Ya llegó la mitad del año. Escribo estas líneas justo en la madrugada del primero de julio, algo extraño quizás, pero quién lo sabe ya, cuando nuestros hábitos de sueño cambiaron drásticamente. Y si bien veníamos en un proceso, ni tan gradual, en el que de una forma u otra nos acostumbrábamos a la cuarentena, al COVID-19, al coronavirus, y quién sabe a cuántas otras cosas, de repente hubo algo así como una gigantesca parada en seco. Bueno así lo veo yo sentado desde mi silla, en mi cuarto, al que convertí en mi pequeño estudio, luego de más de 100 días en el mismo lugar.

Leía que “la incertidumbre pandémica no tiene que significar fatalidad’, mientras escuchaba que “la pandemia nos tiene medio atontados”. En otro lugar decía que este coronavirus nos ha hecho reinventarnos, pero a la vez que nos sentimos medio asfixiados. En fin, ¿qué nos esta pasando? Creo que al llegar a este medio año del 2020 decidimos expresar lo que todos sentimos: un agotamiento generalizado, del cual no sabemos cómo salir. Muchos ya pasan el día en pijamas, otros no se duchan, algunos comen como si no hubiera un mañana, mientras que otros siguen pensando y actuando como si no estuviera pasando nada.

¿La realidad? Nadie la sabe, pero mientras se anuncian nuevos confinamientos, cuarentenas más estrictas y hasta se exige el uso “obligatorio” desde hoy -sí léalo bien, desde hoy casi ya a 4 o 5 meses de cuarentena- de las mascarillas, nos ha dado una especie de depresión generalizada. El lunes regresábamos a la oficina, el martes volvíamos a cuarentena, el jueves comenzaron a flexibilizar la cosa, pero para el sábado los casos explotaron. No sé si les suena conocido o no; ¿será coincidencia o casualidad? De verdad no lo sé, por lo que aquí la pregunta obligatoria sería: ¿debemos, podemos o tenemos que hacer algo?

En otras latitudes estaríamos hablando del Mid-Year Blues, un término más utilizado en los ámbitos académicos cuando con la llegada de enero y del frío invierno, a menudo nos sentimos agotados y luchamos por encontrar la gasolina interna para pasar por la primavera y llegar al verano. Pero es que este año todo se trastocó. Ya nos llegó el verano 2020 y este mid-year-covid-19-blues (por darle algún nombre) nos trae de cabeza. No sabemos si llegaremos cuerdos a agosto y mucho menos a diciembre, pues se nos agotó la energía. Y no fue de repente, aunque así lo parezca pues todo es relativo; se fue acabando poco a poco sin que nosotros, ni nuestra mente ni nuestro organismo nos diéramos cuenta.

No son tiempos fáciles para ninguno sino más bien muy inciertos y dinámicamente cambiantes, por lo que a pesar de todo tenemos que seguir adelante. Se necesita mucha paciencia, pasión, resistencia y compromiso. Algunos dirían que se necesita más resiliencia, pero la discusión sobre esta palabra la dejaremos para otro artículo, pues sé que genera una especie de rechazo: han sido muchos años siendo resilientes. Pero agotados o no, necesitamos cambiar, seguir, continuar. Debemos ser emocionalmente más resistentes, creando una mayor solidez psicológica en nuestra mente, esa que proviene de prepararnos para lo peor; debemos continuar activos, con la decisión intencional de rodearnos de personas que nos animen y alienten; y, sobre todo debemos tomarnos nuestro propio tiempo para recuperarnos del estrés, del cansancio, del agotamiento. Hagamos algo que hayamos querido hacer por algún tiempo, aunque sea desde casa. Y si bien no tenemos la fórmula mágica para conocer el porvenir, lo que nos tiene que mantener en marcha es simplemente hacer algo que nos haga sentir mejor. Esto también pasará.

@LVGarciaG


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