Cuando se habla de Venezuela, Irán, Hezbolá, islamismo, es fácil caer en simplificaciones y estigmatización de los árabes y los musulmanes. Hoy, día culminante de la Navidad cristiana, es propicio para hablar brevemente del asunto. Con más de 2.000 años de antigüedad, la refinada cultura árabe ha aportado a la humanidad filosofía, política, ciencia, arte en todas sus formas, gastronomía, entre otras sapiencias. El prolongado grito llanero y el corto del vallenato no son originarios de estas tierras. Ni el café, el azúcar, la alcabala, la guitarra o la almohada. Estos conceptos y vocablos, y muchos más, nos llegaron vía El-Andaluz, Andalucía, el gran Califato que la locura de Isis (DAESH) quiere recuperar a punto de decapitaciones. Hoy, las terceras y cuartas generaciones de musulmanes emigrados a Europa no se convirtieron y, por el contrario, han establecido zonas islámicas de exclusión en las principales capitales europeas. En Francia hay aproximadamente 750 de estas “autonomías” urbanas en donde la sharia reemplaza la ley oficial del Estado y en París la app No-Go Zone alerta especialmente a mujeres sobre los riesgos de entrar a una estas vecindades y terminar violadas.

El caso de América Latina es diferente. Baluarte del cristianismo, algunos centros de estudios como el Pew Research Center proyectan para esta región, hacia 2050, más de 650 millones de cristianos y en el mejor de los casos alrededor de 1% de musulmanes. El número de mezquitas es más o menos similar en Venezuela y Colombia, entre 13 y 16, y Maicao, punto crítico de la frontera, tiene el tercero más grande esos templos después de los de Brasil y Argentina. Caracas tiene la suya, en la parroquia Candelaria, con el minarete más alto del hemisferio occidental y con una vistosa valla de una hermosa venezolana ligera de ropas en uno de sus costados. Con el respeto a la libertad de cultos que es corriente entre nosotros y que imponen nuestras leyes, la mayoría cristiana latinoamericana no tiene ningún inconveniente en convivir pacíficamente con las comunidades musulmanas.

Este panorama de avenencia religiosa sufrió un grave daño cuando en noviembre de 2009, en una de las frecuentes visitas a Caracas del entonces presidente iraní, su apasionado amante político Hugo Chávez, con su entusiasmante palabrería, pronunció la sentencia que nos tiene hablando con preocupación del islamismo y de Irán. El teniente coronel dijo: «Estamos aquí para darte la bienvenida a ti, hermano Mahmud Ahmadinejad (…) Cristo y Mahoma nos alumbran el camino para derrotar las amenazas del imperio”. Cristo y Mahoma alumbran el camino contra el imperio:  tropicalización del manual marxista leninista para el manejo del poder utilizando la religión. El visitante, presidente de una teocracia chiita revolucionaria, contestó dando gracias a los dioses por estar “(…) con un hermano que está resistiendo como una montaña ante las agresiones del imperialismo y el colonialismo». Esta perversión religioso-ideológica justificó al gobierno chavista para acoger y proteger a terroristas de Hezbolá, contemplar la compra de misiles ofensivos a Irán mientras Ahmadinejad, que ironía, anda quejándose de la entrega de Irán al imperio chino.

Como en toda religión, los musulmanes desarrollan su espíritu misionero. Reclutan jóvenes de todos los países de la región que se reúnen en la Universidad Al-Mustafá para aprender teología, gnosis, revolución islámica, Corán, lenguaje y otros menesteres administrativos. Se han registrado tres proyectos para crear “califatos” en La Guajira, con los indios wayúu (2011), en Chiapas, México, con los indígenas tzotziles (2014), ambos poco exitosos y en Abancay, Apurímac, Perú, (2015). Allí, un argentino converso, con título de sheik, jeque, alguien que ha logrado “el perfeccionamiento en conocimiento, sabiduría o condición espiritual, un maestro de la religión” según la periodista que lo entrevista, dice que Estados Unidos “hace daños a otros, son gente corrupta, tirana, opresora, asesina, racistas…” y remata con esta perla, “aplicamos la ley del talión…si les matamos 3.000 en las torres, ellos (Estados Unidos) nos pueden matar 3.000 en retaliación, pero no más”. Recuerdo entonces que la teocracia iraní, es el segundo gobierno con el mayor número de ejecuciones, generalmente por ahorcamiento, después de China, en donde los fusilamientos son secreto de Estado, pero se estiman en miles. El actual presidente Rohani, menos radical que Ahmadinejad, ha bajado un poco el perfil de la presencia iraní en Latinoamérica, en donde seis países ya han declarado a Hezbolá una organización terrorista.

Mientras el lamento del almuédano o almuecín flota en el pesado calor de Maicao al medio día, llamando a una de las cinco oraciones diarias, un colombiano converso y estudiado en Qom, Irán, declara que “el islam es paz”. En árabe la palabra paz tiene 50 sinónimos, aproximadamente y la palabra león unas 500.

Para mis lectores y mis amigos musulmanes de Argentina, Brasil México y Colombia, una Navidad en paz y con el abrigo de los seres queridos. Solo nos queda mantener viva la esperanza de una Latinoamérica mejor.


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