Por enésima vez topamos con el mismo falso dilema, ¡hasta cuándo será!, promovido groseramente por la usurpación, con la repetida baraja –simple renovación de su maniobra continuista– de presionar para que cavilemos entre participar o no en otra farsa electoral, y si lo hacemos la convalidaríamos con nuestra “cándida” participación.

El camino electoral ciertamente es la vía pacífica y democrática por excelencia con que cuentan los ciudadanos para dirimir sus conflictos y lograr la gobernabilidad perdida. En estos 21 años aciagos esa vía fue arteramente destruida por los usurpadores de la voluntad popular.

El clamoroso triunfo logrado en 2015 en el Parlamento por la opción democrática fue inmediatamente boicoteado por el narcorrégimen, anulando la proclamación de tres diputados para tumbar la mayoría calificada y posteriormente declarando a la AN en desacato. Lo mismo ha ocurrido con los mandatarios locales y regionales al nombrarles inmediatamente un protector y quitarles los recursos. También el manotazo o robo de la elección de Andrés Velásquez en Bolívar y Juan Pablo Guanipa en el Zulia son elocuentes ejemplos.

El mecanismo electoral definitivamente fue pervertido. Ya la oposición tenía eso más que claro sobre la imposibilidad de celebrar elecciones limpias con la usurpación en el poder, con las mafias controlando el CNE, las armas, el dinero, la justicia, los medios y el territorio.

Las horas menguadas con sus días y noches de estos 21 años de ignominia, no pueden hacer languidecer  nuestro sentido de la vida y convertirnos en seres-para-la nada, sin capacidad de revelarse para producir un cambio; e irnos conformando a un orden criminal y clientelar de reparto de mendrugos.

Los troperos que rompieron su juramento y lealtad a la democracia, venían rotos y encandilaron al pueblo con el evangelio marxista de alcanzar instantáneamente una riqueza fácil sin trabajar, le nublaron mente, vida y porvenir con los fuegos fatuos de la mentira pertinaz, reñida siempre con la verdad, el trabajo productivo y la honestidad que promueven auténtico progreso, mientras la claque ahíta de poder se empeñaba en la sin precedente empresa monstruosa de saqueo del erario público y de corrupción de la vida política extendida con mendrugos a todos los niveles del tejido social.

El bagazo que deja la ignominia y la afrenta a una nación es una cola de hambrientos y la destrucción pura y simple de toda institución e instancia que genere bienestar y progreso. Ha sido la vil maniobra del secuestro cuartelario de la soberanía popular y la ocupación de una nación para convertirla en santuario del crimen organizado nacional e internacional. Su propósito nunca ha dejado de ser la demolición de los fundamentos de la democracia, suprimir los logros de la descentralización y reprimir toda disidencia junto con regimentar el pensamiento.

¡Liberen a Maury. No más prisioneros políticos, torturados, asesinados, ni exiliados!


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