De lo que se conoce de esta extensa como exitosa travesía emprendida por Juan Guaidó, debemos destacar la importancia que ella tiene desde la óptica estratégica y la oxigenación que le suministra tanto a los ciudadanos como a la propia dirigencia política. De la misma manera, se arraiga su liderazgo, se dispara el optimismo y motivación entre sus prosélitos, pero con tiempo de expiración en ambos casos. Queda momentáneamente fuera de juego cualquier aspiración de sucesión. La mesita se hace cada vez más microscópica, casi invisible. Se consolida la Asamblea Nacional que obtuvo 100 votos el 5 de enero en la sede del diario El Nacional.

Destacar, también, la eficacia como procedieron los funcionarios diplomáticos del gobierno provisional venezolano, quienes organizaron todo lo enmarañado que implican los empalmes de esa magnitud en tiempo récord y bajo un absoluto manto de confidencialidad; nada podía salir a la luz pública. Es importante resaltar este punto que puede pasar inadvertido para algunos, pues ello es la mejor expresión, es una evidencia de lo que existe detrás de esta lucha sin brillantez, de zancadillas y disfraces. Son profesionales capacitados, compatriotas altamente preparados, de elevado nivel intelectual para enfrentar la crisis con celeridad y eficiencia una vez que el líder democrático asuma el poder en toda su plenitud. No es nada sencillo, por ejemplo, que altos dignatarios de los países más poderosos del planeta accedieran en la brevedad del caso a abrirle la puerta de par en par al joven mandatario, además con una afabilidad no muy común. Allí se anotan: el presidente de Colombia, Iván Duque; cancilleres del Grupo de Lima; Mike Pompeo, secretario de Estado de Estados Unidos; Boris Johnson del Reino Unido; Ángela Merkel de Alemania; el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y Justin Trudeau de Canadá, por mencionar tan solo algunos.

¿Para qué sirve y qué importancia tiene todo esto? Sin la menor duda, este es un apoyo esencial para lograr los objetivos. Permítanme un inciso para agregar que ningún líder nuestro, nunca antes, realizó una visita internacional de tanta acogida y recibido tanto apoyo como el obtenido hoy con el propósito de lograr la salida del poder del usurpador y sus adláteres. Sin estos respaldos no existiría fuerza humana posible para que retorne a nuestro país la libertad. Por estas circunstancias, considero que el planteamiento más trascendente y digno de subrayar es la frase muy lejos de la épica, de la epopeya, de las proezas: “Nosotros solos no podemos”. Llano enunciado de una perfecta exactitud.

Los hechos del pasado, esos que muchos han criticado porque habían fracasado, hechos inútiles calificados injustamente y a la ligera de torpeza política, son las raíces de estas palmas. Según aquellos, nuestros castos dirigentes fueron engañados por las perspicacias de Maduro Moros, Cabello y los hermanos Rodríguez. Me refiero a todas las acciones llevadas a cabo durante los últimos cuatro años: referéndum revocatorio en contra de Nicolás Maduro. A la par, las protestas de calle que trajeron como consecuencia la muerte de cientos de jóvenes. Presos, torturados, desaparecidos, exiliados, hostigados… diálogos, intentos de negociaciones, de un alto costo político para la oposición. Ahora, si todos estos pasos no se hubieran dado, si no se hubiera hecho lo que se hizo, hoy no tuviéramos el respaldo de más de la mitad del planeta, por la sencilla razón de que nos hubieran preguntado, ¿qué es lo que han hecho ustedes para recobrar la democracia?

En definitiva, el desenlace de este drama que vivimos hoy radica, estriba, consiste, gravita, en que “nosotros solos no podemos”; ese es el quid del asunto. Sin que esto signifique que la oposición democrática no continuará haciendo su trabajo en búsqueda de unas elecciones libres, limpias, sin tramposerías. ¿Cómo resistirse, si más del 85% de los venezolanos desea un cambio político radical?

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