hiperinflación

La semana pasada cerraba mi artículo de opinión, el cual titulé; “En economía falta mucho por hacer” diciendo que el gobierno está atrapado por la realidad económica, que tiene una serie de reglas y procesos que no pueden ser obviados.

Indudablemente son necesarias una serie de medidas adicionales, más allá de las que he venido comentando en distintos artículos, entre las que se encuentran en el ABC de la economía, como son: respetar la propiedad privada y la seguridad jurídica (imprescindibles), así como los incentivos y el apoyo institucional.

Hay experiencias exitosas en Latinoamérica que detuvieron la inflación y la devaluación constante de la moneda. Hace varias décadas, Perú fue azotado por una hiperinflación que pulverizó su moneda. Después de varios experimentos fallidos, se hizo patente la necesidad de recurrir a una estricta disciplina fiscal consistente en no gastar más de lo que ingresa y la bimetalización de la economía; es decir, tanto el sol como el dólar, circulan libremente y sin controles o intromisiones del Estado. El resultado está a la vista, una moneda nacional fuerte y una economía que es capaz de resistir difíciles momentos políticos como los que atraviesa esa nación en estos momentos.

Hagamos la tarea para que, respetando la Constitución, con un equilibrio real de los poderes, despolitizados e independientes podamos generar esa confianza que se requiere para que se pueda producir toda la inversión que requerimos.

Desde Unidad Visión Venezuela tenemos claro que no se trata simplemente de un aumento de salario, toca recuperar los servicios públicos, para poder recuperar la producción, que es la verdadera cura contra la inflación, y que a pesar de haber desacelerado el alza de 686% en 2021 a 305,7% en 2022 -según cifras del Observatorio Venezolano de Finanzas (OVF)- sigue siendo prácticamente el doble a la de todos los países de Suramérica juntos.

Es imposible tener una economía en crecimiento en un país donde el fluido eléctrico no está garantizado. Sin hablar del problema del agua, que es un tema olvidado por los tomadores de decisiones.

Recientemente hemos visto a los docentes salir a las calles a reclamar justas reivindicaciones, aunque hoy en día la masa trabajadora en general está en las mismas condiciones. Es lamentable que producto de un modelo económico fracasado, a pesar de haber entrado al erario público más de 1 billón de dólares en las últimas dos décadas, acabaron con el valor del trabajo.

Sin duda alguna, el gobierno nacional tiene una deuda con los trabajadores que va mucho más allá del salario, como el común siempre lo manifiesta. Recuperar el poder adquisitivo de los venezolanos, y con ello su calidad de vida, pasa por rescatar la seguridad social, es decir, beneficios como el fideicomiso, la caja de ahorros, el HCM, las prestaciones sociales y un conjunto de logros laborales que se disolvieron en medio de todas esas medidas económicas erráticas.

Una medida adicional es la reducción del Estado. Cuando una persona se enferma por sobrepeso, le mandan dieta para quitar toda esa grasa que le impide el movimiento y pone en peligro su salud. El Estado debe deshacerse de empresas que no constituyen parte de su función principal y que terminan siendo un peso sobre las agotadas arcas nacionales.

Socialismo y privatización no son incompatibles. Por el contrario, un Estado menos obeso puede ocuparse mejor de los asuntos sociales y políticos y contar con la recaudación de empresas que en manos privadas generarán ingresos vía impuestos y regalías.

Por ello es que la privatización se convierte en un ingrediente adicional en esta estrategia. Es mentira que las comunicaciones, el hierro y el aluminio, por citar unos ejemplos, son estratégicos para la seguridad de la nación. Esas empresas en manos privadas serían más útiles para sus verdaderos dueños que somos los venezolanos.

En resumen, esta economía no se cura con pañitos calientes, necesita medidas drásticas. Y que no nos vengan con que son medidas neoliberales, son un baño de realidad que debemos darnos si de verdad queremos sacar al país de este atolladero.


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