Como si fuera poco el hecho de que una mujer tenga que parir en la calle porque no consiguió transporte; como si fuera poco la cifra de 24 médicos muertos solo en el Zulia por el covid; como si fuera una nimiedad que Venezuela encabece el ranking de miseria económica de Bloomberg, ahora un derrame de petróleo amenaza la flora y la fauna de uno de los estados más turísticos, Falcón.

Son incontables las plagas, ya pasan de siete. El desastre de Venezuela es de proporciones bíblicas. Sobre todo si se toma en cuenta que el jefe del régimen se hace el sordo cuando se trata de escuchar los verdaderos problemas de los venezolanos.

Se le ocurre que no se está produciendo porque faltan tierras y semillas. Pero no escucha que los agricultores y los ganaderos piden a gritos gasolina para poder sacar lo que recogen de los campos. Es muy fácil hacerse el molesto en cadena nacional como para que la gente crea que está pendiente de resolver el caos.

Ahora que a Venezuela ya no le alcanza el petróleo que produce para subsistir, habría que volver la mirada hacia una de las industrias más golpeadas del país: el turismo. Pero al jefe del régimen tampoco le importa que una laguna de residuos rota de la refinería El Palito esté llenando de petróleo las hermosas costas del Parque Nacional Morrocoy.

Aunque, para ser justos, la destrucción de este parque comenzó mucho antes. Solo bastaba pasear por las poblaciones de Tucacas y Chichiriviche para ver las tremendas construcciones de urbanizaciones. No se trata de progreso, se trata de que unos cuantos enchufados fueron autorizados a hacer negocio en lo que debió ser protegido y preservado.

Por eso no es de extrañar que ahora, cuando las olas de líquido negro y viscoso llegan a las costas falconianas y amenazan la vida de fauna y flora, el régimen también haga de oídos sordos.

No habrá culpables, pero tampoco habrá acciones para contrarrestar la contaminación, con lo que Venezuela seguirá perdiendo activos que pudieron generar suficiente dinero para los ciudadanos y para el país entero.

Los habitantes de la costa falconiana no solo están prácticamente aislados del resto del país por la falta de gasolina, sino que ahora tampoco podrán valerse de la pesca para comer y a largo plazo la industria turística se verá más afectada por esto que por la pandemia.

Es como matar dos pájaros de un solo tiro. La refinería El Palito no deja de reportar incidentes porque está en muy mal estado y no puede producir gasolina. Y además, la industria turística se apaga lentamente. ¿Cuántos desastres más faltan?


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