Josefina se levanta temprano, antes de que los gallos canten. El tiempo no pasa en vano, con los años duerme cada vez menos. Después de las 4:00 de la mañana no hay manera de que permanezca atada a la cama. Su rutina comienza temprano y no es para menos, tiene dos pericos, tres loros, un gato y cuatro perros que suelen levantarse con ella. Josefina encontró en los animales refugio y compañía, cuando su única hija tuvo que irse del país buscando mejores oportunidades. Lamentablemente, no le ha ido como esperaba en Colombia, aunque ayuda a su mamá, las cosas no han ido bien, particularmente desde el inicio de la cuarentena.

Pero si de ir mal se trata, Josefina tiene un posgrado. Su jornada comienza encendiendo el fogón, desde hace meses en el pueblo donde vive Josefina no se sabe lo qué es cocinar con gas. En su patio, su bombona vacía espera que el camión del gas venga por ella, eso sí, bien asegurada con una cadena y un candado para que no se la roben. Lo que sí parece que se robaron, fueron más de sesenta bombonas que en marzo recogió en todo el pueblo un camión de Pdvsa Gas, entre ellas una de Josefina. Nunca volvió ni el camión ni mucho menos las bombonas. Hay quienes dicen que fueron revendidas en el mercado negro, donde se pagan bien caras y no precisamente en bolívares. Varios meses también han pasado desde que Josefina pagó para que vinieran por sus bombonas a los llamados comité CLAP, quienes aparte de controlar quién recibe las famosas cajas, también controlan la distribución del gas doméstico en el pueblo. Ni del gas ni del dinero hay noticias.

Las que sí llegaron luego de tres meses fueron las cajas CLAP, adentro tres sardinas, un aceite, dos kilos de arroz y uno de pasta fue el contenido de esta vez. Tanto ha empeorado la cosa que hay muchos quienes añoran los tiempos cuando hasta leche en polvo traían las cajas, si es que eso se puede llamar leche. El pasado parece haber quedado tan atrás que la mayoría olvida esos tiempos en los que con un sueldo mínimo una familia podía comprar un pote de leche La Campiña semanal. El pueblo de Josefina no solo se detuvo hace años en el tiempo, como el resto de Venezuela, involuciona siglos cada día.

Solo hay que ver el ejemplo del agua, nunca Josefina se había alegrado tanto por el invierno. Con una canal puede agarrar agua de lluvia cuando llueve y llena sus pipotes. Ustedes pensarán que Josefina está loca por alegrarse por eso, pero hasta no hace mucho el pueblo entero dependía de un jagüey donde tenían que ir con tobos a buscar agua para no morir de sed. Eso de agua por tubería es una utopía, por allí no sale ni aire.

Cuando termina de cocinar la comida del día en leña, Josefina ve televisión nacional, pero no para enterarse de lo que pasa en el país. Josefina ha perdido la fe en la política y no porque quiera, simplemente no quiere Ilusionarse otra vez, ilusionarse en que verá a su hija y que su ilusión se desvanezca de nuevo. Ella prefiere ver otra cosa, así sea las telenovelas repetidas que han inundando la pantalla de los canales venezolanos.

La realidad de Josefina es la de millones de venezolanos, quienes hoy no esperan nada de los políticos, pero que no pierden la fe de poder abrazar a los suyos, de recuperar la dignidad, de volver a dormir en paz y soñar con un país que se nos hace cada vez más lejos. De todos depende que este anhelo de país no se nos siga alejando, que nuestras esperanzas no se sigan desvaneciendo. Depende de todos decidir si seguimos luchando, sobre todo si luchamos juntos o divididos. Estoy seguro que Josefina elegiría la primera opción…

@BrianFincheltub


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