemos que la “imparcialidad” es frecuentemente el disfraz tramposo de los oportunistas.

Ha sido propuesta una consulta popular, suerte de plebiscito nacional, para que no queden dudas sobre la decisión de la gente. Sería al margen de los instrumentos oficialistas conocidos y con activa participación internacional. No es difícil prever el resultado por lo que los usurpadores se opondrán con todo. Pero con consulta, o sin ella, saldremos adelante para poner punto final al más terrible fracaso de que tenga memoria el continente americano.

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