Esos magníficos templos de la memoria que son los museos y los espacios exploratorios del arte que son las galerías, hoy se encuentran vacíos a causa de la distopia que nos ha tocado vivir. Un enemigo invisible ha paralizado al planeta y no sabemos cuándo retornaremos a la normalidad. Por primera vez sentimos que la ausencia de multitudes deja un vacío atronador. Sin las miradas de los 9 millones de visitantes que el año pasado recibió el Museo de Louvre, La Mona Lisa, la Venus de Milo, la Victoria de Samotracia, la Coronación de Napoleón, entre otras 35.000 obras, hoy se encuentran desoladas. Otros espacios expositivos no se quedan atrás, el Musée d’Orsay acogió a 1.584.026 visitantes y el Centro Pompidou a 1.038.832, mientras que la exposición Leonardo Da Vinci, clausurada en febrero de este año, justo al inicio de la pandemia, recibió las visitas de más de 1 millón de personas. Los 3.353.685 visitantes del Museo del Prado en Madrid o los 50 millones de personas que acogió el conjunto de museos de Italia, solo por mencionar algunos museos emblemáticos, hablan de la sed de belleza de millones de individuos y su ausencia en esos recintos. ¿Cuándo regresarán a colmar sus salas? El no saberlo engendra incertidumbre e inquietud en el mundo del arte.

Serge Lasvignes, presidente del Centre Pompidou, anuncia que la institución dejará de percibir por venta de entradas alrededor de 1,2 millones de euros mensuales y cerca de 600.000 euros en venta de libros, mercadería y otros servicios, manifestando su preocupación por el tiempo que pueda durar la ausencia de visitantes (QDA, 10.04.2020).

En Estados Unidos, la intranquilidad va en aumento junto con la expansión de la epidemia. Según el JP Morgan Chase, el PIB real del país caerá 25% en el segundo trimestre. Las pérdidas en el medio cultural se calculan en más de 50.000 millones. La presidenta y directora ejecutiva de la American Alliance of Museums, Laura L. Lott, ha expresado que los museos de Estados Unidos pierden al día 33 millones de dólares. Por citar un ejemplo, en la ciudad de Nueva York, que atrae al año a 65 millones de visitantes, el MoMA dejará de percibir 30 millones de dólares por la venta de entradas.  El Museo del Prado, en Madrid, en un trimestre de inactividad puede perder más de 5 millones de euros en boletería. Según los entendidos, los museos dejarán de ser destinos turísticos en lo que resta del año.

Las galerías

El mercado global del arte facturó 67.700 millones de dólares en 2019. Sobre esto último cabe decir que solo en ese año se vendieron 71.400 obras de arte moderno y contemporáneo entre subastas y galerías. En relación con estas últimas, según Artprice, el producto mundial de ventas en este primer trimestre ha caído en 38% con relación al mismo período en 2019. De allí que un tercio de las galerías francesas se declarará en quiebra, según los datos publicados este mes por el CPGA (Comité Profesional de Galerías de Arte), al verse obligadas a parar sus actividades en el segundo semestre de 2020. De aquí a finales del año, salvo las galerías internacionales y las bien posicionadas, decenas de ellas dejarán de existir en las más importantes capitales del mundo, a causa de esta crisis global.

Arte online

El reciente informe de Art Basel y UBS sobre los resultados del Mercado Global de Arte 2019 muestra que el cambio al mercadeo en las redes ya estaba en curso, solo basta analizar que el monto de las ventas de arte online a nivel global fue de 5.000 millones de dólares, pero ahora, debido al confinamiento indefinido y las consabidas  incertidumbres, el arte en el mercado digital cobra un nuevo impulso. Si hasta 2019, 45% de las ventas anuales de arte se sustentaban en eventos en vivo como ferias y exposiciones, así como la febril actividad de los marchand d’art, en la nueva era de distanciación social, la carrera hacia las ventas online se acelera cada día, con una diversificación en la oferta a través de exhibiciones en innovadoras plataformas digitales para subir a la red exposiciones, subastas y ventas.

Resulta interesante tener en cuenta que en 2019, las casas de subastas con ventas inferiores a 1 millón de dólares realizaron 23% de sus ventas online y 4% de ventas superiores a 10 millones de dólares. El dato más interesante es que las galerías preferidas por los coleccionistas millennials se encuentran en plataformas web, convirtiéndose en los usuarios más habituales: 92% de ellos compró online; 36% pagó más de 50.000 dólares por una obra de arte u objeto en línea, incluido 9% que adquirió más de 1 millón de dólares en obras.

Facebook, Instagram y otras redes sociales han aumentado exponencialmente la oferta de obras de arte, tal es la magnitud de la tendencia que Lucy Mitchell-Innes, de la New York’s Mitchell-Innes & Nash, se pregunta si van a seguir necesitando alquilar o adquirir locales para galerías, con la inversión y gastos que eso implica. Por otra parte, expresa su confianza en la recuperación del mercado, pero también aconseja una visión a largo plazo: “Podría ser el momento de repensar no solo nuestro papel como galería, sino incluso de preguntarnos ¿qué es una galería? ¿Tu espacio es tu galería? ¿O es tu programa tu galería? Una galería es una visión, una historia, un grupo de personas que se unen en torno a ideas comunes. Si tenemos eso, podemos encontrar un camino a seguir”. (Brian Boucher, “Galleries’ digital transformation accelerates”, The Art Basel and UBS Global Art Market Report).

¿Habrá un cambio en la experiencia estética?

Según Adolfo Vásquez Roca, en las sociedades informatizadas y globalizadas “el museo ha sido desplazado en su rol hegemónico de administrador del régimen de visibilidad de una cultura”. Para el filósofo, “la nueva comunidad virtual, sin centro ni periferia, ha creado nuevas formas de transferencia de conocimiento y tránsito de imágenes”, en fractura con el discurso único de “la verdad del arte” que precisamente el museo tradicional trata de preservar” (“Estética de la virtualidad y deconstrucción del museo como proyecto ilustrado”, Revista Nómadas, No 28, 2008).

Si bien el Louvre ha aumentado en 400.000 las visitas por Internet, manteniendo su visibilidad y función social a sabiendas de que sus pérdidas se elevarán a 80%, entendidos como Serge Lasvignes (Centre Pompidou) expresan que las alternativas digitales no son suficientes: “El museo es un lugar de contacto, reunión e intercambio: no es una base de datos. Todos intentamos tranquilizarnos, pero nada reemplaza lo que es el museo en esencia” (QDA). En todo caso, estamos presenciando un cambio de paradigmas en la manera que hasta hoy hemos empleado para ver y apreciar el arte, preguntándonos si esta distopia cambiará la experiencia estética que comparten los amantes del arte. Museos y galerías, exponentes imprescindibles del proyecto cultural de una sociedad y del posicionamiento de un país, tendrán que buscar nuevas formas de adaptación para sobrevivir a esta crisis, mientras dure el distanciamiento social y podamos volver a encontrarnos al calor de un vernissage o en el recogimiento de una sala en algún museo, conmovidos por la belleza o el ingenio de una obra.

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