La soledad de los centros de votación fue evidente durante toda la jornada

Lo que mal comienza, mal termina. El referéndum consultivo sobre el Esequibo fue un despropósito mayúsculo, respondido con una indiferencia generalizada que expresa la absoluta falta de sintonía del régimen de Maduro y todo su elenco de extraviados con el sentir del pueblo venezolano. Es hora de la retirada señores de Miraflores.

Todo fue una farsa. Someter la soberanía a escrutinio terminó en esa triste y desolada imagen del domingo 3 de diciembre con centros de votación sin gente y dirigentes sin verbo, repitiendo un palabrerío hueco. Solo a un régimen descabellado, que perdió la noción de la realidad, se le ocurre convocar en nombre de la «patria» a una población sometida a décadas de vejaciones, humillada su dignidad y castigada si se atreve a rebelarse.

El 22 de octubre los venezolanos salieron de sus casas a votar cuando el régimen los conminó a no hacerlo. El 3 de diciembre se quedaron en sus casas cuando el régimen los conminó a votar. Dos actos de desobediencia clamorosos. Es la hora de la retirada, señores de Miraflores.

Lo que estaba en juego el 3 de diciembre no era la reclamación del Esequibo. Por dos razones: primera, la reclamación no se decide en una elección sino con argumentos ante la Corte Internacional de Justicia; segunda, el pueblo venezolano quería transmitir -como lo hizo con el desplante de quedarse en casa cuando sonaban las trompetas patrioteras- la profunda desconfianza acumulada hacia un régimen hipócrita, indolente y obsoleto.

La farsa tuvo un par de capítulos adicionales. La cobertura televisiva y la presentación de unos aparentes resultados por parte del Consejo Nacional Electoral.

El canal Globovisión, dócil a los estrafalarios intereses de la cúpula gobernante, descuidó por completo las formas en su apego a la línea propagandística y mostró la desolación en los centros de votación y la total ausencia de alegría y emoción. Parecía teatro del absurdo, pero era la confirmación de que hay gente, más allá de los resortes del poder, que cree que se puede engañar a pesar de la evidencia incontrastable de los hechos.

El señor Elvis Amoroso, nuevo mandamás en el CNE, presentó el domingo en la noche sus primeros resultados de una cita electoral y dio lástima. No dijo cuántos votaron, cuál fue la abstención, no supo ni siquiera explicar por qué se prorrogó la hora de cierre de las mesas de votación cuando era evidente la ausencia de participación.  Ayer, en contra de toda evidencia y sin rubor alguno, dijo que más de 10 millones de electores salieron a votar. Nadie los vio, ni los sintió, ni hubo foto o video de gente votando o esperando votar.

Durante toda la abúlica tarde dominical, el régimen y sus voceros mediáticos a sueldo insistieron en que el proceso era tan fluido y rápido que evitaba la formación de filas de votantes. Por eso no se veía a nadie. Pero, al momento de poner fin a la jornada, la prolongaron porque observaron filas en «varios» centros de votación. En fin, una parodia más de una «revolución» deschavetada.

Es la hora de la retirada, señores de Miraflores. No hay más tiempo ni espacio para las mentiras. Ni para causar más daño a la patria. Deberían atender con suma premura el proceso de negociación política que llevó al Acuerdo de Barbados del pasado 17 de octubre y facilitar la transición política, mediante la realización de elecciones libres y verificables. Bolívar decía “con modo todo se puede”. Y a ustedes les conviene una salida ordenada. Es la hora de la retirada.

 


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