“Un hombre sin estudios e un ser incompleto. La instrucción es la felicidad de la vida; y el ignorante, que siempre está próximo a revolverse en el lodo de la corrupción, se precipita luego infaliblemente en las tinieblas de la servidumbre” Simón Bolívar

Ocho años después de haber fallecido el hijo de… Sabaneta, sus prosélitos a cuya cabeza se encuentra Nicolás Maduro, hijo putativo y heredero de la corona, no se exime de rendirle culto a su mentor, quizás en agradecimiento por haber recibido el gordo de la lotería que le hizo acreedor de la candidatura presidencial impuesta a dedo, con la que en elecciones fraudulentas tomó el poder que no quiere soltar hasta la fecha de hoy, sorprendido, sí, más que sorprendido, por haber pasado de ser un simple y modesto chofer de autobús a nada más y nada menos que presidente de la República.

Cada año de la fecha del fallecimiento de Chávez, Maduro y todos los miembros de su entorno realizan ostentosas ceremonias en las que no faltan pintorescos espectáculos en medio de bailes y cuanta faramallera ocurrencia estiman necesaria, para recordarlo en medio de incongruentes consignas como la de “Chávez vive”, a lo que habría que responderles… sí vive, pero jodiendo, porque no hay razón para que el pueblo venezolano siga soportando tanta desidia, negligencia, desempleo, inflación, corrupción narcotráfico y un rosario de males que tiene a quienes habitamos en su suelo, en el más degradante estado de angustia, desesperanza, desazón y miedo por el oscuro panorama que se vive.

Y es que a Maduro parece importarle un bledo lo que está ocurriendo en el país, pues día a día da rienda suelta en sus monsergas discursivas por cadena de televisión de su soberbia, rabia, y permanente disposición de lanzar improperios contra quienes políticamente lo adversan, echándoles la culpa de la tragedia que azota al país, así como de la pandemia, cuyas verdaderas cifras por cierto las oculta, e impide a toda costa que el líder de la oposición, presidente (e) Juan Guaidó, importe las vacunas que ansiosamente espera el pueblo venezolano, con el pretexto del bloqueo del imperialismo norteamericano. Anunció la fabricación en Venezuela de la vacuna cubana Abdala, por cierto, en período de experimentación, exponiendo a los venezolanos, hombres, mujeres, niños y ancianos cuales “conejillos de Indias”.

Luego de ocho años de gestión de Maduro, el país se encuentra en el más deplorable estado de miseria, lo que llevó al Fondo Monetario Internacional a calificarlo hace apenas días, como el más pobre de Suramérica, pese a las inmensas riquezas y recursos de los que dispone. Esto evidencia que es estulto, incapaz y negligente en el manejo de la hacienda pública, amén de su poco o ningún interés en ponerle coto a la inmensa corrupción que impera, gracias a la impunidad que es ley chavista, la cual favorece a los millonarios de cuello rojo, que desfalcaron las arcas del tesoro nacional, cuyas fortunas reposan en bancos europeos, asiáticos y del medio oriente.

Su increíble parecido físico con el fallecido dictador iraquí Haddam Hussein, lo ha transmutado, al extremo incluso de asumir posturas egocéntricas y altaneras, que en muchas ocasiones lo conducen a extremos inauditos como los de retar al imperio de Estados Unidos, a Colombia y Brasil, desde el punto de vista militar. Ello nos recuerda al dictador iraquí cuando desafió a Estados Unidos, no sin antes presumir de que contaba con un inmenso contingente militar que haría polvo a los soldados norteamericanos, y pocos días después Irak fue invadido y la guerra del golfo se convirtió en  una de las hazañas militares de los últimos años, pues acabó con el mito y con Hussein.

El régimen seguirá empeñado en repetir cotidiana y fastidiosamente sus “bondades, pese a que raramente publica estadísticas del devenir del país, pero sin embargo culpa a las sanciones estadounidenses de que desde 2014 el país haya perdido 99% de sus ingresos en divisas, fundamentalmente obtenidas a través del petróleo.

«Entre 2014 y 2019 Venezuela experimentó la más brusca caída de ingresos externos de su historia. Y así lo reconocía Maduro en una rueda de prensa. Pero desde hace bastantes meses la ciudadanía venezolana apenas tiene acceso a la gasolina a pesar de encontrarse el país sobre las mayores reservas de petróleo del mundo. Esta nueva escasez agudiza la falta de múltiples bienes de consumo a los que ya de por sí es difícil acceder. En medio de esta caída libre el régimen anuncia unas elecciones regionales para el cuarto trimestre del presente año en curso, proceso al que la oposición se niega rotundamente y por el contrario exige la realización de las elecciones presidenciales, a las cuales Maduro y Cabello se niegan persistentemente, incluso llegando este último a afirmar, que “con o sin elecciones no entregarán el poder”. ¡ A buen entendedor, pocas palabras bastan !

Maduro continuará repitiendo cotidiana y fastidiosamente las “bondades del socialismo del siglo XXI” –por cierto, fuera de contexto según su mentor Heinz Dieterich, Steffan, distanciado de Chávez desde antes de su fallecimiento y actualmente acérrimo crítico de Maduro, y por eso continuaremos escuchando y leyendo acusaciones de todo cuanto realiza el régimen en perjuicio de sus adversarios de la oposición. Los muertos y miles de detenidos y casi un millar de presos políticos, le han sido achacadas a la oposición y muchos chavistas lo creerán, porque permitieron que les introdujeran en el cerebro, un pendrive cargado con un contagioso virus, el cual felizmente tiene reparación.

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