Lo que se sabe de los guerrilleros colombianos refugiados en Venezuela
Foto: Luis Acosta / AFP

El mercado ilegal de armas en el país vecino data de hace más de 50 años. Este es un nicho activo que alimenta no solo a la guerrilla y bandas para-militares sino a otros enclaves de delincuentes que el país no ha logrado neutralizar. La inteligencia preventiva de los órganos oficiales nunca ha sido demasiado eficiente en este terreno, lo que juega a favor del comercio irregular y es por ello que el conjunto de normas para regular la actividad de compraventa de armamento y munición que sí existe en Colombia no ha servido realmente para mucho.

Ello explica que el país colombiano se pone en guardia cuando se comienzan a observar movimientos que indican que se estaría preparando una compra masiva de material bélico para alimentar a los grupos al margen de la ley. La realidad hace ver que desde el Acuerdo de Paz a esta parte, en lugar de debilitarse la demanda de armas por parte de estos, ha estado ocurriendo todo lo contrario. Es que lo que potencia su crecimiento no es solo la necesidad de equipamiento de las organizaciones criminales sino lo lucrativo que alcanza a ser este negocio.

Medir el tamaño de este mercado es una tarea compleja en extremo, pero lo que sí ha sido posible determinar por parte de investigadores, instituciones de vigilancia y los entes multilaterales es el lugar de proveniencia inmediata y cómo transitan hacia Colombia los pertrechos bélicos ilegales. Una idea del tamaño de este tráfico lo aporta el número de armas decomisadas, las que llegan a más de 43.000, entre 2019 y 2020. Pero en lo corrido de 2021 ya han sido incautadas por encima de 5.000. Las armas han avanzado igualmente en sofisticación: hoy han sido incautados fusiles con miras telescópicas, visión nocturna, silenciadores, mástiles y hasta controles de temperatura.

En el año 2019 ya el coronel José John Marulanda aseguraba que el mayor porcentaje de armas ilegales ingresaba por las regiones del Urabá y el Darién, por vía acuática y aérea, y en segundo lugar, por las regiones del Pacífico: Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño, provenientes de Ecuador. De otros países como Estados Unidos y países de Europa y Asia, al igual que de Panamá y Centroamérica, ingresaban armas por la frontera con Brasil y Venezuela.

Rusia, Rumania y China han estado ocupando recientemente el espacio de los proveedores tradicionales, debido a la vigilancia de las autoridades estadounidenses sobre el comercio mundial. También Tailandia, Bielorrusia o Jordania, donde existe un potente mercado negro de estos artículos, han entrado en el juego. Un “mano a mano” de intercambio de drogas por armamento se ha vuelto una forma operativa cada vez más utilizada porque no deja rastro. Esta es la razón por la cual las fronteras terrestres se han puesto a valer en el tráfico de ambos tipos de mercancías ilegales: el tránsito fronterizo es menos riesgoso, sobre todo si las autoridades de uno de los dos lados facilitan o participan de las transacciones.

Un documento de inteligencia rescatado por la revista Semana ilustra que el ELN, distintos frentes de las disidencias de las FARC, el Clan del Golfo , Los Caparros y Los Pelusos están actualizando su arsenal de guerra a través de 20 rutas, muchas de las cuales son trochas fronterizas con Brasil, Ecuador , Perú y Panamá. Al menos seis están en la línea divisoria con Venezuela.

Cada organización guerrillera cuenta con su unidad especializada de comercio de armas y uniformes. Se conoce que en la frontera con Venezuela se han encontrado fusiles israelíes y se sabe que allí actúan en esas operaciones tanto las disidencias de Gentil Duarte como las de Iván Márquez, cuya relación con Miraflores es innegable. El control territorial de este mercado es seguramente una pieza clave de la violencia entre grupos criminales que ha sido la protagonista en Apure en estas últimas semanas.

Lo que salta a la vista es que toda la logística involucrada en el tránsito de armas desde su llegada al país proveedor de Colombia es compleja y envuelve no solo la localización y compra de las armas de todo origen, sino la utilización, dentro de Venezuela, en este caso, de rutas aéreas, terrestres, fluviales y marítimas, hasta su llegada al punto cercano a la frontera, donde se pagan las armas o se efectúa el trueque con pasta de coca. Todo ello requiere de mucha destreza y de mucha complicidad en el desarrollo de las operaciones. Cuánto de toda esta vasta organización ha sido investigado por nuestras autoridades es algo imposible de determinar.

Pero es algo que debería mantener en alerta no solo a los colombianos.


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