La precariedad con la cual resistimos los venezolanos no alineados con el socialismo (y que no planeamos emigrar) incluye desasistencia sanitaria, jurídica e institucional. Aparte, no tenemos representaciones opositoras en las cuales confiar. En nuestro corrompido ambiente político, los jóvenes que han adquirido notoriedad solo buscan acomodos.

Terroristas al mando en Venezuela y opositores presuntos carecen de discurso lógico-filosófico. Sus frases son decadentes, insustanciales, a veces estúpidas y en otras ocasiones ridículas. Los que tienen el control de la mayor parte del botín están obsedidos por el poder, que, según afirman, solo dejarían ya muertos. No ofrecen un proyecto político-económico, sienten exhibiéndose como fétida supremacía, con cada acto delictivo que cometen se fortalecen. No tienen sesos para asuntos que no sean matar y robar. Insuficientes de razonamientos, pronuncian, una y sucesivas veces, los mismos slogans de celebridades fallecidas.

No son adversarios. En la inercia del pugilato político, quienes se aproximan al poder de mando lo hacen previa simulación opositora. Empero, temprano cambian el discurso incisivo o moralizante por otro cómplice o fomentador de nuestra destrucción moral y material. La nación venezolana no les duele. Sin pundonor, hasta los más viejos  asoman sus rostros o se presentan para adherir (coquetos) a criminales organizados.

El Estado comunal fue instaurado en Venezuela. Lo palpo y padezco. En cada rincón del país, comisarios de cártel tienen por tarea mantenernos en censo permanente. Algunos admiten que el pueblo ha sido esclavizado y sufre. Con ellos interactúo esporádica y espontáneamente, y siempre les digo que el control social con fines políticos no tiene objetivos humanísticos o libertarios. No me refutan.

Cuando discierno que figuras opositoras son falsos positivos, el establishment pareciera celebrármelo. El funcionariado del crimen organizado hace bromas con personalidades políticas que tienen acríticos adherentes o seguidores. Intuyo que nuestra inédita situación es muy explosiva. Los servidores del régimen de gobierno proyectan emigrar, se conectan para legitimarse ladrones. Lo hacen y pronto alguien influyente del cártel le propone participar en el negocio sucio de acaparar medicinas, alimentos y tecnologías para revender a precios que impactan mortalmente el presupuesto del asalariado.

La organización social es fundamental para cualquier república. En cualquier situación, los seres humanos nunca perdemos el instinto del animal irracional. Nos acercamos unos a otros para idear formas de supervivencia. Los más fuertes tendrán tareas compatibles con sus habilidades físicas. Infantes, viejos, discapacitados o enfermos terminales esperarán ser atendidos. Pero, sostengo que en Venezuela la casta apropiadora del Estado no quiere el bienestar del ciudadano sino experimentar con él. No soy tremendista fuera de mis ficciones literarias. Algo terrible ocurrirá.