1. A pesar de todas las fuerzas nacionales e internacionales que se han empleado, el régimen sigue allí. ¿Más débil? ¿Comparado con qué? Sí, está más débil que lo que era en 2019. La voracidad de la crisis económica es mayor; la oferta de gasolina no tiene solución estructural; la presión de Estados Unidos se ha incrementado; la violencia ha tomado el país; el covid-19 es una realidad cuyo verdadero rostro dentro de Venezuela todavía no sabemos; la represión se ha extendido; y las instituciones están peor que nunca. Es un régimen que comparado consigo mismo es más frágil.
  2. Diferente es si se le compara con la oposición política. En este campo el régimen tiene mayor fortaleza relativa y mayor estabilidad, aunque esta sea como la que hay en un pent-house sacudido por un terremoto. La oposición de hoy no es ni la sombra de la de enero de 2019 y se ha debilitado por lo errático del interinato, a ratos comprometido con el fin del régimen –y hasta con la exploración de opciones militares– y a ratos con una negociación que ni sigue ni frena; con unos personajes que no representan a nadie que los autorice y dejando que se cuelen unas imprecisas elecciones.
  3. Hay otra dimensión del régimen que escapa a la disputa interna. El régimen venezolano ha logrado insertarse entre los factores estratégicos mundiales. Uno de sus aportes esenciales ha sido un espacio geográfico –el territorio venezolano– en el cual no solo hay manga ancha para el narcotráfico, el lavado de dinero y santuarios para grupos ilegales, sino que se ha clavado en el corazón del Caribe y en la puerta de América del Sur como centro de promoción de la agitación zurda internacional. Ya no es Cuba –aunque esté por detrás manejando los hilos– sino Venezuela el centro de la desestabilización.
  4. Hay quienes confían en que la crisis económica acabará con el régimen de Maduro y no pareciera, por lo que se observa, que será así, a menos que haya un incidente que dispare la tormenta vinculado a la carestía. De lo contrario, este proceso continuo en el cual hoy hay más hambre que ayer y menos que mañana, puede prolongarse. Este camino está lleno de gente que se desintegra física y moralmente, suicidios, padres que no comen y ven a sus hijos acostarse sin comer. Un día tras otro.
  5. Tampoco la solución vendrá de fuera. Cierto que solos no podemos, pero los de afuera solos tampoco podrán. El régimen de Maduro es una operación internacional que involucra a Cuba, Rusia, China, Irán, Turquía, Nicaragua, así como grupos irregulares que se despliegan en el territorio nacional. Solo una operación internacional que involucre a nuestros principales aliados –Estados Unidos, Colombia y Brasil– podrá enfrentarlos, pero en el itinerario de este proceso libertario tienen que estar una dirección política venezolana y no una comparsa de la voluntad externa. El equipo estratégico de Venezuela debe ser el punto focal de la alianza internacional.

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