La Real Academia de la Lengua define “cuento chino” como un embuste o mentira disfrazada de artificio. Un uso coloquial de esta expresión en muchos países latinoamericanos da a entender que no es otra cosa que una falacia disimulada, ingeniosa, encajada dentro de una historia fantástica o de dudosa veracidad.

Y es exactamente eso lo que hicieron los funcionarios e Pdvsa que pusieron a rodar la especie de que  una prestigiosa empresa privada china aceptó  apuntalar la abandonada red de refinación de la estatal venezolana para aliviar la escasez de combustible dentro del país.

Hasta le pusieron nombre y apellido a la contratista. Personas con aparente información interna y conocimiento del acuerdo de la petrolera informaron a articulistas con acceso a los  medios que  Wison Engineering Services Co. habría acordado, hace unas semanas, reparar las principales refinerías de Venezuela a cambio de productos petroleros, incluido el diésel. Mero cuento chino.

Estos expertos cayeron en la trampa montada por el propio gobierno  de Nicolás Maduro para hacer creer al mundo que, en efecto, hay quienes si consiguen sortear el bloqueo norteamericano a Pdvsa y están dispuestos a cooperar con ella.

Es bueno recordar que desde hace meses en Washington se han propuesto castigar al régimen venezolano, estrechamente vinculado con crímenes de narcotráfico y de terrorismo que afectan de manera directa a Estados Unidos, además de violador impenitente de derechos humanos, mediante un bloqueo que privaría a Pdvsa de sus ingresos. Lo cierto es que estas sanciones financieras norteamericanas tienen al gobierno de Maduro haciendo malabarismos para reanimar a la abandonada industria de refinación nacional, la que se encuentra en deplorable situación por desinversión, equivocada gerencia y corrupción a cuatro manos.

El caso es que una vez que la falsa noticia salió a recorrer mundo, los propios interesados, es decir Wison Engineering, desde Shanghai, negaron la especie al afirmar que no existe tal contrato de trueque de servicios por hidrocarburos para reparar el complejo de refinación de Paraguaná.

Otro de los propósitos de los generadores de estas “fake news” por parte del cuestionado gobierno venezolano es el de hacer ver a terceros países que Venezuela aún se apoya en China y Rusia para salir del atolladero en que han metido a la economía nacional, lo que está provocando un éxodo masivo de  nacionales hacia terceros países. En pleno proceso de negociación de la salida de Nicolás Maduro del poder, al cual el mundo entero está atento, resulta muy útil mostrar fortaleza a través de supuestas alianzas con estos dos grandes países, que siguen siendo de los pocos en no reconocer al gobierno de Juan Guaidó.

Pues bien, solo parte del cuento es cierto: China sí ha sido un país que ha aceptado, desde hace varios años, cobrar en hidrocarburos los intereses y el repago de la deuda asignada a Venezuela, así como otros servicios. Pero hasta allí. La inquietud de Pekín debe ser grande, así como la de aquellas empresas chinas con intereses en Venezuela, tanto por la correcta finalización de los proyectos en los que se han involucrado, como por el cobro de sus acreencias.

Y como siempre, la prudencia china ha sido proverbial.  Los voceros del gobierno en Pekín no van más lejos que afirmar, en torno a la crisis política venezolana, que las diferencias entre gobierno y oposición deben ser dirimidas entre las partes.

Ni hablar de nuevos proyectos conjuntos ni menos aún saltarse a la torera las medidas sancionatorias de los norteamericanos que mantienen muy vigilante a toda la banca internacional.