En general, hay cuatro condiciones diferentes bajo las cuales tomamos decisiones. La primera condición es en certidumbre, lo cual significa que las alternativas disponibles para tomar una decisión, así como sus costos, beneficios y resultados, se conocen y son ciertos, sin duda alguna.

La segunda condición es en riesgo. Aquí las alternativas disponibles para tomar una decisión, así como sus costos y beneficios se conocen. Sin embargo, los resultados de la decisión no vienen revestidos de certidumbre, sino más bien de duda. La duda es asociada a una probabilidad de ocurrencia. Un ejemplo clásico de esta condición es el lanzamiento de un dado: se conocen las alternativas (1 al 6), pero el resultado al lanzarlo es desconocido. Sin embargo, hay una probabilidad de 1/6 (16,67%) de que salga cualquier número de los 6 posibles. En esta condición, la probabilidad puede ser calculada objetivamente, utilizando técnicas cuantitativas, o bien pueden ser utilizadas probabilidades subjetivas, basadas en juicios personales derivados de la intuición o la experiencia.

La tercera condición es en incertidumbre. Aquí, si bien se conocen las alternativas, no se conocen las probabilidades de ocurrencia de los posibles resultados. En la bibliografía hay quienes afirman que este es el marco decisorio más difícil.

Ahora bien, hay todavía una cuarta condición: en ignorancia. En esta condición no se conocen ni las alternativas y mucho menos las probabilidades de ocurrencia de los resultados. Las decisiones tomadas en condición de ignorancia son la aventura extrema.

En mi artículo del pasado 18 de enero de 2019, titulado «¿Se fueron bien?”, crucé la data operacional sobre migrantes venezolanos al 31 de octubre de 2018, obtenida de Acnur, con los Indicadores de Buen Gobierno del Banco Mundial correspondientes al año 2017, para ese momento los más recientes publicados.

Me interesaba saber si nuestros refugiados y migrantes habían tomado una buena decisión al seleccionar un determinado país como destino final. Así obtuve que 67% se había ido a países cuyo promedio de indicadores de buen gobierno viene mejorando (pendiente positiva). Sin embargo, el restante 33%, por el contrario, se fue a países en donde tal promedio viene desmejorando.

En esta oportunidad he cruzado la data actualizada de Acnur para junio de 2019 con el Índice del Buen País (The Good Country Index, 2018, versión 1.3, goodcountry.org).

Primero, tengo que decirles que un buen país es aquel que con sus políticas y comportamiento contribuye con el bienestar del planeta y con el de la raza humana. El índice no hace juicios morales sobre los países. Un buen país es algo mucho más simple: es un país que contribuye al bien mayor de la humanidad.

La versión mencionada (2018, versión 1.3) lista 153 países y los 3 primeros son Finlandia, Holanda e Irlanda, mientras que los 3 últimos son Mauritania, Libia e Irak. En tal índice, Venezuela ocupa el puesto  137 y tiene como vecinos a países como Nigeria, Antigua y Barbuda, Santa Lucía, y San Vicente y Las Granadinas.

Por un lado, y dado que son 153 países, el punto medio del índice es el puesto 77. Por otro lado, la información de Acnur de junio de 2019  lista 17 países latinoamericanos: Colombia, Perú, Chile, Ecuador, Brasil, Argentina, Panamá, Trinidad y Tobago, México, Guyana, República Dominicana, Costa Rica, Uruguay, Bolivia, Paraguay, Aruba y Curazao, a los cuales habían emigrado hasta junio 2019, un total de 3.238.200 venezolanos (en la actualidad, y según el mismo Acnur, son 4.296.777 venezolanos refugiados y migrantes en todo el mundo).

Separé los anteriores 17 países en aquellos que estaban por encima del puesto 77 en el Índice del Buen País y aquellos que estaban por debajo. Aruba y Curazao no figuran en dicho índice, pero afortunadamente para ellos y para el análisis, solo tienen apenas 1,30% de la población venezolana migrada.

Pues bien, 59,44% de los venezolanos refugiados y migrados para junio de 2019 se fue a naciones cuyo Índice de Buen País está por encima del puesto 77, entre paréntesis el puesto ocupado en dicho índice: Costa Rica (34), Chile (35), Uruguay (49), Colombia (64), Brasil (72), Panamá (73) y México (74). El otro 39,27% de venezolanos se ubicó en países con un ranking por debajo del puesto 77: Perú (79), Argentina (81), Ecuador (83), Bolivia (101), Paraguay (107), República Dominicana (113), Guyana (117), y Trinidad y Tobago (122).

¿Qué conclusiones son posibles de estos análisis?

El hecho de que tan solo 9,69% migró a Costa Rica y a Chile, y el hecho de que 40,15% migró a Colombia, sugiere que además del elemento de proximidad física, lingüística y cultural, la decisión de migrar de un gran porcentaje de venezolanos se materializó en condiciones de ignorancia.

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