El presidente polaco, Andrzej Duda, convocó elecciones legislativas para el próximo 15 de octubre / Foto EFE

En Polonia se celebran unas elecciones el 15 de octubre que son de una importancia capital para Europa.

Por política, por seguridad internacional y defensa en este país vecino de Ucrania y Bielorrusia que invierte ya un 4 % de su PIB en defensa y lidera un renacimiento de la conciencia de defensa nacional que se extiende desde Escandinavia por toda Mitteleuropa hasta los Balcanes.

Pero también porque va a plasmar por primera vez los efectos de un fenómeno ideológico que tendrá colosal impacto en junio próximo en las elecciones europeas, y que puede cambiar el destino del continente y frenar radicalmente la deriva de la Unión Europea hacia un espacio socialista, centralista, antinacional, autoritario y con cada vez menos derechos y libertades.

Polonia se ha convertido en poco más de una década en uno de los mayores ejemplos de éxito en su crecimiento, desarrollo económico y prosperidad. Y también en estabilidad y cohesión social, pese a toda la polarización política interna y las convulsiones políticas y bélicas externas vecinas.

Revolución conservadora

Además, se ha convertido en un líder en la revolución conservadora que se extiende por todo el continente y más allá.

Además de su éxito económico, cultural, de paz social y seguridad interna, la importancia de Polonia se ha disparado porque ha pasado a ser fuerza decisiva en la defensa occidental, dados los corrimientos de peso estratégico.

Estos habían comenzado ya mucho antes de la guerra que ha desencadenado la invasión criminal rusa en Ucrania, pero se han acelerado con la misma.

Polonia ha sustituido ya a Alemania como principal aliado de Estados Unidos en el continente. Y Polonia es el líder natural de un nuevo eje de naciones que eclipsa definitivamente al decadente y degradado eje franco-alemán dentro de la UE.

En Europa van a pasar muchas cosas en poco tiempo. Pero lo que no va a volver nunca es el poder no cuestionado del directorio de Berlín-París que durante décadas ha impuesto con sus títeres en la Comisión Europea su agenda y sus intereses políticos, económicos, comerciales e ideológicos y en las pasadas dos décadas en total desprecio a los intereses de los demás miembros de la UE.

Esto se debe en gran parte a que Alemania se automutila trágicamente en su delirio del idealismo alemán en batalla con el dragón eco-climático. Y no deja de infligirse daño como lo hacen otros países en esa estela ideológica, entre ellos por desgracia muy destacada España.

Francia con su Estado en parálisis irreformable y la bomba multirracial ya con la mecha encendida solo puede albergar alguna esperanza con una presidencia y un gobierno radicalmente distinto. De líderes que no tengan miedo a soluciones traumáticas para intentar impedir la catástrofe social, cultural y de seguridad que se cierne sobre ellos, nuestro vecino.

Pero dejemos el eje hegemónico agonizante si no finiquitado de galos y teutones y volvamos a las elecciones de Polonia.

Muchos lectores no serán conscientes de que los partidos que se disputan el gobierno están ambos oficialmente a la derecha del centro.

El que gobierna es el partido Ley y Justicia (PiS) y el principal de la oposición la Plataforma Cívica (OP), el primero está integrado en el Europarlamento en el Grupo de Conservadores y Reformistas (ECR) con Vox.

El de la oposición, OP está integrado en el Partido Popular Europeo (EPP) con el PP. La izquierda en Polonia, con apenas un 10 % no juega otro papel que ayudar al PP polaco a intentar desbancar al PiS, partido hermano de Vox, que ha gobernado con mucho éxito económico y espera renovar mandato.

Y es aquí donde está la inmensa importancia política de las elecciones en Polonia. Porque es el primer país donde se va a dirimir el colosal dilema al que se enfrenta por primera vez y existencialmente todo el centroderecha –definido por la democracia cristiana y liberales– que ha gobernado en Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Gran coalición

Ese dilema se echa encima de todos los partidos de centroderecha que están hoy en el Partido Popular Europeo y que han gobernado la UE en lo que ha sido una gran coalición de facto con el Grupo Socialista.

Estas dos fuerzas dominaban masivamente el Europarlamento votaban juntas leyes, directivas, reglamentos previamente acordados entre ellos y normalmente sin mucho problema apoyados después por el grupo de liberales, Verdes y comunistas, todos ellos partes del consenso que ha marcado la evolución de la UE hacia un progresismo hostil a las soberanías nacionales y cada vez más volcado en la ingeniería social cautiva del ecologismo radical, la alarma climática, la Agenda 2030 y los enemigos del crecimiento.

Únicos marginados eran los partidos de la derecha, habitualmente tachados de ultraderecha, sin relevancia y siempre ignorados y fuera de los acuerdos.

Esos tiempos se están acabando. En las elecciones polacas ya está la decisión tomada. El centroderecha del PP ya no existe en Polonia.

El partido de Donald Tusk, OP, es partidario de todos y cada uno de los puntos de transformación cultural y social del progresismo que propugna la izquierda. Su diferencia con los socialistas ya casi se limita a su procedencia.

El partido miembro del PPE en Varsovia tiene un programa a imagen de un Esteban González Pons que presume de votar siempre con los socialistas todos.

El progresismo y subcultura woke que no vota a los socialistas, no por discrepancias programáticas, sino porque proceden del régimen comunista, vota al PP de Tusk, Plataforma Cívica.

Frente a ellos está el PiS, aliado de Vox en el ECR que defiende una Europa de naciones soberanas, defensa de la familia, de las fronteras, de la agricultura, pesca y ganadería, de los valores tradicionales y contrarios radicalmente a la Agenda2030 y la ingeniería social.

Batalla de trincheras

Las próximas elecciones europeas será una larga batalla de trincheras.

En una estarán los defensores de la política del Pacto Verde y Agenda 2030, de acabar con el sector primario en Europa, de construir todas las casas europeas en el futuro según un patrón homogeneizado, castigar la movilidad de la ciudadanía por considerarla perjudicial para el medio ambiente, imponer medidas coercitivas masivas a todo lo que se considere de alguna forma lesivo para el clima.

Bajo el lema de «Menos libertad, para salvar al Planeta». Allí se juntarán socialistas y comunistas, verdes y progre-liberalios pero también parte del PP europeo como GPons o Semper de España, muchos progres del PPE de diversos países y por supuesto el partido de Tusk.

En la otra estarán Vox y el PiS y todos los partidos del ECR, pero también los de Identidad y Democracia, con más o menos diferencias con el ECR pero siempre en la misma posición en lo que respecta a frenar la deriva de la UE hacia un megaestado centralista, injerencista, socialista, antinacional y autoritario.

Bajo el lema de «Libertad, creatividad, emprendimiento, confianza en el ser humano». Todos los partidos de los dos grupos conservadores y nacionales van a crecer, según los sondeos mientras los dos grandes grupos tradicionales, el PP y los Socialistas, van a seguir perdiendo escaños.

Al grupo de las fuerzas nacionales (ECR+ID) se unirán fuerzas que estaban o están en el PP porque se niegan a adherirse a la política izquierdista del fanatismo eco-climático y al permanente recorte de derechos y libertades.

Al partido húngaro de Orban puede unirse el partido esloveno de Jansa y otros que están en el PPE pero tienen un electorado ya definitivamente revuelto contra las medidas de la UE que sistemáticamente empobrecen, hacen daño y humillan a los ciudadanos europeos.

Que imponen brutales restricciones y condenas a sectores, gremios y regiones y todo en aras de mejorar el medio ambiente cuando todos son conscientes de que es radical e inasumible la desproporción entre supuestos beneficios al medio ambiente de ciertas medidas y los terribles efectos que tienen sobre la ciudadanía.

Mientras el resto de los continentes compiten, producen y se desarrollan sin imponerse a sí mismos delirantes medidas autopunitivas.

Protección del medio ambiente sí, suicidio en aras del mismo, no. El PPE vota ya dividido en todas las cuestiones de alarma climática, ingeniería social y batalla cultural.

En el PP español en Bruselas se ve esa división, pero también en la CDU y en otros partidos de centroderecha europea.

El PP español ha estado votando durante cuatro años todas las medidas en favor de la Agenda 2030, y votó en contra de la Ley de Restauración de la Naturaleza sin duda porque era en fechas preelectorales.

Y antes de las elecciones no quería apoyar algo que VOX denuncia con consistencia desde el principio de la legislatura. Se resquebraja todo el partido europeo de la centroderecha (PPE) porque el dilema ideológico les impone implacablemente ya una definición en cuestiones capitales.

Al PP español le pasará como a los demás. Puede decidirse a defender la Agenda2030 y el plan de la UE hacia el centralismo socialista.

Pero entonces ya estará definitivamente en la izquierda como lo está el PP polaco. Y habrá dejado como única fuerza en la revolución conservadora que está en marcha a VOX, como en Polonia solo PiS representa esa derecha nacional, firme y moderada, serena, pero sin dar un paso atrás en sus principios.

Parte de los partidos hoy miembros del PP seguirán a muchos de sus votantes a las posiciones de defensa de la Europa de valores cristianos y de tradiciones, de las naciones soberanas que cooperan entre ellas en régimen de libertad y voluntariedad, es decir del ECR y de ID.

De rechazo a un gobierno europeo que imponga castigos y premios por criterios ideológicos. Que defienda nuestra forma de vida, proteja nuestras fronteras, expulse a los criminales que llegaron y castigue a los de aquí. Que defienda el carácter sagrado del ser humano.

En Polonia en octubre como en toda Europa en junio el votante tendrá dos posiciones que son la derecha del sentido común, la libertad y la seguridad, la economía de emprendimiento y de ideas y enfrente la izquierda con su igualitarismo, su fiscalización total, su recorte de libertades y derechos con pretexto de la salvación del planeta y controles, muchos controles. El PP tiene todos estos meses para elegir en cuál de los dos estar. No hay tercera opción.

Artículo publicado en el diario El Debate de España


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