La gran peste de Londres, que duró de 1665 a 1666, fue la última gran epidemia de peste bubónica en Inglaterra. Dicha epidemia mató a cerca de 100.000 personas, casi una cuarta parte de la población de Londres, en 18 meses (al momento de actualizar este artículo, 27 de junio de 2020, se reportan 43.414 muertes por covid-19 en Reino Unido). Algunas referencias ubican su origen en barcos llegados a Londres procedentes de Holanda, donde la peste había estado causando daño a menor escala durante algunos años. El origen de la plaga, denominada peste bubónica, se debía a las ratas, que a su vez transportaban pulgas afectadas por una bacteria llamada Yersinia pestis. El hacinamiento de la población y las condiciones de insalubridad de los barrios portuarios fueron dos elementos claves para que la epidemia se expandiese sin control por toda la ciudad.

Por esa época vivieron los creadores del cálculo infinitesimal: Isaac Newton y Gottfried Leibniz. Según Michael Starbird, de la Universidad de Texas en Austin, matemático y con PhD en matemáticas en la Universidad de Wisconsin-Madison, el cálculo fue un desarrollo incremental en el que, por ejemplo, hubo aportes del maestro de Newton de nombre Isaac Barrow. Según Newton mismo, las ideas básicas las concibió hacia la mitad de los 1660, concretamente entre 1664 y 1666, precisamente durante la epidemia de peste bubónica. Sin embargo, no las escribió sino entre 1669 y 1676 y no fueron publicadas inmediatamente sino hasta 1704 una, otra en 1711 y otra en 1736.

Por su parte, Gottfried Leibniz, inventó el cálculo de manera independiente, en algún momento a mediados de la década de 1670. Pensó en sus bases en 1674 y luego publicó las ideas en 1684, 10 años después. Su trabajo sobre el cálculo se tituló “Un nuevo método para máximos y mínimos, así como tangentes, que no está obstaculizado por cantidades fraccionales o irracionales”, tenía seis páginas y era extremadamente oscuro y difícil de entender.

El caso es que desde hace unos 355 años, el cálculo de Newton y Leibniz está entre nosotros y también, desde hace un buen tiempo, ha estado presente en las escuelas de negocios y frecuentemente surge la pregunta: ¿Resulta de utilidad enseñarlo en esas instituciones?

De acuerdo con el estudio de Dong-gook Kim, Fernando Garcia e Ishita Dey (“Calculus and success in a business school”, Research in Higher Education Journal, Vol. 17, september 2012) hay una relación positiva entre la nota obtenida (rendimiento) en la materia Cálculo del ciclo básico y las notas en las materias de negocios que se ven posteriormente en el ciclo de especialización. Es decir, cuanto mejores sean las calificaciones en Cálculo, mejores serán las notas en las materias del ciclo de especialización y viceversa.

Según  los mencionados autores, su trabajo tiene al menos dos implicaciones. La primera es que dada la alta correlación entre las notas en Cálculo y el desempeño en las materias del ciclo de especialización, el hallazgo permite a los instructores enfocar esfuerzos para ayudar a aquellos estudiantes, con bajas notas en Cálculo, a mejorar su desempeño actual y posterior. En segundo lugar y a pesar de que muchos estudiantes estiman que, independientemente de sus bajas notas en Cálculo, pueden desempeñarse bien en el ciclo de especialización (tal es el caso, por ejemplo, de los estudiantes en una especialización de mercadeo), tal estimación no es compatible con el estudio mencionado.

Lo anterior sugiere que aunque las materias en el ciclo de especialización respectivo pueden no requerir el uso de conceptos de cálculo, el pensamiento analítico que los estudiantes desarrollan en un curso de Cálculo puede influir positivamente en la competencia en áreas aparentemente no relacionadas. Además, si dicha relación se extrapola, se puede llegar a la conclusión de que los estudiantes que no pueden aprobar Cálculo, incluso después de varios intentos, pueden tener muy mal desempeño en el ciclo de especialización respectivo.

El punto central del tema es que la destreza analítica adquirida en un área cuantitativa puede mejorar el rendimiento general, posteriormente, en el ciclo de especialización: tal es la importancia de Newton y Leibniz en las escuelas de negocios.

Ahora bien, yendo más allá de la conclusión, se abre toda una perspectiva interesante. A modo de ilustración, se podría prescindir del Cálculo como generador de destrezas analíticas y sustituirlo con, por ejemplo, materias específicas que adiestren el pensamiento  analítico. El tema es importante porque el Foro Económico Mundial, en su “The Future of Jobs 2018”, afirma que el pensamiento analítico será la habilidad de mayor crecimiento en 2022. Cuando consideramos cómo los humanos y la Inteligencia Artificial trabajarán cada vez más juntos, el pensamiento analítico será vital para liberar todo el poder de esta colaboración.


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